El sueño de Dios y el regalo de la Natividad
Por Candi
- Sin categoría
- Dic 24, 2016
-Por Candi
En su ansia por desentrañar el misterio de la existencia, de todo lo creado, el genio de Unamuno llegó a suponer incluso que todo esto no es más que el sueño de Dios, que nosotros no somos sino otra cosa que personajes de ese perfectísimo sueño y que todo lo que podía hacer el hombre era rogar que ese Ser Supremo no despertara para que la existencia no se acabara.
En todo en ese sueño magnífico y divino, este Dios eterno, único, misterioso, incomprensible en algunos de sus efectos para el hombre, hace aparecer un personaje central, maravilloso, luminoso como ninguna otra luz: Jesús. Un espiritu superior del sueño que se materializa en la mente divina para darle un mensaje de salvación al mundo de su presente y del futuro.
En realidad no se sabe bien (¿quién podría saberlo?) si en su infinita compasión, ese Dios soñador no entrega en otras partes de la historia humana, es decir en otras partes de su sueño, a otros personajes quienes, como Jesús, vinieron a decirle al hombre: “sálvense, háganse eternos en mi sueño, ¡amen!”.
No obstante, yo prefiero quedarme con este Jesús cuyo nacimiento celebramos hoy, ese judío incomparable, gran rabino, ungido por Dios, espíritu santísimo. Él, admirado por mí, amado por mí, necesitado por mí (y de quien no soy digno, claro) y a cuya presencia eterna, espiritual, le rindo tributo hoy. Hoy, en medio de un mundo ensangrentado por las garras del demonio, en medio de una humanidad que solloza por las injusticias de quienes más pueden y menos dan. 
Sí, hoy, cuando celebramos el nacimiento de Aquel que vino a darle una caricia al alma de los afligidos y una palabra de esperanza que se hará siempre realidad en el sueño de Dios: “bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados”.
Aquellos que hemos (de alguna manera) recibido ciertas gracias y dones (todos tenemos dones, pero no todos tienen suficientes gracias que son del mundo) debemos, como Dios, soñar y obrar. Debemos hacerlo por nosotros, por el prójimo y en honor y agradecimiento a ese sublime Dios dador que es amor por antonomasia y naturaleza.
Es entonces y sólo entonces que la existencia deja de ser tal para convertirse en vida y sentido. Es entonces cuando en el sueño divino dejamos de ser algo imaginado para convertirnos en seres de orden material, pero sobre todo espiritual y finalmente trascendemos. En su bendito sueño, Dios nos regala una Natividad, la de Jesús, mas también nos concede la posibilidad de la propia Natividad a una nueva vida, a una vida con verdadero sentido.
Feliz Navidad y que tengan paz.

