MIéRCOLES, 03 DE JUN.

Un auto abandonado en el subsuelo de La Vigil: ¿qué se sabe del Fiat 1500 hallado tras las intervención militar?

La biblioteca popular Vigil fue intervenida en febrero de 1977 por la dictadura cívico militar y, recuperada la democracia, en el lugar funcionaron dependencias del Ministerio de Educación. A fines de 2013 el inmueble fue restituido a sus fundadores, quienes se encontraron con varias sorpresas al ingresar al predio: una de las más llamativas fue un auto abandonado en los niveles subterráneos. 

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La historia, a veces, puede ser contada o pensada a través de objetos. Quienes integran la biblioteca Vigil lo tienen claro y, por ello, incluyeron en sus recorridos guiados una visita a los subsuelos: dos pisos bajo tierra, cubierto de charcos y aislado de la luz y el sonido del exterior, hay un Fiat 1500 verde que, como muchas cosas en el predio, es un signo de pregunta. 

El 25 de febrero de 1977 la dictadura cívico-militar intervino la Biblioteca Popular Constancio C. Vigil, ubicada en la esquina de Alem y Gaboto, en la zona sur de Rosario. Así inició un proceso que dejó a 27 socios, estudiantes y trabajadores detenidos-desaparecidos o asesinados y un genocidio cultural que, entre varias cosas, implicó la destrucción de más de 50.000 libros. Recuperada la democracia, en este predio funcionaron dependencias del Ministerio de Educación de Santa Fe hasta fines de 2013, cuando el inmueble fue restituido a la institución que lo construyó.

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Grande fue la sorpresa de los integrantes de Vigil cuando, apenas recuperado el edificio, bajaron a los subsuelos para ver en qué estado se encontraban: en un rincón en penumbras y rodeado de desechos, los esperaba un Fiat 1500, sobre el que hay pocas certezas y varios mitos.

En diálogo con Conclusión, la integrante de la comisión directiva de Vigil, Nadina Mottura, comentó: “Sobre lo que ocurrió en los subsuelos a partir de la intervención hay más mitos que datos concretos, reales y constatados. Podemos decir que este auto no formó parte del conjunto de vehículos que se rifaban desde la biblioteca, como alguna vez se dijo. Pudo haber pertenecido a alguien que formó parte de la intervención o haber sido el coche de un trabajador del Ministerio de Educación. Es un objeto que dispara preguntas e inquietudes”.

La referente de la biblioteca, quien también es una de las responsables de los recorridos guiados y educativos que se hacen por el establecimiento, señaló que el auto es uno de los objetos que más interés despierta en los asistentes: “A veces, cuando hacen las visitas, nos preguntan si este vehículo se usaba para trasladar a gente detenida o si era de los que se rifaban en la biblioteca. La realidad es que no tenemos datos concretos, solamente dudas de a quién perteneció y para qué se utilizó. Lo único que podemos decir es que al coche lo encontramos cuando recuperamos la institución y que no formaba parte de las rifas”.

Sin embargo, la patente y el registro del motor de este Fiat 1500 fueron presentados a la Justicia: “Los delitos cometidos contra la institución o contra los miembros de la Comisión Directiva, quienes fueron detenidos en la intervención, fueron investigados y tienen su sentencia dentro de la causa Feced III. Pero hay toda otra carátula que tiene que ver con los delitos económicos contra los bienes patrimoniales de la biblioteca y dentro de ese caso está en estudio la patente del auto, para ver si se logra identificar a quién pertenecía, si tiene que ver con ese periodo dictatorial de la intervención o era de alguna persona que quizás no pudo sacar más el vehículo y quedó acá abandonado, pero ya en años de democracia”.

¿En Vigil funcionó un centro clandestino de detención?

Los mitos que rondan al Fiat 1500 abandonado en los subsuelos de Vigil no son los únicos: a pesar de que hay rumores que instalan a este espacio como un centro clandestino de detención y tortura, lo cierto es que, de momento, ninguna víctima identificó a este predio como su lugar de secuestro.

“Más de una vez iniciamos los recorridos y nos preguntan si vamos a ir a los espacios donde se detenía y torturaba gente. Este mito es algo que tratamos de desarmar y desandar. Sin embargo, sobre este segundo subsuelo tenemos más preguntas y dudas que respuestas. No podemos afirmar que aquí haya funcionado un centro de detención y tortura, porque nadie reconoció a este espacio, pero sí sabemos lo que contaron los vecinos, que está testimoniado ante la Justicia en el marco de la causa Feced III. Quienes vivían cerca de la biblioteca dijeron que veían, sobre todo a la noche, que salían por la rampa que da a calle Gaboto camiones del Ejército cargados de distintos materiales, como pianos, guitarras o elementos de arte vinculados sobre todo a los talleres de la Universidad Popular”, señaló la trabajadora del Área de Memoria de la institución. 

