De los imposibles
Por: Candi
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- Dic 14, 2015
Dos palabras, entre otras por supuesto, determinan cuestiones que hacen a la vida de un ser humano: aptitud y actitud. A menudo estas palabras son utilizadas cuando se alude al hecho de cómo sacar el mejor provecho de las personas en la vida empresarial o deportiva. Creo que es allí donde se pone énfasis y se les concede a ellas la importancia que tienen. Tanto, que hoy algunos equipos deportivos o de empresas, han incorporado un nuevo personaje que se conoce como “coaching”. Nunca acepté (aunque lo entiendo), que en países con un idioma tan rico como el nuestro se utilicen estos vocablos extranjeros, como si la lengua española no tuviera los propios para designar a un guía, motivador, entrenador o como quiera llamársele a tal personaje ¿Será la globalización? No lo creo, es la “colonización” (¡vaya paradoja!) del lenguaje.
Pero lo cierto, y volviendo a lo nuestro, es que la aptitud y la actitud están ligadas estrechamente al concepto de éxito (falso, efímero, vano muchas veces) en el mundo del deporte y de los negocios. Estas dos palabras y lo que entrañan, deberían ser aplicadas a la vida cotidiana y simple de la persona. Vida que a menudo pasa inadvertida, a la que no se le concede la gran importancia que tiene y que suele descubrirse en momentos de adversidad ¿Aptitud y actitud para vivir? ¿Pero qué significa esto?
Empecemos por ir a la lengua española, y recordemos la definición de estas palabras. Aptitud (primera acepción): capacidad para operar competentemente en una determinada actividad.
Actitud (segunda acepción): Disposición de ánimo manifestada de algún modo.
Bien podría decirse entonces que para realizar cualquier actividad en la vida se requiere aptitud y actitud: para el trabajo, para los negocios, para el deporte, para la profesión, para ser padre, para ser hijo, para ser un artista, para ser dirigente, para ser amigo, “para ser” en general. No se puede ser una persona útil a sí misma y al grupo si no se tiene aptitud, si no se dispone de actitud.
Incluso, y sobre todo, se necesita aptitud y actitud para salir de la adversidad. El psiquiatra y psicólogo Viktor Frankl, creador de la corriente terapéutica conocida como Logoterapia, famoso médico austríaco que fue llevado a los campos de exterminio del nazismo, donde vio morir a toda su familia, le dejó al mundo una gran enseñanza: se puede tener aptitud, pero sin actitud todo es imposible o al menos difícil. El creador de la “Tercera Escuela de Viena”, luego de las fundadas por Freud y Adler, diría años más tarde y ya en libertad: “Si no está en tus manos cambiar una situación que te produce dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontes ese sufrimiento”.
Y en efecto es así ¿De qué le hubiera servido a Frankl todo su conocimiento si no hubiera adoptado determinada actitud ante la adversidad? De nada. La aptitud, el saber, el ser competente, sin la disposición de ánimo, sin la voluntad, es inútil.
Pero, asimismo, debe decirse que le es posible a cualquier ser humano carente de aptitud poseerla a partir de la actitud.
De tal modo, puede decirse, en un juego de palabras que lo imposible no existe si hay actitud. Lo imposible es posible sólo si el “yo” así lo quiere y determina. Un genio enérgico como el de Napoleón, no podía sino arengar a su tropa con estas palabras: “Lo imposible es el fantasma de los tímidos y el refugio de los cobardes”. Es una verdad expresada duramente y por eso es mejor decir lo mismo, pero desde la construcción de un escritor de la talla de Hermann Hesse: “Para que pueda surgir lo posible, es preciso intentar una y otra vez lo imposible”Esto se llama tener actitud, tener esa disposición de ánimo necesaria para el logro de la cosa ansiada. Esta disposición impulsará, sin dudas, las acciones necesarias para la consecución de aquello que se desea y que a veces parece complicado alcanzar o hasta imposible.

