Rosario Sin Secretos: el Zorro que no fue Zorro y la iglesia que no fue iglesia
De cómo un par de historias que nada tienen que ver entre sí, se entrelazan gracias a la Providencia y el gusto por la mnemotecnia.
- Ciudad
- Por Graciela Molina
- Feb 10, 2026
Un día como hoy empezaron a construirse las baterías artilladas para frenar el paso de la flota realista que venía a saquear el litoral para reabastecer la sitiada ciudad de Montevideo. Había que impedir su paso y el entonces coronel Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano tenía sobre sus espaldas la responsabilidad de que eso no ocurriera.
Puso entonces manos a la obra al coronel de ingenieros Ángel Monasterio quien debería trabajar, como nos cuenta Eudoro Carrasco en sus Anales, a construir primero la Batería Libertad, en un lugar sobre la barranca de las altas ceibas, comprendido entre Córdoba y Santa Fe y su prolongación hasta el agua, y el río Paraná.
Belgrano no dudó en aceptar la ayuda de los rosarinos para concluirla, tanto a esta como a la de la isla, Independencia, con el claro objetivo de terminarla lo antes posible.
Así, a su Regimiento Nº 5 de Infantería (el mismo castigado y degradado, por el “Motín de las Trenzas”, Nº 1 de Patricios), se sumaron no sólo los vecinos sino la guarnición del Rosario los “Dragones de la Patria”, un piquete de artillería, milicianos y algunas tropas colecticias.
Todos trabajaron juntos por la Patria y para defender la soberanía., en busca de la libertad y la independencia. ¡Pavada de objetivo los movilizaba hace 214 años!
Vendrían luego cuatro maestros carpinteros desde la ciudad de Santa María de los Buenos Ayres, para trabajar denodadamente en las dos obras más próximas a las “aguas hondas”.
¡Ni los clavos existían por estos pagos! Hubo que traerlos desde Santa Fe con las balandras de Cosme Maciel. ¡¿Cómo no premiarlo designándolo para que ice la primera Bandera?!
El creador de la enseña patria tampoco debe haber olvidado que el cura párroco que lo bautizó en la Basílica Nuestra Señora de la Merced, un día después de su nacimiento en 1770, se llamaba Juan Baltasar Maciel. Qué cosa, ¿no? Su futuro amigo José Francisco de San Martín también se casaría con Remedios de Escalada en esa iglesia.
Profundamente católico, Belgrano recibiría de parte del arquitecto Juan Antonio Buschiazzo, sí, el mismo que diseñó ese fabuloso edificio en la esquina de Córdoba y Corrientes, La Inmobiliaria, un reconocimiento que quedó esculpido en la piedra para siempre. Cuando en 1900 quedó inaugurada la remodelación del frontis, eternizó a Belgrano ofrendando a la Virgen de la Merced el bastón de mando del Ejército del Norte que él comandaba, y dos banderas capturadas a los realistas en las guerras de la Independencia.
Acompañamos un bellísimo grabado del francés Godefroy Durand, publicado en The Graphic, 1892, de la época en la que las mesas electorales solían disponerse en templos.
¡Qué cosas tiene la Providencia que a veces la razón no advierte! Belgrano atravesó el arroyo Saladillo para hacernos Cuna de la Bandera, y en ese hoy hermoso barrio del entrañable sur urbano, se erigió la parroquia Nuestra Señora de la Merced, de quien el amigo Sergio José Chiana, nos dijo que se la conoce en el lugar como la “Notre Dame rosarina”.
Pero volvamos a las baterías y a Monasterio.
Todo había surgido cuando el gobierno santafesino le solicitó al Triunvirato la erección de estas dos baterías en la Capilla del Santísimo Rosario del Pago de los Arroyos para que esas naves realistas no entorpecieran la comunicación entre Santa Fe de la Vera Cruz con la Bajada del Paraná, en Entre Ríos, y la Banda Oriental, en el Uruguay.
Ahora bien, ¿por qué hablamos de mnemotecnia en el epígrafe de esta nota? Simplemente porque la palabra nos remite a la técnica de la memoria, y como nadie que se precie de conspicuo televidente podrá olvidar al Capitán Monasterio de la exitosísima serie El Zorro, seguramente, al relacionarlos, nunca olvidará que, sin ser Enrique Sánchez Monasterio, el archienemigo de Diego de la Vega, el Rosario tuvo su propio “Ángel” Monasterio a cargo de la dirección de la hechura de aquellas defensas artilladas.
Ahora explicaremos el porqué del título: fue el propio Walt Disney quien había elegido a Britt Lomond para que protagonizara el papel de El Zorro, pero prevaleció la opinión del director Norman Foster quien consideró a Guy Williams más apropiado para el rol.
Britt, hijo de madre escultora y de padre maestro, había sido paracaidista en la Segunda Guerra Mundial, también en la de Corea, y era un eximio esgrimista, entre muchos de sus talentos, y fue despedido varios capítulos antes que se terminara su actuación debido a que había cosechado tantos correos de admiradores como el propio Zorro, y Disney le explicó: “Odio decirte esto, pero el protagonista debe ser uno solo”. En fin, que su propio éxito, lo condenó. Sin embargo entre los dos actores siempre hubo admiración mutua, lo que convirtió la relación en una gran amistad. Por eso, nuestra fotografía de portada.
¿Vamos a la parte de la iglesia que no fue? Y esto es especial para Silvia Bozzi y toda la gente que tanto trabaja para hacer del Paseo del Siglo un gran circuito turístico.
En 1896, a menos de un año de haber asumido como intendente después del asesinato en plena calle de su antecesor, Floduardo Grandoli, el intendente Alberto J. Paz donó desde la Municipalidad al Obispado de Paraná de quien dependíamos por entonces, un terreno de casi 1.400 metros cuadros frente a la plazoleta ubicada en Córdoba y Paraguay, hoy plaza Pringles, para construir una gran iglesia católica, siempre y cuando -y esto estaba perfectamente establecido en la respectiva ordenanza- los trabajos de edificación se iniciaran a un año de otorgada la escritura, caso contrario, la cesión tendría absoluta nulidad.
Los tiempos transcurrieron, las obras no comenzaron, la iglesia “fue” -como dicen los jóvenes-, y no iglesia.
Para terminar y de regalo adicional, pero no “para la cartera de la dama ni el bolsillo del caballero”, sino para aquellos que le ponen el corazón a Rosario, una nota escrita un día como hoy, el año pasado y, como es historia, nunca pierde vigencia.


