Crecen las consultas por endeudamiento: ¿las tarjetas de crédito pueden darse de baja aun con deuda?
Desde la Oficina Municipal de los Derechos Ciudadanos, Consumidores y Usuarios advirtieron un fuerte aumento de reclamos vinculados a refinanciaciones, morosidad y gastos financieros. Aseguran que muchas familias utilizan el crédito para sostener consumos básicos.
- Economía
- May 29, 2026
La Oficina Municipal de los Derechos Ciudadanos, Consumidores y Usuarios de Rosario advirtió sobre el crecimiento de consultas y reclamos vinculados al endeudamiento familiar, refinanciaciones y dificultades para afrontar gastos básicos. En ese marco, recordaron que las personas pueden solicitar la baja de sus tarjetas de crédito aunque mantengan cuotas pendientes o saldos impagos.
Desde el organismo señalaron que las consultas relacionadas con el área financiera crecieron de manera sostenida y que actualmente registran un incremento del 300% en comparación con períodos anteriores.
“La gente muchas veces cree que no puede dar de baja una tarjeta porque todavía debe cuotas o porque tiene saldo pendiente. Y eso no es así. La ley protege al usuario y obliga a las entidades financieras a aceptar la cancelación igualmente”, explicó Nadia Amalevi, titular de la Oficina a Conclusión.
En ese sentido, aclaró que la baja de la tarjeta no implica la desaparición de la deuda, sino únicamente la cancelación del servicio y de los costos asociados al mantenimiento del plástico.
“Uno puede dar de baja su tarjeta así tenga deuda. Esto no implica, y hay que dejarlo muy claro, que la deuda desaparece. Obviamente se sostienen las condiciones en las cuales nos comprometimos a saldar esa deuda”, remarcó.
La funcionaria explicó además que muchas personas continúan pagando importantes costos operativos pese a no utilizar las tarjetas. “El solo hecho de emitir un resumen tiene un montón de costos operativos. Hay gastos de hasta 45 mil pesos en resúmenes de tarjetas premium y renovaciones que pueden llegar a costar entre 300 mil y 800 mil pesos”, indicó.
Según precisó, esos montos muchas veces terminan refinanciándose junto con la deuda principal, generando mayores dificultades económicas para las familias.
“Lo que queremos dejar en claro es que si dejamos de utilizar una tarjeta, podemos darla de baja para ahorrarnos todos estos gastos que son operativos”, sostuvo.
Desde la Oficina también señalaron que existen frecuentes trabas por parte de las entidades financieras cuando los usuarios intentan cancelar sus tarjetas.
“Cuando la entidad se resiste o empieza a dar vueltas, intervenimos nosotros para colaborar y hacer de intermediarios para que se respeten los derechos del usuario”, afirmó Amalevi.
Además, destacó que el patrón de consumo cambió notablemente en los últimos meses. “Antes teníamos muchos reclamos por electrodomésticos o productos defectuosos. Ahora tenemos muchas más consultas vinculadas al área financiera, estafas virtuales y endeudamiento por créditos o billeteras virtuales”, explicó.
La Oficina recordó que la Ley Nacional de Tarjetas de Crédito N.º 25.065 establece que las entidades bancarias no pueden condicionar la baja al pago total de la deuda, aunque sí pueden exigir que el trámite se realice de manera presencial en algunos casos.
La aclaración surge en un contexto económico marcado por el incremento de la morosidad en los hogares argentinos. Según datos de la Consultora 1816, el 60% de las familias mantiene algún tipo de deuda y la mora alcanzó niveles cercanos al 25%, con mayor impacto en jóvenes y adultos mayores.
Entre las recomendaciones básicas, sugieren:
- Solicitar la baja por canales oficiales.
- Exigir un comprobante o número de trámite.
- Revisar resúmenes posteriores para verificar que no continúen cobrando mantenimiento.
- Conservar toda la documentación vinculada al trámite.
- Destruir físicamente la tarjeta una vez finalizada la gestión.
Finalmente, desde el organismo remarcaron la importancia de fortalecer la educación financiera y brindar herramientas de asesoramiento en un contexto donde el crédito se convirtió en una herramienta cotidiana para sostener consumos básicos.

