MARTES, 20 DE OCT.

Rosario Sin Secretos: la 17.987, una ley “on the rock”, que “alumbró” a la UNR

“De eso no se habla”, se ha dicho en voz baja, sobre los orígenes del nacimiento de la Universidad Nacional de Rosario. Pero haciendo honor a la verdad, y como nos gusta bucear en los orígenes, vaya esa anécdota que también forma parte del “Tricentenario”.

 

Siempre decimos que “Rosario no se hizo sola”, la hicieron miles y miles de personas, personajes y personalidades que tuvieron una acción clave en algún momento para la realización de los hechos que permitieron este, nuestro maravilloso presente.
Que la Universidad Nacional de Rosario es un semillero de valiosísimos y destacados profesionales, valorados y valorizados en todo el mundo, nadie lo duda. Pero eso no es óbice para que no conozcamos, y disfrutemos, una anécdota real que pudo y permitió darle vida.

Podríamos iniciar la nota cantando: “¡Tómese otro vaso, otro vaso, de whisky!”, parafraseando el cancionero popular que alegremente se entonaba en antiguas reuniones familiares y con amigos: “¡Tómese otra copa, otra copa, de vino! ¡Ya me la tomé, ya se la tomó! ¡Y ahora le toca al vecino!”, y así iba pasando “la sangre de Jesús” para animar el festejo etílico. Si la leyó, cantándola, ¡alégrese! ¡No sólo tiene oído sino también visión musical!
Ya lo hemos escrito en un capítulo de Rosario Sin Secretos el año pasado pero, como dice Chiquita Legrand, “el público se renueva”, así que ahí va.

Un dirigente católico, nacido en Totoras, con fuerte militancia juvenil en las luchas por la enseñanza libre universitaria en 1958, doctor en Ciencias Económicas y contador público nacional de la Facultad de Ciencias Económicas de Rosario, egresado de la entonces Universidad Nacional del Litoral, fue quien nos contó la anécdota.

Miguel Alfredo Chiarpenello, quien como ex alumno del Colegio Sagrado Corazón narraba a quien quisiera escucharlo como fue que, en pleno vuelo, junto a otras personalidades que viajaban con el presidente de facto Juan Carlos Onganía hacia Buenos Aires, lograron -tras servirle varios “on the rock”- que firmara y avalara el proyecto presentado para la creación de la Universidad Nacional de Rosario. El proyecto se convirtió en ley, la 17.987, del 29 de noviembre de 1968, y “alumbró”, le dio vida, a la Universidad Nacional de Rosario.

Quien esto escribe lo supo en el año 1999 cuando se nos convocó a realizar la investigación histórica y periodística, y redacción del Libro de Oro del Centenario del Sagrado Corazón, el emblemático colegio de los padres bayonenes, que arrancó en su primer capítulo con el título: “Un Santo llamado Miguel” para referirse a la vida de Miguel de Garicoits, el Santo del “Heme aquí” y del FVD (Fiat Volutas Dei, Hágase tu Voluntad), hijo de Arnaldo Garicoits y Graciana Etcheberry, que nació como pastor de ovejas y terminó siendo pastor de almas, fundando una de las congregaciones más universalistas del clero católico.

La pintoresca anécdota era contada entre pares y amigos al son del “Arrequete chipe chipe chipe, paso con Deiro, uno con dos, dos con uno, Corazón, Corazón, Sagrado Corazón” que los bulliciosos estudiantes, todos varones en aquella época, cantaban gracias a la letra y música de Juan José Ponzio, bajo la condescendiente sonrisa del inefable y recordado “hegmano” francés, Juan Casaubon.

Puesto en funciones José Luis Cantini, durante el gobierno de facto de Onganía, como primer rector de la UNR, Chiarpenello fue secretario de Economía y Finanzas, decano de Ciencias Económicas, vicerrector y rector interino, y tuvo una prolífica actuación académica.
Fue también Chiarpenello autor de la letra, con música del inolvidable profesor Carlos Gantus, del himno de la casa de altos estudios, estrenado en una colación de grados de Ciencias Económicas el 3 de julio de 1981, bajo la dirección de Gantus -director, entre otros, del Coro de la UNR, el Suizo y el Zazpirak Bat-; la vicedirección de Miguel Ángel Carraro, la ejecución del pianista Horacio Basaldúa y la voz del tenor Miguel Ángel Drappo.
El estreno del himno se realizó, exactamente, en el mismo ámbito en el que nació, para todo el país, la carrera de Estadística, aliada incondicional de todo buen trabajo de investigación.

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Además Chiarpenello escribió varios libros, uno de ellos “Rosario, Testimonios de una historia conmovedora”, que narra su incansable búsqueda de la imagen “original” de Nuestra Señora del Rosario, que fue sustituida por la encargada por el párroco Francisco Cossio y Terán que había llegado desde Cádiz, España, el 3 de mayo de 1773, y fue recibida por el sobrino del cura, y pastor de la feligresía en esos momentos, Miguel Escudero.

