MIéRCOLES, 21 DE OCT.

Así, sin barreras, al ritmo del temblor de techos y paredes y el estruendo de la bocina resonando en la tierra, así, como se lo ve, entre las casas y habitantes de Villa Banana, a escasos centímetros de los hogares, el gigante ferroviario se desplaza intentando no arrasar con todo a su paso.

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