MARTES, 20 DE OCT.

Juan, el peluquero que sigue trabajando pese a su ceguera

Perdió la visión hace once años pero esto jamás lo limitó en su tarea porque, entre otras cosas, pudo aceptar lo que le pasó. Es un verdadero artista con las tijeras, con los peines y con los cepillos aun sin ver.

Por Vanesa Pacheco

Juan Bustamante tiene 43 años y es peluquero en Cañada de Gómez desde hace 17 años. Perdió la visión por un tumor y sin embargo continúa trabajando en  su salón de belleza “Juan y Lili estilistas”, ubicado en San Martín 330 de esa ciudad.

La verdadera historia comenzó cuando un estudio clínico le revela que tiene Adenoma de Hipoff. En enero del 2006 fue operado en el Hospital Centenario, pero durante la intervención quirúrgica se cortó la luz y la operación fue interrumpida y a los tres días lo volvieron a intervenir. Quince días después tuvo meningitis, la cual dañó los nervios ópticos dejándole como secuela una ceguera total.

Luego de esto fue operado dos veces más en Buenos Aires, donde le realizaron una craneotomía frontal para acceder al tumor de la forma más amplia. Todos los intentos fueron en vano, ya que nunca más recuperó la vista.

Este peluquero alegre y simpático, solo deseaba volver a trabajar. Un mes después del trajín clínico entró a su zona de confort, la peluquería, que estaba colmada de clientes. El silencio absoluto ante su llegada le hizo percibir y darse cuenta del desarrollo de los demás sentidos, además de hacer uso de su memoria visual para saber que allí había mucha gente.

A pesar de la situación, nada le impidió seguir ejerciendo su oficio, aunque se lamentó que el límite era “no poder jugar al fútbol y salir”. Igualmente de eso sacó lo positivo y ahora disfruta de su casa y su familia, cosa que antes no hacía. Juan tiene una hija de cinco años y está divorciado de la mamá de la nena. Ahora quiere, e insiste en destacar, que está en la búsqueda activa de conocer y encontrar una nueva compañera.

Enseñanza y trabajo

Antes de perder la vista, este peluquero optimista, que aprendió el oficio en el año 2000 en Escuelas Silver, de Rosario, les enseñó la profesión a quince chicas. Y entre ellas a su hermana, a quien “empecé a enseñar de casualidad, un año antes de que me descubrieran el tumor”, contó a Conclusión.

Una vez ciego les enseñó a cuatro chicas más, y reconoce que eso lo reconforta porque ellas pueden vivir de ese trabajo.

Habitualmente tienen una clientela fija, pero suele venir gente de otras localidades e incluso “al principio no les comunicaba a los  clientes mi discapacidad, y como en apariencia no se nota la falta de visión, porque mis ojos están normales, al finalizar el trabajo no se daban cuenta”, reveló.

La familia

Al momento de hablar de su círculo más íntimo, dice que está rodeado de mucho afecto familiar y es el penúltimo de siete hermanos. “Los Bustamante somos una familia numerosa, tengo veinte sobrinos”.

Es admirable la tranquilidad y la fuerza de voluntad para vivir que tiene este hombre y demuestra con gracia y actitud que es feliz. Se aferró a Dios y ama lo que hace y eso le sirve para levantarse cada día.

Aprendió a cocinar y es el encargado de hacer la torta de los cumpleaños de su hija Lourdes. También hace empanadas y otras comidas, para él y la nena, cuando está a su cuidado.

Una de sus hermanas, Lili, es la que se puso al mando de la peluquería.

Ella atiende de martes a sábado, mientras que Juan va los jueves, viernes y sábado, cuando hay mayor cantidad de gente.

“La peluquería y mi casa son mi espacio, mi lugar, y dónde más cómodo estoy porque puedo reconocer cada recoveco para moverme libremente”, expresó.

Escuela Braile

Desde marzo de este año, Juan comenzó a venir a la Escuela Luis Braille de Rosario, ubicada en España 528, donde asiste todos los lunes. En este lugar se dio cuenta que perdió mucho tiempo para encontrar la independencia y la privacidad, además de comprender que su mamá no iba a estar toda la vida. Sin embargo, se lamenta por no haber sabido que podía venir antes.

Las clases de cada semana le cambiaron todo: aprendió a usar el celular, la computadora, y manejarse solo en la calle. “Antes tenía que andar siempre acompañado. Y a veces eso, con el paso del tiempo, es molesto para el otro”, contó.

Está agradecido del gran grupo que encontró en la Escuela Braille y el amor que le brindan cuando asiste, y todo lo que aprendió para superarse. También recalcó que en Rosario “la gente es muy solidaria, y que en cada esquina alguien siempre está dispuesto a ayudarme a cruzar la calle”.

Además, se convirtió en el peluquero oficial de la escuela y demostró a Conclusión que su capacidad está intacta para cortar el cabello.

Maratón por fútbol

El peluquero pudo reemplazar el fútbol con la participación en los diferentes maratones que ofrece Rosario. El último en el que participó fue el 17 de septiembre, cuando se corrió el Cuarto Maratón Día del Empleado de Comercio, en Rosario.

Contó finalmente que para la próxima competencia se va a preparar un poco más, porque descubrió en correr una pasión que no sabía que la tenía y que podía hacerlo.

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