JUEVES, 04 DE JUN.

Señales desde la Plaza Roja

La tradicional conmemoración rusa del triunfo militar frente a la Alemania de Hitler arroja pistas sobre los vínculos de Moscú, luego de 3 años de guerra en Ucrania.

 

El 9 de mayo la Federación de Rusia celebró el Día de la Victoria con el tradicional desfile en la Plaza Roja de Moscú, en el 80° aniversario de la rendición del Tercer Reich. Es un acto que cambió mucho con el paso del tiempo. Durante la Guerra Fría, la Unión Soviética buscaba reforzar su papel en la derrota de Alemania frente a Estados Unidos, que buscó imponer su versión de los hechos y ponderar su participación en el frente occidental y en el Pacífico frente al Japón Imperial.

Ahora, la celebración tiene el objetivo de mostrar a una Rusia que no está aislada políticamente, que tiene una fuerte cohesión interna en el marco de la guerra en Ucrania y que goza de una relación preferencial y estratégica con la República Popular China.

La presencia del Presidente chino Xi Jinping junto a otros mandatarios como el brasileño Lula da Silva, el venezolano Nicolás Maduro, el egipcio Abdel Fatah al-Sisi, el serbio Aleksandr Vucic y el cautivador capitán de Burkina Faso Ibrahim Traoré, marcan que Rusia tiene importantes vínculos a pesar de su accionar militar en Ucrania. El gobierno de Vladimir Putin entendió que su economía y su propia supervivencia dependerían, en gran parte, de encontrar formas de reemplazar la ruptura política con Europa y Estados Unidos.

Rusia es una potencia energética que pudo diversificar la venta de sus hidrocarburos, cuando Europa cerró sus puertas en solidaridad con Ucrania. La venta de gas y petróleo a China e India, socios de Moscú en los BRICS junto a Brasil y Sudáfrica, se multiplicó considerablemente y le permitió a Putin mantener en funcionamiento la máquina de guerra.

El acto también permitió que Putin y Xi den una muestra más de su alianza estratégica. Unas de las hipótesis que se plantearon con fuerza en los últimos meses, se refería a la posibilidad de que Donald Trump busque reeditar la estrategia estadounidense de meter la cuña entre Rusia y China como sucedió en la década del 60’, con la ruptura política entre la República Popular de Mao y la Unión Soviética, las dos potencias comunistas de aquel entonces. Esa ruptura posibilitó que Washington no tuviera que preocuparse por un eje sino-soviético actuando conjuntamente contra los intereses de Estados Unidos, permitiéndole una ventaja estratégica que se confirmó algunos años más tarde.

Cuando Trump asumió y rápidamente quiso lograr un entendimiento con Vladimir Putin para poner fin a la guerra en Ucrania -incluyendo el bullying televisado que le propició a Volodimir Zelensky en la Casa Blanca- sonó con fuerza la idea de que, posiblemente, buscaba traer a Rusia al redil para debilitar la alianza estratégica con China.

Eso parece no haber tenido éxito, primero porque la guerra en Ucrania continúa más allá de que Trump prometió terminarla en 24 horas, y segundo porque las señales de la buena salud de la relación entre Moscú y Beijing siguen apareciendo, como se ha visto en estos días.

Por supuesto que dos países que tienen proximidad geográfica y autopercepción de potencias tienen contradicciones entre sí. Una de ellas -que aparentemente estuvo en el temario de las conversaciones entre Putin y Xi- fue el gasoducto Poder de Siberia 2. Además de tener un gran nombre, este proyecto se caracteriza por ser una de las más ambiciosas obras energéticas del siglo XXI. Supone la construcción de un gasoducto que posibilite llevar gas desde la Península de Yamal en el Ártico a China, atravesando Mongolia y complementando los envíos de gas ruso del gasoducto Poder de Siberia 1, en funcionamiento desde 2019 y que une Yakutia con Blagoveshchensk y luego con China.

Las negociaciones por el Poder de Siberia 2 están estancadas desde hace un tiempo dado que China, de concretarse el proyecto, dependería enormemente de Rusia para abastecerse de gas, en un momento en el cual la República Popular busca implementar estrategias de transición y seguridad energética. Si las cosas avanzaron en estos días de encuentro, es una incógnita que se revelará en el futuro. De cualquier modo, este es solo un ejemplo de cómo Rusia y China tienen intereses en conflicto en algunos temas en particular.

Hubo otro asistente al desfile moscovita que pasó desapercibido, pero que es importante a la hora de analizar cómo está parada Rusia en estos días. Robert Fico es el Primer Ministro de Eslovaquia y fue el único dirigente de la Unión Europea que asistió al Día de la Victoria. Aunque la diplomacia europea lo retó, Fico sostuvo que no iba a desconocer el esfuerzo soviético en la lucha contra el nazismo y se convirtió en el primer dirigente europeo en visitar a Putin desde la invasión a Ucrania, después del húngaro Viktor Orban.

La presencia de Fico en Moscú es una muestra más de las dificultades que tiene la Unión Europea en mantener el consenso con respecto a la relación con Rusia y el sostenimiento del esfuerzo de guerra ucraniano. Ucrania no tiene la seguridad de contar con Estados Unidos, y en Europa radica su última esperanza en lograr garantías de seguridad frente a Rusia. Que no haya una posición unificada en el bloque de los 27 es un problema para Kiev y sus perspectivas a futuro.

La Federación de Rusia hizo una gran apuesta geopolítica con la invasión a Ucrania en febrero de 2022. Puso en juego su capital político, sus capacidades económicas y, al fin y al cabo, la supervivencia de su propio régimen. A medida que pasa el tiempo, no solo parece que le encontró la vuelta a los obstáculos que Occidente le fue poniendo. También demuestra que, en tiempos de monedas digitales, sistemas bancarios hiperfinanciarizados y guerras híbridas, las condiciones de poder materiales clásicas como la energía y el territorio siguen siendo de vital importancia y le permiten seguir ostentando el lugar de potencia global.

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