Y añadió: “El subsuelo es un espacio muy amplio y probablemente otras personas que transitan el edificio no se enteren que uno está acá. Además, Vigil está ubicada dentro del circuito represivo de la zona sur de Rosario, el ex Batallón 121 está muy cerca, hay otros espacios que sabemos que sí funcionaron como centros de detención y están dentro de este radio, pero no podemos asegurar que acá se haya detenido o torturado a personas. Podemos suponer que a lo mejor fue un centro de paso, pero no de detención y tortura específicamente”. 

El agua siempre presente en Vigil por una coincidencia geográfica también juega en contra para reconstruir lo que ocurrió en los subsuelos hace cincuenta años: “Este espacio sufrió algunas inundaciones y si había pruebas a lo largo de todos estos años quizás se destruyeron o se diluyeron. Por eso son tan importantes los recorridos guiados, es una manera de acercar la historia y quizás alguien por un olor o un sonido pueda reconocer o identificar un lugar”. 

La presencia de agua nada tiene que ver con la intervención, pero le aporta a los niveles subterráneos de Vigil una impronta particular. Horacio Quiroga, uno de los arquitectos que construyó el edificio de siete pisos en Alem y Gaboto, contó que cuando empezaron con las excavaciones para hacer los cimientos encontraron agua que corría de forma anormal. Alarmados, convocaron a una geóloga, quien les informó que justo debajo de esa zona pasaba un brazo del río Paraná. La solución que encontraron fue construir en el tercer subsuelo unos piletones con bombas que redireccionan el curso del agua, aunque casi siempre hay filtraciones a los pisos superiores.  

Hornos para recordar el genocidio cultural 

“En Vigil ocurre un genocidio cultural”, alertó Mottura. En el segundo subsuelo de Alem y Gaboto, a metros del Fiat 1500, hay hornos que fueron usados por los genocidas para quemar cientos de páginas de libros que consideraban “subversivos”. Otro objeto subterráneo que cuenta historias. 

“Los vecinos cuentan que se arrojaban libros por la ventana, desde la biblioteca hacia la vereda, y se los convocaba a fogatas de incineración, donde se quemaban varios títulos. A los propios hornos que tenía la institución desde su fundación, por una normativa que establecía que tenía que contar con estos elementos para deshacerse de sus papeles y producción administrativa, que era mucha, la intervención los utilizó para llevar adelante la biblioclastia”, detalló Nadina. 

Además de la destrucción de libros, el genocidio cultural se completó con la apropiación de bienes: durante la intervención desapareció el lente del telescopio ubicado en el observatorio que funcionaba en la terraza de Vigil y los materiales e insumos que se habían comprado para terminar de construir el teatro.

“La institución tiene reconocidos 27 socios o trabajadores que fueron asesinados o continúan desaparecidos. En el contexto de la dictadura era un agravante tener un carnet de socio de La Vigil o haber retirado un libro acá”, dijo la trabajadora de la biblioteca.

Mottura precisó que la intervención tuvo dos etapas: “La primera fue normalizadora, para atender una supuesta malversación de fondos. En la búsqueda de pruebas, se dan cuenta que no hay tal situación, y para llevar adelante la destrucción de la institución y romper los lazos comunitarios del proyecto, se inicia la etapa de liquidación, que se combina con el secuestro y la detención ilegal de ocho miembros de la Comisión Directiva, que en la madrugada del 10 de mayo de 1977 van a ser buscados y detenidos en sus domicilios y trasladados al ex Servicio de Informaciones, en pleno centro de Rosario. Allí van a estar alojados, sufriendo diversas torturas, desde mayo a diciembre, período en el cual sus familias no sabían dónde estaban ni qué había pasado con ellos. En ese contexto se empieza a dar la mayor venta de las instituciones de Vigil”.

Con los militares al mando, la mayoría de los espacios de Vigil dejaron de funcionar y los trabajadores fueron despedidos o renunciaron. No obstante, los pocos empleados que aún quedaban en funciones eran obligados a hacer tareas de inteligencia: “En el área de la biblioteca, se les ponía un arma sobre el escritorio y se les pedía que hagan un trabajo de investigación sobre los libros que la dictadura consideraba peligrosos y subversivos. Se les solicitaba que pasen en limpio los nombres de las personas que habían retirado esos títulos y sus direcciones, para luego llevar adelante esta búsqueda y detención ilegal”.

Si bien las escuelas de Vigil siguieron funcionando durante la intervención, el terror creado en los alumnos –que eran adolescentes– imperaba en las aulas. “Había asesores pedagógicos –explicó Nadina– que a la noche tenían tareas represivas en los Servicios de Información y a veces interrogaban a los estudiantes, siempre con armas sobre el banco. En los pasillos y los recreos mostraban en sus sacos las armas, toda una intimidación que hizo que muchos estudiantes se cambien de escuela”.

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