Caza mortal
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- Jun 30, 2015
La vida es tal si tiene un sentido, de lo contrario es sólo una mera permanencia que puede ser por momentos más o menos sosegada, o más menos turbulenta. Pero tal permanencia, a medida que se va existiendo (o para decirlo en términos humanos “a medida que va pasando el tiempo”) irremisiblemente, deja un saldo negativo, un regusto amargo ¿Por qué? Pues porque lo único que completa al ser humano, que lo satisface, es el sentido que le da a su existencia.
Cuando hablo de sentido, desde luego, estoy aludiendo a un “buen sentido”, a un propósito reconfortante y trascendente. La palabra trascendente adquiere un valor inmenso en este caso, porque hay propósitos buenos, que alegran, que provocan placer, pero que no trascienden, que no “determinan” la felicidad del ser humano.
Por ejemplo: aquel que puede adquirir una mansión lujosa, seguramente habrá consumado un deseo y gozará con su adquisición. Pero tal bien de nada servirá si vive en soledad en el palacio. He dicho “soledad” que no es lo mismo que estar solo, porque la soledad es un sentimiento que puede estar presencia aun en compañía. Bien dijo el recordado actor Robin Williams: “creí que lo peor en la vida era terminar solo. No lo es, lo peor es terminar con alguien que te hace sentir solo”.
De modo tal, y para afinar la idea, que un bien material puede hacernos sentir bien, pero no es determinante para nuestra felicidad. Lo que decide la felicidad del ser humano y de cualquier criatura sobre la faz de la Tierra es aquello que trasciende, lo que va más allá de las cosas visibles y tangibles.
La famosa frase de El Principito (“lo esencial es invisible a los ojos”) no admite dudas. Los animales, nuestros queridos hermanos animales, tienen en muchos casos mucha más sabiduría que lo humanos en este aspecto. Y aunque suene extraña la palabra “sabiduría”, aplicada a los animales y algunos se rían de mi expresión, diré (brevemente, porque el hecho da para largo) que si bien hay un instinto genético, soy de los que creen que hay un instinto que algunos seres captan de un Orden Superior que lo da a todos y generosamente. Los psicólogos y neuro científicos de nuestros días hablan de “inteligencia emocional”.
Bueno, el asunto es que vuelvo a decir que los animales son más sabios que los humanos en cuanto a lo importante en la vida. Ellos, en estado salvaje, cazan para comer, comen para vivir. Satisfecha esta necesidad, se los verá haciendo aquellas cosas que son las importantes: el compartir la vida (tiempo) en grupo, en ocio, jugando, o preparándose de diversas formas para la procreación, etcétera.
No hay más alegría para un perro, hablando ya de animales domésticos, que ver llegar a su amigo humano. Es allí donde mueve la cola y hasta llega a orinarse de alegría si la ausencia ha sido prolongada ¿Alguien ha visto a un perro mover la cola mientras come? ¿Ha escuchado a un gato ronronear de placer mientras se alimenta? Yo a mis amigos los pequeños felinos suelo oírlos ronronear de gozo en la falda de su amigo humano, o cuando este acaricia su lomo.
Muchos seres humanos son las únicas criaturas sobre la faz de la Tierra que invierten más vida en “cazar” que en aquello que en realidad importa. “Cazan” por ambición desmedida. Acumulan lo que les sobra mientras a otros les falta. Generalmente terminan llenos de víctimas de sus cacerías, pero vacíos por dentro. Y nada de lo atrapado pueden llevarse finalmente.
Lo esencial es invisible a los ojos, dijo Saint Exupery ¿Pero qué es lo esencial? Es ese sentimiento que a veces está dormido en nosotros y que otro está aguardando, en ocasiones casi desesperadamente. Ese sentimiento que debe hacerse gesto, palabra, acción. Lo demás es necesario hasta determinado punto, luego de ese punto se torna en caza vana, a menudo mortal.

