Quinta a fondo por la cuarta
A casi un año de las próximas elecciones en Brasil, Lula da Silva anunció su candidatura para una cuarta presidencia. Cómo juega la arena internacional en el escenario interno brasileño. Los dilemas de la derecha.
- Internacionales
- Por Santiago Toffoli
- Oct 26, 2025
Brasil es un país que no le queda para nada grande la caracterización de subcontinente. Sin embargo, fue recién en 2003 cuando adquirió un perfil internacional alto, con vistas a convertirse en un jugador global que se siente en la mesa de las grandes potencias mundiales, a vincularse de igual a igual. Ese año inició el primer mandato de Lula da Silva quien, lejos de concentrarse únicamente en el frente interno, mantuvo permanentemente en sus dos mandatos y medio el afán de ubicar a Brasil en el escenario protagónico del sistema global. Discusiones sobre la gobernanza global, el liderazgo en los organismos regionales y la diversificación de los vínculos internacionales son ejemplos de los cambios que Brasil experimentó en su política exterior desde que el Partido de los Trabajadores (PT) llegó al Planalto.

Lula anunció en una visita a Indonesia su decisión de ser candidato en las elecciones presidenciales del año próximo, en un movimiento que tuvo diversas consecuencias en el escenario nacional de Brasil, pero también en el internacional. Y que también se explica por ambas variables. El anunció ocurrió durante una conferencia de prensa con su anfitrión, Prabowo Subianto, el Jefe de Estado de una nación que, como Brasil, busca acomodarse en el sistema internacional a partir de su peso demográfico, su referencia entre los países islámicos no árabes, su pertenencia a una de las zonas más dinámicas del mundo en materia económica, y su relativa autonomía estratégica.

El plano internacional es un factor clave para entender este anuncio de Lula, que mostró permanentemente señales de que encararía la campaña por la reelección pura y exclusivamente si el escenario era amigable como para aumentar las chances de un triunfo. Ese escenario se dibujó, entre otros factores, gracias a Donald Trump.

El Presidente estadounidense anunció, entre julio y agosto, aranceles generales del 50% sobre las exportaciones de Brasil a Estados Unidos. Fue una total injerencia en los asuntos políticos internos de Brasil., ya que el motivo fue la condena a Jair Bolsonaro por los acontecimientos de enero del 2023. El ex capitán del Ejército fue encontrado culpable de coordinar acciones para impedir que Lula asuma su tercer mandato, luego de que ganar por un estrecho margen a fines de 2022.

La postura de Trump con respecto a Brasil por la causa Bolsonaro generó que Lula encuentre las condiciones para mostrarse como el defensor de la soberanía brasileña y del derecho de su país de juzgar los delitos contra el sistema democrático. El matonismo de Trump se encontró con un Lula siempre respetuoso pero nunca dubitativo, firme pero nunca jugando para la tribuna, que terminó generando elogios por parte del neoyorquino al pernambucano luego de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Un pequeño encuentro hizo que Trump baje el tono, aunque los aranceles sigan vigentes.

