MARTES, 20 DE OCT.

Sin la propiedad de la tierra, alimentan al 80% del mundo

 Ese porcentaje de alimentos del mundo lo producen los pequeños agricultores. La mayoría de ellos no son dueños de la tierra y surge el replanteo de la distribución en Argentina.

Por Andrea San Esteban

Los indígenas y campesinos alimentan al mundo con menos de un cuarto de la tierra agrícola mundial; en la última década las fincas grandes habrían acumulado más tierras, expulsando a pequeños y medianos agricultores, según sostiene un informe de GRAIN». (GRAIN es una pequeña organización internacional que trabaja apoyando a campesinos y a movimientos sociales en sus luchas por lograr sistemas alimentarios basados en la biodiversidad y controlados comunitariamente) Cuando se dice que los campesinos alimentan al mundo no es una exageración. De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en 2014, 2015 y 2016, la agricultura familiar produjo alrededor del 80% de los alimentos en el mundo.

Asimismo, el “Memorándum de Berlín sobre medios de vida sostenibles para pequeños agricultores” de 2015, señala que los campesinos “juegan el papel más importante en el mundo de los alimentos y la seguridad alimentaria, ya que producen la mayor parte de los alimentos de los países en vías de desarrollo, incluyendo el 70% de cereales, tubérculos, frutas y verduras”.

El documento explica, además, que mientras los monocultivos a escala industrial están orientados al fortalecimiento de la producción y a la distribución masiva, los campesinos necesitan menos energía fósil, demostrando por varias generaciones su capacidad para proporcionar una nutrición saludable y mantener intactos los ecosistemas. Por ello, “los pequeños productores, siendo una gran parte de la población, reclaman su oportunidad de ser los principales contribuyentes del bienestar, soberanía y capacidad de recuperación de su país”.

Argentina, uso y tenencia  

La  distribución,  la  tenencia  y  el  tipo  de  uso  de  la  tierra es  un  tema  de  creciente  interés  en  Argentina  debido a  la  notoriedad  que  ha  adquirido  esta  cuestión  en  las últimas décadas y al cambio de legislación reciente: la concentración de las tierras por parte de algunas empresas, la compra de grandes extensiones por   inversores   urbanos  y externos,   el   desalojo   de pequeños  productores  en  áreas  agrícolas  y  los  nuevos modelos de   gestión   agrícola   donde   predomina   la figura  del  arrendamiento. Todos  estos  temas  son  de una  importancia  fundamental  en  Argentina  por  dos grandes razones:

  1. Las problemáticas de la tierra son de una magnitud tal  que  es  necesario  intervenir  y  resolver para  garantizar  el  equilibrio  territorial,  la  inclusión  social y   la sostenibilidad   del   medio   ambiente, y
  2. Estas problemáticas son una  manifestación  clara  del  cambio de un modelo de organización y valorización de la tierra y las actividades agropecuarias de Argentina, sostiene el informe Problemática de la tierra en Argentina.

 Poca tierra, gran producción:  

José Graziano da Silva, director general de la FAO, proporcionó datos importantísimos cuando inauguró el Año Internacional de la Agricultura Familiar: las familias agricultoras ocupaban entre el 70% y 80% de las tierras agrícolas mundiales. No obstante, para Grain, estos datos son reprochables debido a que anulan la posibilidad de discutir sobre la necesidad de reformas agrarias o la redistribución equitativa de la tierra.

Grain pregunta: “Si la mayoría de la tierra de cultivo está en manos campesinas, ¿por qué existen tantas organizaciones campesinas e indígenas que claman por redistribución de tierras y reforma agraria?”.

Por esta razón la organización hizo un examen “más profundo” para determinar cuáles de estos datos eran ciertos y cuáles no.

Denominó al estudio ‘Hambrientos de tierra’ (2014), ya que corroboró que los indígenas y campesinos alimentan al mundo con menos de un cuarto de la tierra agrícola mundial; en la última década las fincas grandes habrían acumulado más tierras, expulsando a pequeños y medianos agricultores.

Entonces, a pesar de la “invasión de las megafincas” y los escasos recursos, los campesinos “están alimentando al mundo”. En el caso de Ecuador se basa en los datos del Censo Nacional Agropecuario de 2000 (último censo disponible proporcionado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) que expone que casi el 56% de los agricultores son pequeños y tienen menos del 3% de la tierra. Sin embargo, producen más de la mitad de las hortalizas; 46% del maíz; más de un tercio de los cereales; más de un tercio de las legumbres; 30% de las papas y 8% del arroz.

 ¿Cómo lograr un justo desarrollo agropecuario?

El informe de la FAO sobre el estado mundial de la agricultura y la alimentación de 2015-2016, señala la importancia de la creación de programas dirigidos a la protección social para romper con el ciclo de la pobreza rural y la inseguridad alimentaria. Esto tomando en cuenta que, según el Banco Mundial, hasta 2015 la población rural en el mundo ascendía al 46%. Mientras que en Ecuador representaba el 36%. Entre algunas de las recomendaciones de la FAO está la reactivación de la economía local con mercados populares.

En algunos países, los productores han logrado independizarse de los grandes empresarios y vender directamente su producto a los consumidores. Desean “cerrar el círculo productivo”, no con ánimo de lucro, sino con facilidades para las personas que acceden al bono solidario. Desean entonces replicar esta iniciativa en todo el país.

Por ello,  ahora septiembre 2016 se reúnen nuevamente para explicar “los pequeños productores, siendo una gran parte de la población, reclaman su oportunidad de ser los principales contribuyentes del bienestar, soberanía y capacidad de recuperación de su país”.

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