MIéRCOLES, 03 DE JUN.

El ícono del jazz bebop y hard bop, Sonny Rollins cumple 95 años

Autor de clásicos como Saxophone Colossus, Oleo y Doxy, su sonido influyó en generaciones enteras. El músico es considerado un puente entre la tradición y la modernidad del jazz.

Theodore Walter “Sonny” Rollins, el último gran referente vivo de la era del bebop y el hard bop, cumple 95 años. Uno de los músicos más influyentes en la historia del jazz es considerado tanto por la crítica como por sus colesgas como “el saxofonista más perdurable” de su generación, por su estilo fluido, sus ideas armónicas innovadoras y su inconfundible sonido que marcaron a varias generaciones de intérpretes y lo consolidaron como una figura esencial en la cultura musical del siglo XX.

Rollins construyó una carrera que lo llevó de acompañar a figuras como Bud Powell, Miles Davis, Clifford Brown y Max Roach a erigirse en protagonista absoluto del instrumento. Su consagración llegó en 1956 con el histórico Saxophone Colossus, disco que lo situó como heredero de Lester Young y Coleman Hawkins y como referencia insoslayable para Wayne Shorter y John Coltrane, con quien grabó ese mismo año el único registro conjunto Tenor Madness.

En 1957 sorprendió con dos hitos: Way Out West y A Night at the Village Vanguard, sesiones en trío sin piano que abrieron nuevas posibilidades sonoras y lo elevaron a la primera línea del jazz mundial. Varios de sus temas originales, entre ellos Oleo y Doxy, se convirtieron en estándares del repertorio.

En 1959 decidió retirarse de los escenarios para repensar su música y durante dos años practicó diariamente sobre el puente de Williamsburg en Nueva York, en una búsqueda espiritual y técnica que desembocó en su célebre regreso de 1962 con The Bridge, junto al guitarrista Jim Hall. No sería la única pausa: entre 1969 y 1971 viajó a Jamaica y a la India, donde profundizó en el yoga y el zen, experiencias que también influyeron en su sonido posterior.

Entre los años setenta y ochenta, su carrera se revitalizó con la firma Milestone, que editó trabajos como The Cutting Edge, grabado en vivo en Montreux, y Don’t Stop the Carnival. Allí fusionó jazz con calipso, funk y post-bop, ampliando su público sin perder rigor artístico. El saxofonista fue además figura habitual de los grandes festivales internacionales y miembro del tour Milestone Jazz Stars, junto a McCoy Tyner y Ron Carter.

Con el correr de las décadas, Rollins mantuvo la vigencia gracias a discos como Easy Living, G-Man, Global Warming, This Is What I Do (que le valió un Grammy en 2000) y Without a Song: The 9/11 Concert (Grammy en 2005).

En 2006 lanzó Sonny, Please a través de su propio sello, Doxy. Poco después inició la serie Road Shows, con registros en vivo que demostraron la potencia de sus conciertos ya entrado en la octava década de vida.

Debido a problemas respiratorios, en 2012 abandonó definitivamente los escenarios, aunque continuó activo en entrevistas, reediciones y homenajes. Dos años antes había recibido la Medalla Nacional de las Artes de Estados Unidos y en el año anterior había sido retratado en el documental Beyond the Notes.

 

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