Lula también entiende que el clan Bolsonaro, caído en desgracia a partir de la prisión del patriarca, le subió el pedestal a su rol de defensor de la soberanía nacional que se mencionó algunas líneas más arriba. Eduardo Bolsonaro, desde Texas, festejó el arancelazo trumpista y justificó las medidas anti brasileñas de la Casa Blanca para defender a su padre.
#LaDeclaración ¿Qué dijo el congresista brasileño Eduardo Bolsonaro al asegurar que se eliminarían los aranceles impuestos por Donald Trump contra Brasil si se aprueba una amnistía para su padre, el expresidente Jair Bolsonaro? pic.twitter.com/nkQecEfbcp
— Foreign Affairs Latinoamérica (@ForeignAffairsL) July 23, 2025
Por si fuera poco, en otra muestra de cómo la política exterior de Lula siempre fue un activo político al interior de su propio país, ahora Flavio Bolsonaro (senador, el hijo más grande de Jair), sugirió que Estados Unidos haga lo mismo que está haciendo en el Caribe pero en la Bahía de Guanabara, en Río de Janeiro. Nos referimos al tremendo despliegue de las fuerzas estadounidenses en el Caribe en su supuesta lucha contra el narcotráfico, que muchos interpretan como una medida de presión contra Nicolás Maduro en Venezuela pero que ahora también tensionó el vínculo con Gustavo Petro, el Presidente de Colombia. Petro fue sancionado personalmente por el gobierno estadounidense el último viernes.
Senador Flávio Bolsonaro compartilha postagem do ministro de Guerra dos Estados Unidos e pede que forças norte-americanas ataquem barcos na Baia de Guanabara, no Rio de Janeiro. pic.twitter.com/PgP2lo8VC8
— Renato Souza (@reporterenato) October 23, 2025
Hasta el cierre de esta nota, ya se contabilizan 10 ataques norteamericanos a pequeñas embarcaciones con supuestos cargamentos de drogas y supuestos narcotraficantes a bordo. Muchos “supuestos” en operaciones en las que ya fueron asesinadas 43 personas, sin interrogatorio, ni proceso judicial, y sin demostrar su pertenencia al crimen organizado. Esta situación se está volviendo muy compleja. Estados Unidos no solo atacó en el Caribe, sino que también impactó embarcaciones en el Pacífico, y anunció el envío del portaaviones Gerald Ford a la zona, capaz de albergar 5000 tropas y más de 50 aeronaves de combate.
El Gobierno de Trump tensa al máximo la condición de América del Sur como una zona de paz entre países, y a Flavio Bolsonaro le gustaría ver los destructores estadounidenses frente a las playas cariocas. El clan sigue siendo el principal impulsor de la popularidad de Lula y su papel como vigilante del orgullo y la autoestima de Brasil.
#EnVideo | Con la destrucción de otra «narcolancha» la noche de este 23 de octubre, el Ejército de Estados Unidos asegura que ha hundido 10 embarcaciones y matado a 43 supuestos narcotraficantes en aguas del Caribe y del Pacífico, en una nueva etapa de su «guerra contra las… pic.twitter.com/mHFK00cXgh
— Efecto Cocuyo (@EfectoCocuyo) October 24, 2025
El anuncio de la candidatura de Lula también es un mensaje para Donald Trump, con quien se encontrará en Malasia en el marco de la gira asiática por la cumbre de la ASEAN. Todo indica que la reunión será el domingo 26 de octubre, mientras Argentina vota en las legislativas. El líder brasileño volantes ese vínculo de manera tal que es el único Jefe de Estado sudamericano que hoy tiene la capacidad y la voluntad de hablarle de igual a igual a Donald, que está acostumbrado a tener únicamente empleados, esclavos o enemigos en nuestro continente. Aunque algunos sean más dignos que otros.
Finalmente, el mensaje que dio Lula anunciando su candidatura tiene también como destino a la derecha brasileña. Con Bolsonaro fuera de juego y con prisión confirmada, todavía no hay consenso sobre quién podría enfrentar al Presidente en las elecciones del año próximo. Lula se subió al ring sin que del otro lado puedan, al menos todavía, ponerse de acuerdo para subir a su contendiente. La candidatura del gobernador de San Pablo, Tarcísio de Freitas, ya no es número puesto a partir de que él mismo declaró que podría ir por la reelección paulista el año que viene. Los gobernadores Ratinho Junior (Paraná) , Ronaldo Caiado (Goiás) y Romeu Zema (Minas Gerais) no terminan de despegar en los sondeos y, aunque las encuestas vienen equivocándose seguido, todas coinciden en que ninguno llegaría ni siquiera a disputar una segunda vuelta con Lula. La ex primera dama Michelle Bolsonaro y los hermanos trumpistas Flavio y Eduardo, hacen ruido como para meter púa pero nadie termina de tomarlos en serio para semejante contienda contra el ex obrero metalúrgico, próximo a cumplir 80 años.
Esto supone un dilema para la derecha. Los Bolsonaro tienen el apellido y la mayor capacidad de ganarse a los adeptos de su padre, pero quedaron jugados en la capacidad de ampliar la base de una eventual candidatura cada vez más alejada del centro. Ciertamente, el cipayismo explícito de las últimas semanas no colaboró demasiado.

Lula da Silva puso en marcha el engranaje de cara a las elecciones del año que viene con el anuncio de que buscará una cuarta presidencia, algo inédito en Brasil. El papel que juega la política exterior de su gobierno y el alto perfil internacional que su país alcanzó en cada una de sus presidencias, es un factor clave para entender por qué el Presidente de Brasil percibe que el escenario, a diferencia de hace 6 meses atrás, juega a su favor.

