A 73 años del “paso a la inmortalidad” de Evita, ese “arco iris de amor entre el pueblo y Perón”
María Eva Durante falleció el 26 de julio de 1952 cuando apenas tenía 33 años. Según esposa del entonces presidente, dejó una huella imborrable entre los trabajadores, las mujeres y los más humildes.
- Nacional
- Jul 26, 2025
“Cumple la Subsecretaria de Informaciones de la Presidencia de la Nación el penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20:25 horas ha fallecido la señora Eva Perón, jefa Espiritual de la Nación”, dijo el locutor Jorge Furnot por cadena nacional desde los micrófonos de Radio del Estado. Era la noche del 26 de julio de 1952. Esa noticia -que era previsible por la enfermedad que aquejaba a la Abandera de los Humildes y segunda esposa del Juan Perón-, detuvo por un momento al país. Pero enseguida se inició una larga peregrinación de muestra de desgarro y dolor del pueblo argentino, que se extendió desde ese día hasta el 11 de agosto en el Congreso de la Nación primero, y en la sede de la Confederación General del Trabajo (CGT) después. Moría la mujer, nacía el mito. Tenía apenas 33 años.
María Eva Duarte nació el 7 de mayo de 1919 en la localidad bonaerense de Los Toldos. Fue la quinta hija de la relación extramatrimonial de Juana Ibarguren con Juan Duarte, un político conservador que mantenía una vida dual y dos familias.
A los 15 años María Eva dejó su casa para trasladarse a la Capital Federal con un objetivo: ser actriz. Tras diferentes incursiones en el cine y en portadas de revistas, consiguió una oportunidad en el mundo del radioteatro, que era muy popular en esa época en la que en Argentina no existía la televisión. Participó de una compañía de teatro y en 1941 trabajó en tres películas: “La carga de los valientes”; ·El más infeliz del pueblo” y “Una novia en apuros”.
El 22 de enero de 1944 su vida comenzó a cambiar, cuando un una función realizada en el estadio Luna Park por la Secretaría de Trabajo y Previsión de la Nación para juntar fondos en favor de las víctimas del terremoto de San Juan, conoció al todavía bastante desconocido coronel Juan Domingo Perón, que tenía 24 años más que Eva. El flechazo fue profundo. Se casaron poco más de un año y medio después, el 22 de octubre de 1945, una semana después de la enorme movilización de trabajadores y trabajadoras que rescató a Perón de la cárcel y lo convirtió en líder popular, abriendo su paso a la Presidencia en las elecciones del año siguiente.
De la mano de Perón, Eva ingresó al mundo de la política y se convirtió en la Abanderada de los Humildes” y líder de la lucha por los derechos de las mujeres, las infancias y la ancianidad. Creó la Fundación Eva Perón al frente de la cual realizó obras de carácter social y se convirtió en protagonista indiscutible de la historia de la política argentina.
Construyó hospitales, hogares para ancianos y madres solteras, dos policlínicos, escuelas, una Ciudad Infantil en La Plata. Socorría a los necesitados y organizaba torneos deportivos infantiles y juveniles. En 1948 publicó su Decálogo de los Derechos de la Ancianidad, una iniciativa precursora en la lucha por el reconocimiento de las personas mayores.
Al año siguiente fundó el Partido Peronista Femenino (PPF), dirigido exclusivamente por mujeres y separado del PJ, que organizó a partir de unidades básicas femeninas de los barrios y sindicatos de todo el país. Evita, como la llamaban los “descamisados”, impulsó en el Congreso el voto femenino, atento a que las mujeres no tenían derecho al sufragio en la Argentina, mediante la sanción en 1947 de la Ley N.º 13.010.
En 1951, para las primeras elecciones presidenciales con sufragio universal, la CGT la propuso como candidata a la vicepresidencia en una fórmula con Perón. Por motivos de salud que por entonces no se conocían, Evita descartó esa chance en una jornada dramática e histórica, el 31 de agosto, fecha recordada luego como el Día del Renunciamiento. También existían tensiones internas en el partido y, sobre todo, en las Fuerzas Armadas, que no toleraban la idea de una mujer en la vicepresidencia del país, actividad que consideraban circunscrita a los hombres.
Cuando es realizaron las elecciones presidenciales del 11 de noviembre de 1951, las primeras con voto universal por la participación de las mujeres, Eva lo hizo desde su cama de un hospital. Quien le llevó la urna hasta el centro de salud era por entonces “un contrera”, el luego escritor, crítico literario y docente David Viñas, militante de izquierda que tiempo más tarde cotaría la anécdota.
La enfermedad de Evita comenzó a evidenciarse en enero de 1950 cuando fue operada de apendicitis y los médicos detectaron los primeros síntomas del cáncer por el que murió dos años y medio después.
Su último discurso fue el 1 de mayo de 1952 en la Plaza de Mayo, debilitada por el avance de la enfermedad. Sin embargo, habló a sus “descamisados” el Día del Trabajador. En un fragmento dijo: “Compañeras, compañeros: otra vez estoy en la lucha, otra vez estoy con ustedes, como ayer, como hoy y como mañana. Estoy con ustedes para ser un arco iris de amor entre el pueblo y Perón; estoy con ustedes para ser ese puente de amor y de felicidad que siempre he tratado de ser entre ustedes y el líder de los trabajadores”.
Pero también advirtió: “Antes de terminar, compañeros, quiero darles un mensaje: que estén alertas. El enemigo acecha. No perdona jamás que un argentino, que un hombre de bien, el general Perón, esté trabajando por el bienestar de su pueblo y por la grandeza de la Patria. Los vendepatrias de dentro, que se venden por cuatro monedas, están también en acecho para dar el golpe en cualquier momento. Pero nosotros somos el pueblo y yo sé que estando el pueblo alerta somos invencibles porque somos la patria misma”.



