Crisis económica sostenida: “La salud mental es una de las primeras cosas que quedan relegadas”
El psicólogo Federico Scirett realizó un profundo análisis sobre cómo están viviendo los argentinos la crisis económica. "Cuando la situación es compleja no hay tiempo, hay que actuar. El problema tiene que ver con que hay un porcentaje muy alto de la población que la está pasando mal".
- Info general
- Por Gisela Gentile
- Sep 27, 2025
Los síntomas de ansiedad y depresión en los argentinos aumentaron significativamente entre 2010 y 2024. Así lo determinó un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA). El estudio que se publicó a fines de agosto mostró un malestar psicológico y alertó sobre la presencia de síntomas de ansiedad y depresión.
Claro está que esta situación no es nueva para los argentinos que -en las últimas décadas- han tenido que enfrentar «angustia» producto de la crisis social. En este sentido «existe la certeza de lo que ocurre duele, sumado a la incertidumbre de no saber cuándo termina, sin perder de vista que hace tiempo se la viene remando» expresó el psicólogo Federico Scirett en diálogo con Conclusión.
«Asociamos el concepto de calidad de vida y tenemos que contraponerlo a la vulnerabilidad social. Estas situaciones emergentes de angustia, producto de la crisis social, se manifiestan en función a que esta vulnerabilidad está afectada por varios elementos».
El profesional profundizó sobre los nomencladores sociales que sirven de registro: «Uno de ellos es la crisis económica, que viven los sujetos de las sociedades, desprotecciones a las institucionales, poco acceso a la educación y, justamente, una de las más importantes que también se está viviendo a nivel contextual, que es la vulnerabilidad de derechos en términos de salud».
Según Scirett, esta situación no es nueva. «Es algo que viene arrastrándose desde el periodo de pospandemia», agregando que lo que ocurre en un principio es la manifestación del estímulo. «Aparece el estímulo de la desesperación, que es el que nos convoca a ocuparnos para salir de la adversidad. Entonces, uno diagrama cierto norte, toma decisiones y dice <bueno, es por acá>».
Pero cuando ese `es por acá´ no llega, todo se complejiza. «Uno empieza a vivir la certeza que lo que lo desespera es lo cotidiano y es lo real, y a partir de ahí, aparece una crisis de angustia sostenida en el tiempo, dónde tampoco hay tiempo para detenerse a resolver eso. Entonces, cuando hablamos de calidad de vida, lo que ocurre es todo lo contario, hay una contraposición a eso».
En ese marco, se juega también, muy profundamente, la cuestión de la salud mental, «precisamente porque es una de las primeras cosas que quedan relegadas en un contexto de crisis económica sostenida».
En ese sentido, el profesional apuntó, en pos del concepto actual de salud mental, que es «integral, ya que la salud es bio, psico, social y es parte de cómo vivimos lo que sucede, remarcando que el sistema de salud está saturado».
«Hoy el sistema de salud trabaja -en los efectores públicos– desde la asistencia de la urgencia, con todo lo que tiene que ver con la erosión de las políticas de Estado que van de la mano de la vulnerabilidad social. A eso hay que sumarle la crisis económica, donde las personas han tenido que darse de baja de una prepaga porque no pueden afrontar el costo, la precarización laboral -que provoca la deserción de profesionales-, que se ven inmiscuidos en la misma crisis».
Entonces, en función de eso, explicó que la asistencia que se da en salud mental es desde la urgencia, abocándose a situaciones límites y eso implica que no se puede trabajar desde la prevención y promoción.
Al profundizar en ello, el psicólogo comentó que un espacio terapéutico es preventivo, no hay que ir sólo cuando aparece el sufrimiento. «Pero, no hay tiempo de ocuparse de ello, por estar en un estado de supervivencia plena. Porque por ejemplo, hay que tener dos trabajos porque no alcanza para vivir».
Otro dato no menor es que las infancias y las adolescencias se vean afectadas subjetivamente por el impacto de la crisis. «Figuras parentales que tienen una disposición amorosa, pero que también tienen que estar más fuera de casa que adentro, porque a su vez quienes antes podían cumplir un rol de asistencia afectiva, que eran los abuelos, también se ven en la obligación -quienes tienen las facultades físicas de salud para poder hacerlo- de seguir siendo productivos en el mercado laboral para poder costar una calidad de vida».
El profesional explicó que a raíz de eso aparece indirectamente cierta desprotección para con ese otro: «No se trata sólo de falta de voluntad, sino que cuando uno vive una crisis, intenta sobrevivir, no hay tanto tiempo para detenerse en ese ejercicio -que hoy en día muchos discursos nos suministran- de la autoobservación. Es decir, plantearnos qué me pasa con lo que pasa. Cuando la situación es compleja no hay tiempo, hay que actuar. El problema tiene que ver con que hay un porcentaje muy alto de la población que la está pasando mal».
Para finalizar, Scirett consideró que la crisis aborda tópicos transversales para poder hablar de lo que hoy en día es una <buena calidad de vida>. «Tiene que ver con todos los factores que hoy nos generan inestabilidad, esa incertidumbre de cuándo va a pasar, mientras que lo estamos viviendo desde hace mucho tiempo con una certeza en función a nuestra vida«.


