MARTES, 20 DE OCT.

Apenas una palabra

En ocasiones en la vida sólo es necesaria escuchar una palabra que proviene de misteriosos universos: ¡Adelante!

¡Adelante!

Por Candi

 

Lejanos ecos de antiguas voces. Recuerdos de otoños y de tardes grises; de gorjeos que se hacían silencio y de andar examinando los rostros felices

Algunas flores, un débil sol pasante y misericordioso, y esas dulces moras, que entintaron de risas aquellas largas horas.

Y el amor hecho de sueño y de imposible. Y siempre esa nostalgia que se hacía oración o se volvía letra, pero nunca canción.

Y a veces, ¡tantas veces!, cuando la noche, maligna, arrebataba a la luna y las estrellas y, mezquina, la escondía entre su infinito manto, las perlas contenidas se volvían llanto.

¡Oh y ellos, los vanidosos, esos que vivían en la casa de la roca de la vanidad, nunca supieron (ni sabrán) cuán filosa es y cómo arde la soledad!

Infinito pasillo hecho de esperanza y de pobreza. Musgosas y viejas paredes revocadas por el sueño de un obrero que muy pronto voló y se hizo hornero.

Cuerpo perfecto, admirado, de aquella joven mulata pobre y musculosa ¿Dónde estará su espíritu, dónde ese que fue el templo de su vida, bajo qué loza?

Remotas navidades del viejo y derrumbado vecindario. Cristianos, ateos, vestidos de amor y solidaridad; en ellos había pobreza, pero nunca maldad.

¡Oh, lejanos ecos de antiguas voces y esa, misteriosa, en aquella faltante, que una y otra vez me decía: ¡Adelante, adelante!

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