Palestina en el tablero europeo: cuando la política exterior sirve a intereses internos
El anuncio reciente de algunos países de Europa en reconocer a un Estado palestino es una estrategia de política interior fríamente calculada más que una política de solidaridad.
- Internacionales
- Por Santiago Toffoli
- Ago 3, 2025
Hace aproximadamente 10 días, el Presidente francés Emmanuel Macron anunció que Francia reconocerá a Palestina como Estado y lo hará público en la próxima Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre. Esto es un hito histórico de primer orden. Francia es el país de Europa que alberga las mayores colectividades judía y árabe del continente, será el primer país del G7 en reconocer al Estado Palestino y es la única potencia nuclear europea, junto al Reino Unido.
Consistent with its historic commitment to a just and lasting peace in the Middle East, I have decided that France will recognize the State of Palestine.
I will make this solemn announcement before the United Nations General Assembly this coming September.… pic.twitter.com/VTSVGVH41I
— Emmanuel Macron (@EmmanuelMacron) July 24, 2025
Algunos días más tarde, dando cuenta del tándem que construyeron en los últimos meses, el Primer Ministro británico Keir Starmer informó que el Reino Unido haría lo mismo en septiembre si Israel no negociaba un alto al fuego y no tomaba medidas concretas para paliar la catástrofe humanitaria y para avanzar en la solución de dos Estados con la cual todo el mundo, al menos en su narrativa, parece estar de acuerdo. De esta manera Londres, a diferencia de París, muestra una política reactiva atada al accionar de Israel.
Francia es el cuarto país que reconoce a Palestina como Estado en el último año y medio. Hace 13 meses, España, Irlanda y Noruega realizaron lo propio conjuntamente, cuando la situación en la Franja de Gaza ya era insostenible.
Desde ese momento hasta ahora, las acusaciones de genocidio contra la dirigencia política y militar israelí se acumulan y cada vez hay más sectores que sostienen que el gobierno de Netanyahu ejerce un plan sistemático para hacer inhabitable el territorio para los palestinos de la Franja de Gaza.
Hace 13 meses, no había disparos contra personas que se acercan a buscar comida a los pocos camiones de ayuda humanitaria que ingresan al enclave. Hace 13 meses, no se contaban de a cientos los muertos por desnutrición. Hace 13 meses, el Ministerio de Sanidad de Gaza -controlado por Hamás- anunciaba que 35.000 personas habían muerto desde octubre del 2023, cuando el grupo militante llevó a cabo su ataque terrorista contra civiles israelíes.
Hoy, esa cifra asciende a casi 60.000. Sí, fue un ataque terrorista, y sí, se está cometiendo un genocidio. Y los argumentos para afirmar ambas cosas existen.
Sin embargo, es importante tener en cuenta las razones que explican este frenesí de solidaridad europeo. Primero, Europa no puede hacer silencio ante una situación de política doméstica. El conflicto en Medio Oriente es un asunto interno de los países europeos por la multiculturalidad que hoy caracteriza a sus sociedades. Hay un gran porcentaje de contribuyentes y votantes árabes y musulmanes que están esperando una señal de sus gobernantes en el Viejo Continente ante las tropelías cometidas por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI).
En segundo lugar, parece claro que Europa quiere ocupar el lugar de “potencia moral” que Estados Unidos abandonó bajo el liderazgo de un Donald Trump que ahora parece tomarse en serio lo que sucede en Gaza y no habló más de construir ahí un complejo hotelero. Si Trump muestra un atisbo de humanidad, no cuesta imaginarse la gravedad del asunto.
En tercer y último lugar, quizás el Reino Unido y Francia busquen lavar algo de culpa con esta política. El infame Tratado Sykes-Picot firmado en 1916 por estos dos países dividieron Medio Oriente con fronteras artificiales, como si estuvieran jugando al TEG, sin ningún tipo de consideración por las poblaciones que residían ahí, en el marco de la repartija de los territorios del Imperio Otomano posterior a la Primera Guerra Mundial. El resto es historia conocida: Medio Oriente está en guerra de manera permanente.
Lo cierto es que, dadas las responsabilidades de las potencias coloniales, estos países podrían haber hecho algo antes, si es que la solidaridad es lo que los motiva y la moral es el valor que marca sus políticas. Cuesta pensar que sea así. Por otro lado, si bien los apasionados de la política estamos obligados a conservar el optimismo, parece difícil que esto conduzca a una solución viable. Palestina es reconocida como Estado por más de 140 de los 193 países Miembros de las Naciones Unidas, pero esto poco vale si los que detentan el poder no concretan con hechos lo que declaman con sus comunicados.
Las ideas y las palabras generan movimiento pero el poder siempre manda. Obviamente, el ejemplo más claro de esto es Estados Unidos, que aboga oficialmente por “la solución de dos Estados” pero lejos está de contribuir realmente a ese objetivo.
De todas maneras, hay que decir que otros actores pecan de lo mismo. En junio pasado, Australia, Noruega, el Reino Unido, Nueva Zelanda y Canadá impusieron “sanciones” contra los dos Ministros de ultraderecha de Netanyahu, Itamar Ben-Gvir y Bezalel Smotrich, quienes abogan abierta y constantemente por una limpieza étnica en Gaza y en Cisjordania. O sea, los defensores intelectuales del genocidio.
Posiblemente, les preocupe poco a estos dos personajes las restricciones de viaje y el congelamiento de sus activos fuera de Israel, los únicos hechos concretos de esas sanciones. Si hubiera una solidaridad real, las alarmas deberían haber surgido hace bastante y los envíos de armas a Israel deberían haberse interrumpido, cuando las formaciones políticas de estos dos ministros ya ejercían una considerable influencia sobre el gobierno israelí teniendo en cuenta la fragilidad de la coalición política que hoy sostiene a Netanyahu en el poder.
El primer cuarto del siglo XXI finaliza con un genocidio en ciernes. Esto no lo digo yo, lo dicen académicos, periodistas y dirigentes que no pueden ser acusados de antisemitismo porque han servido en las FDI, porque han vivido en Israel, y porque han luchado toda su vida contra el olvido por el Holocausto.
I’m a Genocide Scholar. I Know It When I See it.
Omer Bartov, NYT https://t.co/clMw0e1NUV pic.twitter.com/52eQSeEBFA
— Nimer Sultany (@NimerSultany) July 15, 2025
El mayor genocidio del Siglo XX contra el pueblo judío generó muchas de las instituciones y características del sistema internacional actual, el cual parece herido gravemente. En momentos como este, es obligatorio no hacerse el distraído, como la gran mayoría de los medios argentinos. Pero también es obligatorio tener en cuenta qué responsabilidad tuvieron -y aún tienen- los que hicieron su aporte para que la muerte y la destrucción sean lo único omnipresente.



