DOMINGO, 19 DE JUL.

Rosario Sin Secretos: de cómo casi 2 millones de dólares se convirtieron en chatarra, y un barco en un planetario

En España, Carballo, es un municipio español y capital de la comarca de Bergantiños, en la provincia de La Coruña, Galicia. Acá, acompañando a los nombres Luis y Cándido, es el apellido de un intendente que es recordado especialmente por algunas de sus obras y gestiones, entre ellas, el Planetario y Observatorio Astronómico Municipal que alguna vez llevó su nombre.

Aunque en su espacio virtual, el ETUR (Ente Turístico Rosario) señale al Complejo Astronómico Municipal “Galileo Galilei” integrado por el Planetario Municipal de Rosario «Luis Cándido Carballo», el Museo Experimental de Ciencias y el Observatorio Astronómico «Victorio Capolongo», el frente del fascinante edificio recibe a quienes lo visitan con un cartel que no recuerda precisamente a uno de sus principales impulsores, el intendente Luis Cándido Carballo, sino a una de sus iniciativas más criticada y también celebrada: el barco “Ciudad de Rosario”.

Un día como hoy, 64 años atrás, con una Estación Fluvial colmada de felices ciudadanos de todas las edades, receptores de la noticia y la decisión gubernamental, arribaba la impactante nave traída desde U.S.A.

Había costado a las arcas municipales -ergo pagado con las tasas impuestas en ese entonces a los rosarinos, por lo tanto, un barco perteneciente a la ciudadanía en su conjunto-, 1.850.000 dólares, alrededor de 50 millones de pesos de aquella época.

Sin dudas un visionario negocio, hoy con 50 millones de pesos apenas si se pueden adquirir 35.000 dólares. Es más, 3 años después, y luego de haber hecho apenas algunos viajes solidarios, la administración del intendente Luis Beltramo y el Concejo, en el que el joven de 23 años Horacio Daniel Usandizaga consideraba en una ordenanza que el barco no era “útil, necesario ni conveniente”, la motonave con capacidad para 3.000 pasajeros, se vendió por 15 millones de pesos más de lo que se la compró, a la Compañía Transatlantic para hacer el recorrido Colonia (Uruguay) Buenos Aires.

El propio Carballo manifestó, dolido, en esa época: “Es una lástima, este barco debió venderse en 200 millones, esta gente recorrió toda Europa y no consiguió nada similar”.

Pero sin dudas que aquella primavera de 1961 ¡Rosario fue una fiesta!

Eran las 9.45 cuando zarpó de Villa Constitución al mando del capitán de corbeta Eduardo Gentile. Allí cargó a los casi 1.500 invitados especiales, entre los que se encontraban cientos de escolares con su blanco delantal, que tuvieron el privilegio de hacer el viaje inaugural.

¡Qué bueno hubiera sido localizar y hacer un reencuentro con aquellos estudiantes, hoy hombres y mujeres setentones que tendrían tantos recuerdos y emociones para contar!

¡Qué oportunidad social histórica nos perdimos de realizarlo en esta Primavera de año Jubilar y del Tricentenario! Tal vez cuando haya quienes valoren el patrimonio intangible de la historia pueda hacerse realidad este sueño. Por ahora es sólo una manifestación de deseo…

El barco, imponente, venía desde el primer puerto argentino en el estuario del río de La Plata, en Ensenada, Buenos Aires, adonde había arribado procedente de Baltimore, Estados Unidos, con el nombre de “Boston Belle”, denominación que nunca pudieron nacionalizar.

La algarabía popular llenaba todas las calles desde las que se podía divisar la ribera rosarina y miles de pañuelos saludaron su paso.

Los buques allí anclados acompañaban con ulular de sirenas, los automovilistas que acertaban a pasar por la avenida Belgrano con bocinazos y los altisonantes sones de la Banda de Policía, con bombos y platillos, para recibir la buena nueva.

Al día siguiente, en su clásico estilo lingüísto de la época, el Decano de la Prensa Argentina titulaba “Cálida recepción tributóse al buque Ciudad de Rosario”.

