MIéRCOLES, 03 DE JUN.

Monseñor Martín: “Somos peregrinos de eternidad, anclados en Jesucristo”

Al clausurar el Año Jubilar, el arzobispo de Rosario agradeció los frutos de gracia recibidos e invitó a fortalecer la vida comunitaria y familiar como testimonio de la esperanza cristiana.

En el marco de la fiesta de la Sagrada Familia de Jesús, María y José, el arzobispo de Rosario, monseñor Eduardo Martín, presidió la misa de clausura del Año Jubilar 2025, celebrado bajo el signo de la esperanza que “no defrauda”, porque nace del amor de Dios derramado en los corazones por el Espíritu Santo.

Durante su homilía, monseñor Martín recordó que el Jubileo estuvo acompañado por el signo de la cruz, expresión del amor infinito de Dios manifestado en Jesucristo. En este sentido, señaló que el Año Santo fue un tiempo especial de gracia, en el cual la Iglesia ofreció abundantemente la misericordia divina y ayudó a redescubrir el sentido del peregrinar cristiano, tal como lo expresa el lema jubilar: “Peregrinos de esperanza”.

Asimismo, el arzobispo subrayó que la esperanza cristiana posee una dimensión trascendente. Por ello, afirmó que los creyentes son “peregrinos de eternidad”, llamados a poner el ancla de la propia vida en el cielo, firmemente anclados en Jesucristo.

Frente a una cultura “rica en medios pero pobre en fines”, exhortó a dar testimonio de que Cristo es el camino, la verdad y la vida, y el destino último de la humanidad.

Por otro lado, monseñor Martín agradeció a Dios por los abundantes frutos del Jubileo y destacó la participación de numerosos fieles que peregrinaron a los templos jubilares con espíritu de conversión y reconciliación. Además, mencionó los distintos jubileos celebrados por áreas pastorales, movimientos y asociaciones, resaltando especialmente el Jubileo en las cárceles como un fuerte signo de esperanza cristiana.

En relación con la vida eclesial, afirmó que la esperanza es una virtud tanto personal como comunitaria. En consecuencia, señaló que la Iglesia, como Pueblo y Familia de Dios, se presenta como respuesta al individualismo y a la fragmentación social.

En este marco, invitó a profundizar un estilo sinodal, caminando juntos y fortaleciendo la vida cristiana de las comunidades parroquiales, de la vida consagrada, de los movimientos y de las familias.

En ese sentido, al contemplar a la Sagrada Familia como modelo, el arzobispo alentó a trabajar por la unidad, la fidelidad y la fecundidad de las familias. Asimismo, animó especialmente a las jóvenes parejas a acoger la vida como signo de esperanza.

Por último, encomendó a toda la arquidiócesis a la intercesión de María del Rosario, Madre de la esperanza, para continuar caminando juntos, sostenidos por la alegría que brota de la fe.

Últimas Noticias