Esta última imagen de la Virgen del Rosario es la primera adquirida, y lo fue por suscripción popular, dando idea esto de la profunda fe que entonces reinaba por estas tierras en aquellos remotos tiempos de nuestra historia.
Cuando Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano -ferviente mariano- llegó al Curato del Pago de los Arroyos, aquel 7 de febrero de 1812, la visitó y vio con sus propios ojos, encomendándose a ella, en la entonces capilla de adobe y paja del Rosario.
¿Habrá sido su inspiración la que lo movió a convertirnos en Cuna de la Bandera? ¿Será por eso que no sólo es Patrona sino que se la considera Fundadora? ¿Tendremos que dejar de decir que no tenemos fundador ni fecha de fundación, o finalmente convencernos que la fundación del Rosario fue Divina?

Por esas cosas que tiene la Providencia, el contador Chiarpenello que llegó a ser subsecretario de Estado en el Ministerio de Cultura de la Nación, decano de Ciencias Económicas (donde actuó también como profesor titular de Economía Argentina, presidente del Comité Ejecutivo Honorario, presidente de las Jornadas de Economía Argentina y director de la revista de la casa de estudios), consideró haber dado con su “imagen olvidada” al encontrarla en el Instituto Cristo Rey, de Roldán, producto de la donación, en custodia, de Rosa Antonia Judith Picabea de Vitri, por herencia directa de sus primeros propietarios, María de las Mercedes Cabral y José Justo Leiva quienes la conservaban, después de habérselas adquirido a unos aborígenes, por algunas onzas de oro. El primer lugar dónde se la honró fue en ese hogar de los esposos Leiva, levantado en Coronda, una ciudad que tanto tiene que ver con los orígenes de Rosario.

En esta fotografía tomada por la doctora Marina Gil, podemos admirar la talla de madera labrada en Palo de Yerba por manos calchaquíes que permaneció por más de 200 años en poder de una tradicional familia y, desde 1983, puede visitarse, con la debida anticipación de hacerlo a los responsables de la custodia, en la vecina Bernstadt (hoy Roldán).

Una visita al lugar de la Asociación Amigos del Museo de la Ciudad “Wladimir Mikilievich” inspiró la creación de una subcomisión abocada a estudiar e investigar el tema por cuanto han aparecido, en los últimos tiempos, algunos testimonios análogos sobre otras “vírgenes originales”, de las que seguramente hablaremos en otros capítulos de Rosario Sin Secretos.

Volviendo al tema de la Universidad Nacional de Rosario, es bueno reconocer que nuestra ciudad fue consuetudinariamente postergada por Santa Fe y Buenos Aires. Se evidencia al conocer los prolegómenos de la creación de la UNR, ya que cuando se crea la Universidad Nacional del Litoral ya existían en Rosario tres facultades: Ciencias Médicas, Ciencias Económicas y Ciencias Matemáticas, y de estas dos últimas dependían el Superior de Comercio y el Politécnico, respectivamente, una especie de “NOB y Central de la intelectualidad”.

El año 1919 marca el inicio de la de Ciencias Médicas, de la que dependían los hospitales escuelas del Centenario y José María Fernández (hoy Eva Perón), en Granadero Baigorria; 1921, los primeros cursos en la Escuela de Odontología que pasó a ser facultad cuando en 1957 comenzaron las obras del edificio de 9 plantas inaugurado en 1959 con Arturo Frondizi como presidente; bajo el mandato presidencial de Juan Domingo Perón, en 1947, la de Filosofía; en 1951, nace el Instituto Superior de Música, y en 1967, la de Derecho y Ciencia Política, existiendo diversas escuelas e instituciones que se fueron fusionando o independizando con el tiempo.

Y si nos vamos más atrás, el senador Joaquín V. González, y los diputados Estanislao Zeballos y Rafael Castillo habían presentado en 1913 un proyecto de creación. Incluso la ley 10.861 del diputado Jorge Raúl Castillo de 1917 fijaba el asiento de la Universidad Nacional del Litoral en Rosario, sueño postergado por varios años hasta que, en un vuelo y una circunstancia muy particular, se decidió el destino para que miles y miles de profesionales pudieran egresar de la magna institución que tantas mentes brillantes aportara a la Humanidad a nivel internacional.
Por todo esto, ¡feliz cumpleaños, Universidad Nacional de Rosario! Y en el Día Nacional del Mate, brindamos con un “ílex paraguariensis”, este “oro verde” que los conquistadores bautizaron así para nombrar a nuestra tradicional y eterna yerba, y nos damos la alegría de compartirles un oportuno regalito musical con la chacarera del Cuarteto Tafí.

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