Murió Enriqueta Rodríguez de Maroni, ex presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora
A los 98 años, la mujer que condujo el organismo de Derechos Humanos que buscó a sus hijos desaparecidos y a sus nietos apropiados por la última dictadura, falleció en la ciudad de Buenos Aires.
- Nacional
- Ago 5, 2025
“¿Las embarazadas, donde están nuestros nietos?, ¿Nacieron esos nietos o no nacieron? ¿Dónde están esos bebés?·, pregunta irritada, hablando a cámara Enriqueta Rodríguez. Tiene 49 años, está en la plaza de Mayo con un pañuelo que le cubre parte del cabello negro y en Argentina se disputa el Mundial de Fútbol de 1978. Tiene a dos hijos desaparecidos en ese momento, que no aparecieron hasta la actualidad. La cámara a la que le habla es la que sostienen los periodistas de la televisión holandesa, Jan van der Putten y Frits Barend, quienes desobedecieron la orden de la Junta que encabeza la dictadura militar y, además de cubrir el evento deportivo, realizaron un reportaje que luego será considerado histórico, con “las locas” que giraban alrededor de la Plaza.
Ex presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo (Línea Fundadora), Enriqueta Rodríguez de Maroni murió este martes a los 98 años en la ciudad de Buenos Aires. Un año antes había dejado su lugar en el organismo de Derechos Humanos porque su salud estaba afectada.
Nació el 7 de febrero de 1927 y creció en una familia católica practicante. Ejerció como maestra de adultos en la Dirección Nacional de Educación del Adulto e integró la Campaña de Recreación Educativa del Adulto para la Reconstrucción (CREAR) en donde tomó contacto con realidades sociales vulnerables. Se casó Juan José Maroni y fruto de esa relación nacieron cuatro hijos: María Beatriz y María Margarita (mellizas), Estela y Juan Patricio, según recopila un proyecto parlamentario impulsado el año pasado por la legisladora porteña y nieta recuperada, Victoria Montenegro.
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Enriqueta integró la Asociación Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora, luchando por Memoria,… pic.twitter.com/DNtAsdQWaf
— Conclusión (@ConclusionRos) August 5, 2025
Los cuatro hijos fueron educados, al igual que su madre, en colegio de la congregación salesiana y fue en la casa natal dónde tomaron contacto con diferentes realidades sociales. Los cuatro comenzaron a militar en el Movimiento de Reflexión Cristiano y luego en la Juventud Peronista, mientras que más tarde María Beatriz y Juan Patricio se unieron a Montoneros.
En 1977, María Beatriz de 23 años y Juan Patricio, de 21 fueron secuestrados junto a sus respectivas parejas por un grupo de tareas perteneciente al Primer Cuerpo del Ejército. Según testimonios de sobrevivientes, estuvieron cautivos en el centro clandestino de detención conocido como “Club Atlético”. La esposa de Juan Patricio fue liberada días después, pero los demás permanecen desaparecidos.
Rápidamente Enriqueta comenzó a buscar a sus hijos y yerno. Junto a su marido recurrieron al párroco del barrio que les recomendó ir a la Zona 1ª del Ejército, en el barrio de Palermo. No hubo respuestas en ese lugar ni en las otras puertas que golpearon buscando información de lo ocurrido. En su peregrinar desesperado por cuarteles, iglesias y dependencias oficiales Enriqueta comenzó a encontrarse con otras mujeres en su misma situación.
Algunas le contaban que sus hijos habían desaparecido en 1976 y ella no podía creer que durante tanto tiempo nadie supiera de ellos: “¿Cómo aguantan semejante cosa?”, preguntaba. En ese verdadero vía crucis, Enriqueta conoció a Azucena Villaflor de De Vincenti, quien le recomendó que se una a ese grupo de Madres que estaban en su misma situación y la invitó ir a la Plaza.
Por aquellos años, en que un policía les ordenó circular, tomadas de a dos para no incurrir en un delito ya que existía el Estado de sitio, Enriqueta comenzó a realizar las rondas de las Madres; primero ante el monumento de Belgrano y luego en las ya inmortalizadas alrededor de la pirámide de Mayo.
Para cuando Enriqueta se sumó a Madres tenía 49 años y comenzó a repartir su vida entre la Plaza, el trabajo y su familia. “Poco a poco Enriqueta comenzó a incorporar palabras impensadas para su vida cotidiana: desaparecidos, allanamiento, secuestro, tortura y muerte. Pero al mismo tiempo que eso ocurría también comenzó a madurar la cuestión colectiva; un día asumió que ya no buscaba a sus hijos si no al hijo o hija de cada una de sus compañeras”, recuerda el proyecto legislativo de Montenegro.


