MARTES, 20 DE OCT.

La odisea de la fe: cruzó Italia a pie y sin dinero para entregar un mensaje de esperanza al Papa

Adrián Ruiz Pelayo, un joven español, peregrinó durante ocho meses desde Sicilia hasta Roma "abandonado a la providencia". Tras una travesía que incluyó cruzar el mar en una tabla de paddle surf y vivir de la caridad de los pueblos, cumplió su misión de llevar semillas bendecidas al Vaticano.

 

En la Edad Media, peregrinar a Roma era una actividad de alto riesgo, marcada por el peligro de maleantes y enfermedades. En pleno siglo XXI, con todas las facilidades del transporte moderno, el español Adrián Ruiz Pelayo decidió recuperar ese espíritu ancestral y avanzar al ritmo de sus propios pasos hasta la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro. Su viaje comenzó en Palermo, Sicilia, con una premisa radical: avanzar sin dinero, sin hacer autostop y sin utilizar ningún medio de transporte motorizado.

Bajo el título «Un camino por descubrir», el joven documentó en sus redes sociales una experiencia que pronto trascendió lo deportivo para convertirse en un profundo viaje espiritual. Según explica, su objetivo primordial fue “sacar a la luz la bondad que hay dentro de las personas”. Durante el trayecto, Ruiz Pelayo dependió enteramente de la generosidad de los desconocidos: “Cuando tenía hambre o sed, simplemente pedía pan o agua, pero siempre me daban mucho más: me ofrecían alojamiento y me invitaban a una pizza”, relata sobre los milagros cotidianos que marcaron su ruta.

Uno de los hitos más sorprendentes de su travesía ocurrió en el estrecho de Messina. Para mantener su compromiso de no usar motores, Adrián cruzó los tres kilómetros que separan la isla de la península italiana sobre una tabla de paddle surf. A pesar de las fuertes corrientes y remolinos, logró completar la hazaña en cuarenta minutos sin caer al agua. Esta proeza cobró un sentido místico al descubrir que su viaje comenzó un 2 de abril, día de San Francisco de Paola, quien, según la tradición, cruzó ese mismo estrecho extendiendo su manto sobre las aguas.

 

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La motivación de esta peregrinación se remonta a 2019, en el monasterio de Santo Toribio de Liébana, España. Allí recibió una misión: llevar semillas de ciprés —el árbol de la cruz de Cristo— al Santo Padre para que fueran bendecidas. Aunque la muerte del Papa Francisco y la elección de su sucesor alteraron sus planes iniciales, Adrián decidió permanecer en Sicilia meses adicionales para profundizar su camino interior antes de dirigirse finalmente a la capital italiana.

Finalmente, tras más de ocho meses de marcha, el peregrino llegó a Roma el 24 de diciembre, a tiempo para la Misa de Navidad. El pasado miércoles 7 de enero, pudo estrechar la mano del Papa León XIV tras la Audiencia General. En un encuentro breve pero cargado de emoción, el joven le entregó las semillas de Liébana y le pidió que algún día visite el santuario español.

Adrián asegura que el abandono a la providencia lo ha convertido en una persona mejor, enseñándole el valor de las cosas sencillas como una ducha caliente o un abrazo. Sin embargo, su camino no termina aquí: su próximo destino es Asís, hacia donde planea caminar en silencio y ayuno, manteniendo su promesa de vivir la fe a través del esfuerzo físico y la contemplación.

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