DOMINGO, 19 DE JUL.
Entrevista

El amor y el desamor, explicados desde la ciencia: “Lo que se enamora es todo lo que somos”

El científico Juan Bonnin -coautor del libro “No sos vos, soy yo: qué nos enseña la ciencia sobre el amor y el desamor” junto a Fabricio Ballarini- mantuvo una entrevista exclusiva con Conclusión.

 

¿El amor está en el corazón, como suele ilustrarse, o se desarrolla desde el cerebro? ¿Puede sectorizarse en el cuerpo de esta manera o es un reduccionismo? ¿Es correcto hablar de un único amor destinado a todos los vínculos o hay diferencias científicamente comprobables entre amar a un amigo, un familiar o una pareja? Dos científicos del Conicet permiten acercarse a algunas respuestas.

El biólogo Fabricio Ballarini y el lingüista Juan Bonnin publicaron meses atrás “No sos vos, soy yo: qué nos enseña la ciencia sobre el amor y el desamor”, un libro que aborda los interrogantes antes nombrados y acerca información “para entender lo que nos pasa cuando nos enamoramos».

Bonnin visitó recientemente la Feria Internacional del Libro de Rosario y conversó en exclusiva con Conclusión, donde desglosó este trabajo en el que se unen la neurociencia, el lenguaje, la biología y la cultura para explorar el amor.

“Hay una fantasía de que las cosas suceden en un solo lugar, entonces se asigna la razón al cerebro y la pasión al corazón. Eso es un mito, el corazón se ocupa de que la sangre llegue a todos lados y el cerebro de procesar estímulos eléctricos; de generar información y razonar, pero no existe dentro de un frasco, sino que está moldeado desde que nacemos por la cultura en la que vivimos, la lengua en la que hablamos y las relaciones de las que participamos”, apuntó.

“Entonces -continuó-, lo que se enamora es todo lo que nosotros somos: nuestro cuerpo físico, el corazón que bombea sangre; nuestro cerebro, que procesa información y genera respuestas, pero también todas esas relaciones sociales y culturales que nos forman y que le dicen al cerebro cómo tiene que funcionar”.

El científico del Conicet explicó además la diferencia entre las emociones y los sentimientos. No es lo mismo el flechazo que se siente al estar enamorado, “que puede ser una reacción bioquímica a un estado o una situación”, que aquello que llamamos “el amor”, que es “mucho más complejo”.

Asimismo, detalló que existen distintos tipos de amor: “Por un lado, el amor de compañía, que es aquel que uno tiene con los amigos. Por ahí no me veo un mes con ellos, pero un día nos encontramos y es como si no hubiese pasado el tiempo”.

“Otro -siguió- es el amor incondicional, que es el amor que sentimos por las personas que nos necesitan, como alguien que no puede valerse por sí misma. Es un amor que se da sin esperar nada a cambio”.

“También existe lo que se conoce como amor materno o paterno. Está observado en estudios cómo las madres o los padres, al pensar en sus hijos o hablar de ellos, activan regiones cerebrales que no activa el resto”, agregó.

“Por último -completó-, está el amor romántico, que es el de pareja; que tiene una orientación reproductiva, aunque no exclusivamente, y que es una forma mucho más elaborada entre los seres humanos que entre otros mamíferos”.

Todos estos diferentes tipos de amor, detalló, activa distintos conjuntos de zonas del cerebro. La interacción varía dependiendo del vínculo. “Si le hacés una resonancia a la persona, la máquina estadísticamente descubre en qué estás pensando, es loquísimo”, destacó Bonnin.

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