JUEVES, 04 DE JUN.

Misterio sin resolver: a 41 años de la desaparición de Diego, el principal sospechoso no pudo declarar

Cristian Graf, excompañero del adolescente hallado enterrado en una casa de Coghlan, se presentó de forma voluntaria ante la Fiscalía pero no logró dar testimonio. La causa, ocurrida en 1984 está prescripta, aunque la familia reclama cambios legales para evitar la impunidad.

 

A 41 años de la desaparición de Diego Fernández Lima, la investigación dio un giro con la reaparición de un nombre, Cristian Graf. El hombre, que había sido compañero del adolescente y vivió en la casa donde en mayo se hallaron sus restos, se presentó este lunes de manera espontánea ante la Fiscalía en lo Criminal y Correccional Nº 12, pero no pudo declarar ante el fiscal Martín López Perrando. Este martes está convocado a declarar el albañil que realizó el hallazgo.

El crimen de Diego prescribió hace casi dos décadas, ya que la ley argentina fija un plazo de 25 años para investigar delitos de este tipo que no son considerados de lesa humanidad.

El caso recobró fuerza la semana pasada, cuando se confirmó que los restos óseos encontrados en una vivienda de la avenida Congreso 3742, en el barrio porteño de Coghlan, pertenecían a Diego Fernández Lima, un joven de 16 años que había desaparecido el 26 de julio de 1984. Aquella tarde, salió de su casa comiendo una mandarina y avisó que iría a ver a un amigo antes de asistir al colegio y nunca regresó.

Su familia lo buscó incansablemente. Su padre murió en 1991, en un accidente mientras lo buscaba, convencido de que Diego había sido secuestrado por una secta. Su madre, hoy de 87 años, nunca dejó de esperarlo.

En mayo de este año, un grupo de albañiles halló los huesos enterrados a poca profundidad bajo una medianera. Junto a ellos había un corbatín similar al de un uniforme escolar, la suela de un zapato número 41, un reloj Casio, una ficha de casino y una moneda japonesa. La identificación se logró tras cotejar el ADN con el de su madre.

A partir de entonces, la Justicia puso la mira en Graf, de 58 años, señalado por un excompañero escolar como parte del entorno de Diego en la Escuela Técnica Nº 36 de Villa Ortúzar. Además, se constató que vivió en la propiedad donde se hallaron los restos y donde aún reside su madre.

La autopsia reveló que la muerte fue violenta, presentaba una herida cortopunzante a la altura de la cuarta costilla y signos de intento de desmembramiento. “Está claro que Fernández Lima fue asesinado. No sabemos si hubo más de un autor”, señalaron fuentes judiciales.

No obstante, el tiempo transcurrido la causa esta prescripta. Ante ello, Javier, el hermano de la víctima, reclamó un cambio legislativo: “Sería buenísimo para los desaparecidos, para que la gente pueda encontrar a su ser querido y hacer algo si hay algún culpable”.

Las declaraciones de testigos aportaron detalles inquietantes. Un albañil que participaba de la obra en mayo contó que, días antes del hallazgo, Graf sugirió varias explicaciones sobre la presencia de huesos, desde antiguas iglesias o establos hasta un supuesto camión de tierra que habría traído los restos.

Fuentes de la investigación sospechan que, el día de su desaparición, Diego acudió por voluntad propia a la casa de los Graf. Algo habría ocurrido allí que derivó en su homicidio. Ahora, el objetivo de la Justicia es determinar quién fue el autor y cuál fue el móvil.

Mientras tanto, la familia espera poder recuperar los restos para despedir a Diego como se merece. “Necesito justicia por él”, afirmó su hermano.

 

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