JUEVES, 04 DE JUN.

«Vengo a proponerles un sueño»: se cumplen 15 años del fallecimiento del ex presidente Néstor Kirchner

La mañana de un 27 de octubre como hoy, pero de 2010, fallecía de una insuficiencia cardíaca a los 60 años en el Hospital José Formenti de El Calafate el ex presidente, quien levantó económicamente al país tras la crisis de los primeros años de los 2000 y revalorizó la política en Argentina.

 

En un lunes todavía sacudido por los resultados electorales de las Legislativas 2025 -y el magro desempeño del peronismo-, se cumplen 15 años del fallecimiento del ex presidente Néstor Kirchner, quien levantó económicamente al país tras la crisis de los primeros años de los 2000 y revalorizó la política en Argentina.

La mañana de aquel 27 de octubre como hoy, pero de 2010, mientras el país esperaba para realizar el Censo, todos los televisores, portales y radios dieron a conocer una noticia que sacudió a todos: el fallecimiento en El Calafate del ex mandatario y esposo de la entonces actual presidenta, Cristina Fernández de Kirchner.

El diagnóstico fue un “paro cardiorrespiratorio no traumático, que no respondió a las maniobras de resucitación básica y avanzada”.

Kirchner, a los 60 años, ingresó esa mañana a la clínica trasladado por una ambulancia y acompañado por Cristina, tras haberse descompensado durante la madrugada, y no pudo ser reanimado.

Miles de argentinos acudieron hasta la Casa Rosada a darle el último adiós al ex presidente, y en el Salón de los Patriotas Latinoamericanos, habilitado como capilla ardiente, concurrieron multitudes para despedir al ex líder del Partido Justicialista y expresar sus condolencias a la presidenta y viuda, Cristina, con sus hijos Máximo y Florencia.

La multitud colapsó la Plaza de Mayo y parte del centro de la ciudad de Buenos Aires. Al igual que en las exequias realizadas a los expresidentes Juan Domingo Perón en julio de 1974 y Raúl Alfonsín en marzo de 2009, se hizo presente una persistente lluvia durante el velatorio, pero esto no fue suficiente para dispersar a la multitud.

Entonces, el Gobierno argentino decretó tres días de duelo nacional, según lo establecido por el decreto 1560 firmado por la presidenta, abarcando los días 27, 28 y 29 de octubre. En esos días, la actividad laboral en escuelas y bancos fue normal, teniendo en cuenta las jurisdicciones donde no hubo clases el jueves 28 debido al censo nacional, realizado el día anterior.

Filas de simpatizantes se formaron desde la noche anterior a las puertas de la Casa Rosada, que fueron abiertas a las 10 de la mañana para dar paso a las expresiones de solidaridad. A las 11.20 de la mañana entró hasta el salón la presidenta acompañada de sus hijos, así como de su madre Ofelia Wilhem, haciéndose un silencio general en el salón. La viuda caminó hasta el féretro y lo acarició. El silencio lo rompió una voz anónima que gritó “Viva Cristina, viva Néstor” momento en que fue secundado por los presentes y la presidenta se recargó en el hombro de su hija.

Néstor Kirchner había asumido como presidente el 25 de mayo de 2003, con tan solo el 22 por ciento de lo votos y en medio de una crisis económica que tenía a medio país sumido en la pobreza. En su discurso de asunción, día que comenzó a cambiar la historia de la Argentina, expresó, para sorpresa de muchos que desconfiaban su llegada al poder de la mano de Eduardo Duhalde, «vengo a proponerles un sueño», deseo que cumplió para muchos argentinos en los cuatro años de su gobierno, en que miles de invisibles volvieron a tener identidad, un lugar en la sociedad y recuperaron derechos.

Nacido el 25 de febrero de 1950 en Río Gallegos, ejerció la presidencia de la Nación entre 2003 y 2007; durante tres períodos gobernó la provincia de Santa Cruz (1991-1995; 1995-1999; 1999-2003) y fue intendente de su ciudad natal (1987-1991).

Además se desempeñó como convencional constituyente de la Asamblea que reformó la Carta Magna en 1994; resultó electo diputado en 2009 por la provincia de Buenos Aires y ejerció la secretaría general del bloque regional Unasur, función que cumplía al momento de su deceso.

Al llegar a la Casa Rosada, Kirchner «tenía más desocupados que votos», como suele recordar Cristina, que lo sucedió al frente del Gobierno tras imponer en las elecciones presidenciales de 2007.

Sin embargo, el dirigente patagónico se preocupó desde un primer momento en acumular capital político y la relación que estableció con las organizaciones sociales resultó vital para oxigenar al gobierno en sus primeros meses de gestión.

Negociar una quita para la deuda que Argentina había dejado de pagar en 2001; propiciar el cambio de la Corte Suprema e impulsar la anulación de las leyes de Obediencia Debida, Punto Final y los Indultos de Carlos Menem fueron los ejes de los primeros meses de gobierno.

Su gestión logró, en 2005, un primer canje de la deuda en el que ingresaron el 76% de los acreedores privados y al cancelar las obligaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI), alcanzó un superávit fiscal e incrementó las reservas monetarias del país.

En las elecciones legislativas de ese año rompió la alianza que mantenía con el ex presidente Duhalde, y obtuvo un categórico respaldo en las urnas. El alejamiento de Roberto Lavagna, ministro de Economía (quien se había desempeñado también durante el gobierno anterior y negoció el canje de la deuda) no le impidió al país mantener una tasa de crecimiento de 9% hasta 2007.

Con esos índices favorables en cuanto a lo económico se redujeron -en la gestión de Kirchnerla desocupación, los índices de pobreza y aumentaron las exportaciones y la producción industrial.

En materia internacional buscó la unidad regional y el acercamiento con los gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva, en Brasil, y Hugo Chávez, en Venezuela, con quienes constituyó una importante alianza estratégica.

En base a ese entendimiento, los países del Mercosur rechazaron la constitución de un acuerdo de libre comercio que Estados Unidos quería imponer para todo el continente americano en la cumbre de Mar del Plata realizada en 2005.

Kirchner dejó el gobierno en 2007 en manos de Cristina, que en octubre de ese año resultó electa como presidenta por el 47% de los votos, pero mantuvo su liderazgo al frente del proyecto político que encarnaba el Frente para la Victoria.

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