MARTES, 20 DE OCT.

Revelan que la CIA hackeaba celulares y televisores: los usaba como micrófonos

WikiLeaks anunció en Twitter que publicó miles de documentos que, sostiene, provienen del Center for Cyber Intelligence (Centro de Ciberinteligencia) de la CIA.

Se llama “ángel sollozante”, pero no llora y tampoco tiene alas. Es el nombre del software malicioso con el que, según WikiLeaks, la CIA lleva años infectando televisores Samsung conectados a Internet en todo el mundo para grabar lo que se dice frente a ellos y enviarlo a los cuarteles generales de la agencia de espionaje. En la publicación de 8.761 documentos de la CIA que ayer comenzó a difundir el portal fundado por Julian Assange, la del televisor es la revelación más sorprendente pero no la única. Según Wikileaks, que bautizó la filtración como Vault 7 (Caja Fuerte 7), entre 2013 y 2016 la CIA también desarrolló software malicioso para espiar los teléfonos Apple y los que usan el sistema operativo Android, así como las computadoras con los principales sistemas operativos: Windows, Mac OS X, Linux y Solaris.
A diferencia del espionaje masivo denunciado en 2013 por Edward Snowden, en el que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) tendía una red que interceptaba sin discriminar lo que miles de personas se decían a través de un determinado medio de comunicación (Gmail, WhatsApp o las comunicaciones de voz de una operadora telefónica, por ejemplo), el espionaje de la CIA denunciado ayer por Wikileaks afecta solo a los que usan (o viven cerca) del teléfono, computadora o televisor infectado por el malware de la CIA. A cambio de esta restricción en el número de espiados, la agencia obtiene un beneficio extraordinario y es que puede saber prácticamente todo lo que pasa en los dispositivos infectados, incluso cuando parecen estar apagados: no hay encriptación posible que proteja a los usuarios porque el malware lee el contenido del mensaje antes del envío o cuando ya fue recibido, y no mientras viaja entre los dispositivos.
Ni la Casa Blanca, ni la CIA, ni las gigantes tecnológicas estadounidenses quisieron hacer comentarios sobre la filtración que, según Wiki- Leaks, sería la mayor de la historia por el número de documentos involucrados, por delante de los Panama Papers (2016), de las revelaciones de Snowden y de los cables diplomáticos de Chelsea Manning (2010).
“Hay un riesgo extremo de proliferación en el desarrollo de las ciberarmas”, escribió Assange, refugiado en la embajada ecuatoriana en Londres en el comunicado de prensa de Wiki- Leaks. Para protegerla de posibles represalias, la organización no publicó el nombre de su fuente. Sólo dijo que la CIA había perdido el control de su arsenal de herramientas de hackeo, un archivo que “parece haber circulado sin autorización entre ex hackers del gobierno de EE.UU. y proveedores federales”. Ningún presidente reaccionó aún a la publicación pero es probable que Ángela Merkel, de Alemania, figure entre los preocupados. Según Wikileaks, la CIA mantenía en el consulado estadounidense de Frankfurt su centro de operaciones para los hackeos de Europa, Oriente Medio y África. Aunque muchas de las infecciones se pueden enviar por Internet, otros supuestos ataques de la CIA necesitan la proximidad física, como instalar una memoria USB con el software malicioso o piratear señales de WiFi. Una vez en Alemania, los agentes estadounidenses podían viajar con libertad por los restantes 25 países europeos del convenio Schengen.
En uno de los documentos publicados incluso hay consejos para los controles del aeropuerto de Frankfurt: “Tu coartada (para este viaje)”, se titula. Con una respuesta sugerida para la obligada pregunta del oficial de aduanas: “Vine a ayudar en la asesoría técnica del consulado”. El problema, dice WikiLeaks, no es sólo determinar si la CIA cometió o no ilegalidades o si duplicó funciones que le correspondían a la NSA.

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