En esas mismas páginas, Carballo -a quien acusaban de traer contrabando (un auto, pianos, televisores, ropa y calzado para mujeres, máquinas fotográficas, grabadores, juego para niños, una máquina tragamonedas y hasta las lámparas a gas de mercurio que se encendían con la oscuridad y se apagaban con la luz del día para instalar en la plaza Sarmiento)-, hizo todas las aclaraciones pertinentes al periodismo, y ofreció pruebas y documentos para darle la debida transparencia a su gestión.

Aun así, las posteriores administraciones municipales hicieron ingentes esfuerzos para deshacerse de la majestuosa nave, hasta que en 1970 zarpó hacia la Dársena Sur del puerto bonaerense, no sin antes haber cumplido la misión para la cual fue adquirido: pasear por el río gratuitamente a cientos de niños y jóvenes, para conocer la flora y la fauna autóctona, así como para la realización de algunos encuentros académicos profesionales y bailes de carnaval.

Sin dudas, pudimos llegar a haber sido una réplica de la turística zona de El Tigre, en Buenos Aires, pero la miopía de muchos funcionarios y dirigentes locales, más el golpe de estado a Arturo Frondizi, abortaron la progresista intención del intendente desarrollista.

La foto posteada por Jorge Raúl Digi que grafica la portada de este capítulo, muestra a un magnífico barco “pasado a degüello” en el Riachuelo. Igual destino sufrió el primer “Ciudad del Rosario” en 1982, justo la época en el que Carballo dejaba este plano, joven aún, a los 64 años, y exactamente la misma cantidad de años que se cumplen hoy de su apoteótica llegada a bordo de su “Bella de Boston”.

La Providencia siempre deja sus mensajes en la historia…

Como co-equiper, en esta primavera del “Tricentenario”, y en el Día Internacional de la Paz, participó el escritor y fundador de la filosofía sensacionista, Exequiel Barbero, titular de la primera limusina que llegó a Rosario, también procedente del puerto más importante de la costa en el Pacífico de los Estados Unidos, Los Ángeles.

Pero como a resilientes nadie le gana a los rosarinos, hubo quien, allá por 1964, compró en Brasil un barco en desuso, con menos capacidad que el original, claro, era para 300 personas, y lo hizo remolcar hasta los Astilleros Righetti S.R.L., desaparecidos en 2008, justo un año después que el Barco “Ciudad de Rosario” original fuera desguazado en Buenos Aires y convertido en chatarra.

Hugo Oficialdegui fue quien acudió al astillero que estaba en Génova y bulevar Avellaneda, donde en la actualidad funciona una arenera, e hizo reacondicionar y poner a punto de estreno al nuevo navío al que bautizó igual que el de Carballo, y que arrancó en 1971 su prolífera y próspera vida útil.

Una imponente foto conservada en el Museo de la Ciudad, perteneciente al valiosísimo archivo de un imprescindible rosarino que aún no tiene una calle con su nombre, Wladimir Mikilievich, nos trae la postal de otro tiempo en el que el nuevo “Ciudad de Rosario” surcaba el río majestuoso Pariente del Mar (Paraná).

Esto fue hasta el 2020, año en el que la “pandemia” paralizó al mundo. Luego, la bajante histórica del río impidió que regresara a estas costas y desde entonces permanece en el canal de Las Lechiguanas (del quechua lláchiwána, “avispa que produce miel”), cerca de El Charigué (“el ñandú que alguna vez estuvo”), en el archipiélago del delta por el brazo del Paraná Viejo, donde se haya el fabuloso museo de los herederos del pintor de las islas, Raúl Domínguez. “Hermano” del Museo que, fatídicamente, fue cerrado en la misma Estación Fluvial que recibió a Carballo y a su enorme comitiva, un día como hoy, en 1961.

¿Por qué lo bueno cae en el olvido? Debiéramos conseguir, para honrar a su desaparecida directora por años, Graciela Domínguez, que este lugar se reabriera.

