MIéRCOLES, 21 DE OCT.

Sobre el amor (Parte dos)

Por Candi

Amar, entre otras cosas, es tolerar, según lo que se desprende de la enseñanza del fariseo judío Saulo de Tarso, alumno del sabio Gamaliel, seguidor luego de Jesús y finalmente hecho santo por el cristianismo. Pero tolerar no significa ser débil, permitirlo todo, aceptar cualquier impertinencia, implica estar en presencia de un falso amor. En este sentido, es oportuno volver a recordar las palabras de Burke, el escritor británico: “llega un punto en que la tolerancia deja de ser una virtud”.

En efecto, ese desprendimiento del amor que es la tolerancia debe tener un límite, de lo contrario termina siendo un daño para la propia persona a quien se tolera, una y otra vez,  la inadecuada acción realizada. Y un daño para el excesivo tolerante y el grupo. En el libro de Proverbios hay una enseñanza muy oportuna al respecto: “porque el Señor a quien ama reprende, como un padre al hijo en quien se deleita”. Y, por otra parte, es dable encontrar en el Evangelio una actitud del Amor por antonomasia; es decir una actitud de Jesús. Juan relata lo que sigue: “se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén, y halló en el templo vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y cambistas sentados. Hizo un azote de cuerdas, y los echó a todos del Templo con las ovejas y los bueyes, tiró las monedas de los cambistas y volcó las mesas. Y dijo a los vendedores de palomas: “Quitad esto de aquí: no hagáis de la casa de mi Padre un mercado”.  Sus discípulos se acordaron que está escrito: “El celo de tu casa me devora”.

En la sociedad de nuestros días, sea por una equivocada concepción del amor, por comodidad o por ausencia de tiempo y deseos de hacer cumplir las normas, las nuevas generaciones se han acostumbrado a eso que el psiquiatra Ernesto Ratghe ha definido, durante una entrevista con este diario, anomia. Me permito, por lo importante del asunto, especialmente para los padres, reproducir una parte de esa entrevista:

Pregunta: –A nivel global hablaba de la alteración de la autoridad, ¿cómo podría traducirse eso en la familia, cómo repercute? Respuesta de Ratghe: -La familia es la célula básica de nuestra cultura. Ahí se “fabrican” las personas que constituyen nuestra cultura. La familia fabrica en sus niños el futuro. Las figuras autoritarias de tipo patriarcal tienden a diluirse, a atenuarse, y aparecen otros modos de organización de la familia, más horizontales que tienen un riesgo que es que los niños en un momento necesiten que alguien les marque los límites, les marque la ley, la norma y eso es una cosa que está bastante dificultada en esta época. Las familias “fabrican” más de lo deseable, niños anómicos, es decir, sin normas.

El problema, además, radica en que esta anomia se traslada extramuros del núcleo familiar, se hace cultura en el grupo social y entonces “vale todo”, que es lo que le está sucediendo a esta sociedad mundial y muy particularmente a algunos países como Argentina.

Y para hacer una paráfrasis sobre aquellas palabras de Jesús cuando azota a los mercaderes en el templo, podría decirse que el exceso de tolerancia convertido en “no virtud”, es el socio ideal del sistema-mercado, de una cultura de la muerte que necesita de la anomia para mutilar el buen destino del ser humano común, inocente, ignorante y a menudo humillado.

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