La Santísima Trinidad de Mauricio
Peña, Lopetegui y Quintana ya eran poder. Macri les da más poder. El mensaje: la gestión manda a la política.
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- Dic 17, 2016
Por Ricardo Roa
Macri empoderó, palabra muy cristinista, o como se le quiera decir una trinidad propia que si no es santísima pareciera serlo. Dijo con rara pero elocuente fórmula que Peña y sus dos segundos, Lopetegui y Quintana, “son yo”.
Lo dijo para afuera pero más para adentro. Tres innovaciones introdujo Macri en su gobierno. Una: casi duplicó el número de ministerios. Dos: creó un equipo económico de seis ministros al que se suma un séptimo, el presidente del Banco Central. Y ninguno con el manejo de buena parte de la obra pública, que se la dio a Interior. Y tres: delegó más funciones en el jefe de Gabinete que repartió entre Lopetegui y Quintana el control de los ministros. Hay ministros que lo resisten y se nota la falta de una conducción económica unificada.
Con abundancia de ministerios y escasez de resultados, Macri definió sus tres mosqueteros. Los ha elegido para ser su espejo y escucharlos decir qué piensan de lo que él piensa. Se siente cómodo con ellos, que casi no vienen de la política. El mensaje fue: la gestión manda. También, su respuesta a las críticas en voz baja y sobre todo a las críticas en voz alta. O sea: Monzó.
Había dicho algo parecido en el retiro espiritual de Chapadmalal. Todo presidente tiene derecho a elegir su círculo de mayor confianza. Macri no entroniza el suyo de la mejor manera. Decir que “son mis ojos y mi inteligencia” es poner su cuerpo en forma literal. Puede silenciar críticas ahora. Pero tanto compromiso con ellos pone en riesgo su capital político.
Frente al mito kirchnerista de la sociedad amenazada por el neoliberalismo, Peña alza el mito neoliberal de la gestión empobrecida por la política. Estudió en Estados Unidos y es el hijo menor de Félix Peña, un especialista repatriado en los 90 para el arranque del Mercosur. Y es sobrino de Rafael Braun Cantilo, fundador de la revista Criterio y un gran polemista de la derecha católica, la transigente. Su madre es catequista. Cosas que pasan: no se gustan con el Papa, que lo calificó de “irrecuperable”, un término nada transigente.
Quintana y Lopetegui son CEO aprendiendo política y metiendo Project Manager en la política. En el sector privado se han ganado reputación de eficientes y se la merecen. Es la primera vez de Quintana, asombrado del poder que le dio Macri. Estudió economía en la UBA con Rodríguez Larreta, lo acompañó en la ANSeS y es el padrino de su hija. También es amigo íntimo de Lopetegui, su jefe en McKenzie, ex socio en los supermercados Eki y socio actual en Pampa Cheese.
El nombre de Quintana, de Mataderos y padres médicos y que conoció a su mujer haciendo trabajo social en una villa, está más asociado al fondo Pegasus y a Farmacity, donde practicaba yoga con los empleados y donde generó un negocio y una guerra aún abierta con la concentrada industria farmaceútica. Para Lopetegui es la segunda vez. Fue ministro de Solá y frustrado presidente del Provincia: el duhaldismo le bajó el pulgar en el Senado. Lo reemplazó el mismo a quien había llevado como segundo. Y nació así el estrellato de Martín Lousteau. Pero esa es otra historia.