Y también que el Planetario recupere el nombre del intendente Luis Cándido Carballo, que supo escuchar a Victorio Capolongo, el director de la Asociación Astronómica, Filosófica y Cultural Cosmos, quien desde 1941 iluminaba con sus conocimientos desde una casa de altos en Sarmiento, casi Rioja, y con quién trabajó activamente su secretario de Obras Públicas, el “sordo” Hugo Marcuzzi.

En la siguiente foto, gentileza del pintor y poeta Angelito Travella, a quien enviamos un saludo en el Día Internacional del Artista Plástico, vemos a José Simonetta, A. Pampaluna, con Capolongo y Marcuzzi, y también José Alfredo Serra y Ustarán Rolando Viana, pilares fundamentales de la concreción, junto a muchos otros casi olvidados, de este magnífico legado del que hoy podemos disfrutar, aunque sea, sólo los fines de semana y feriados.

Por estos días, ha surgido la noticia del incordio en el que se encuentra el barco bautizado con el nombre del que recordamos en este día, con falta de fondos para costear la verificación obligatoria que solicita la Prefectura Naval Argentina, de alrededor de 45.000 dólares.

Y acá tenemos un problema como “el del huevo y la gallina”. Para recaudar, la nave debe navegar y funcionar en el circuito turístico, y para sacarla del atolladero y lograr la habilitación, es necesario pagar el dinero requerido, lo que no se lograría si no se realiza antes lo primero.

Las gestiones realizadas por los empresarios ante el ETUR, la provincia, la municipalidad y el ENAPRO aún no han obtenido respuestas concretas, y el tema de la necesaria habilitación por parte de Prefectura mantiene en suspenso cualquier resolución al respecto.

Fue el propio coordinador regional de Turismo de Santa Fe, Raúl «Pino» Cuadrado, quien destacó el “negocio redondo” que significaría el corredor turístico Paraná Sur, el año pasado durante la Feria Internacional de Turismo (FIT).

Excelente idea que lograría que la llamada “Hidrovía” no se utilice sólo para el paso de grandes cargueros transportando las riquezas del país y recupere la plena potencialidad de su aprovechamiento deportivo, turístico, de recreación y promoción de nuestras múltiples bellezas naturales.

Todo esto, sumado a la puesta en marcha de la licitación para rehabilitar todo el frente costero en la terminal fluvial que permitirá el amarre de cruceros nacionales e internacionales.

Sólo muere lo que se olvida, y sólo se oxida lo que se abandona, por lo tanto, recuperar el patrimonio cultural debería ser prioridad. Como lo fue en su momento, cuando la gestión de Carballo, ese intendente ejecutivo que se ponía al frente de las iniciativas, que nunca dejó de manejar su antiguo Falcon, que ordenó el tema de la basura incorporando camiones para desplazar a los viejos carros municipales tirados por caballos, que organizó y dinamizó el transporte, que impuso los primeros taxis negros y amarillos del país; que arrancó la construcción del Teatro Griego, el Anfiteatro “Humberto De Nito”, tristemente tapialado hoy con chapas en su derredor; que proyectó las avenidas de ingreso a la ciudad e inició los grandes emisarios para terminar con las inundaciones, a pesar de los tres cortos períodos en los que le tocó convertirse en el Lord Mayor de Rosario, y que le dio vida al más maravilloso Complejo Astronómico de Sudamérica.

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Su visión de estadista quiso convertir a la ciudad en un polo de atracción turística por excelencia que, de haber sido continuado, estaría “ganando por primera”, como en el truco, a las exitosas experiencias de los carnavales de Corrientes y Gualeguaychú.

Tal vez vaya siendo hora de recrear aquellos Centros de Estudios Nacionales en los que actuó este intendente, como organización de investigación y debate político para estudiar y debatir los problemas del país y la región. Quizás así, con menos virtualidad y más virtuosismo, no se produzca tanta deserción a la hora de sufragar y cumplir con el deber y el derecho democrático de elegir bien a quienes conduzcan nuestros destinos.

En tanto, la primavera nos invita a recorrer el verde y anchuroso espacio que hoy llamamos Urquiza, sin olvidarnos que fue inaugurado con un nombre más bello, humanista y necesario de poner en práctica de manera inminente, el Parque de los Derechos de la Ancianidad.

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