La vida, el agradecimiento, el ser y el hacer
Por Candi
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- Ene 10, 2017
Por Candi
-En la noche fría de París, querido Inocencio, escuché una conversación entre dos hombres que estaban sentados, tomando una copa en el café de la Paz.
-¿De qué hablaban?
-Lo recuerdo perfectamente. Escuche:
*Como le decía, querido Maurice, toda la creación es un holograma, una proyección de la mente de un Orden Superior, de la Primera Causa, eso conocido como Dios. La mente divina es no sólo perfecta, sino además infinitamente extraordinaria, elevada para ser comprendida por nosotros. Y aun cuando tiene minúsculas semejanzas con la mente humana en ciertos aspectos, no es posible imaginar su poder y perfección. Cuando el hombre recuerda, sólo memora algo que fue o que sucedió y que ya no es ni sucede. Pero un recuerdo de Dios es una manifestación de algo que siempre está en su propia naturaleza. Algo que no tiene principio ni fin.
*Explíquese mejor, Pierre.
*Grábese esto y téngalo presente siempre, Maurice: todo lo que fue, es y será está siempre en Dios, forma parte de su naturaleza, de su sustancia. En Dios nada nace, todo, siempre, estuvo en El. Por tanto, no puede morir en Dios lo que no ha nacido en El, lo que siempre ha sido.
*Usted quiere decir que la muerte es inexistente.

