La Iglesia renovó la lucha contra las adicciones con misas, marchas y jornadas de prevención en todo el país
En el marco del Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas, diócesis de distintas provincias realizaron celebraciones, movilizaciones y actividades de sensibilización. Obispos y referentes pastorales llamaron a fortalecer la prevención, acompañar a quienes sufren consumos problemáticos y combatir el narcotráfico desde el compromiso comunitario.
- Religión y espiritualidad
- Jun 29, 2026
La Iglesia en la Argentina conmemoró el fin de semana el Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas con una amplia agenda de misas, marchas, caminatas y jornadas de sensibilización en distintas diócesis del país. Desde Corrientes hasta Formosa, pasando por Catamarca, Lomas de Zamora, Mar del Plata y Merlo-Moreno, obispos, sacerdotes y organizaciones eclesiales coincidieron en un mensaje común, prevenir las adicciones, acompañar a quienes atraviesan consumos problemáticos y sostener a sus familias desde una comunidad comprometida.
En la ciudad de Corrientes, el arzobispo monseñor José Larregain OFM participó de una actividad en la plaza Vera organizada por la Mesa Territorial sobre Consumos Problemáticos. Durante la invocación religiosa destacó la participación de representantes de distintos credos y afirmó que «toda vida humana es sagrada, toda persona merece ser cuidada y ninguna situación de sufrimiento tiene la última palabra».
El prelado sostuvo que el narcotráfico y las adicciones deterioran la dignidad de las personas, destruyen vínculos familiares y debilitan el tejido social. No obstante, aseguró que siempre es posible reconstruir la vida y agradeció el trabajo cotidiano de las pastorales de adicciones, hogares de recuperación y organizaciones sociales. «El amor es más fuerte que el abandono», expresó.
En San Fernando del Valle de Catamarca, el obispo monseñor Luis Urbanc presidió una misa en el santuario de Nuestra Señora del Valle junto a integrantes de la Pastoral de Adicciones, el Hogar de Cristo Padre Raúl Contreras y jóvenes de la Comunidad Cenáculo. Allí llamó a enfrentar esta realidad «con los ojos de Cristo», denunciando el mal pero ofreciendo caminos de reconciliación y esperanza.
Durante su homilía advirtió que las drogas destruyen vidas, afectan a las familias y fortalecen las redes criminales. «Detrás de cada historia de adicción hay un rostro, un nombre, una familia y una profunda necesidad de amor, de escucha y de sentido», afirmó.
Además, propuso tres ejes de trabajo para la comunidad cristiana en fortalecer la prevención desde la educación y la familia, acompañar a quienes buscan recuperarse y promover una sociedad más justa, al advertir que el narcotráfico encuentra terreno fértil donde predominan la pobreza, la exclusión y la desesperanza. Tras la comunión, jóvenes de la Comunidad Cenáculo compartieron testimonios sobre sus procesos de recuperación.
En la diócesis de Lomas de Zamora, cientos de personas participaron de una marcha de antorchas que recorrió las calles de Villa Fiorito desde la estación ferroviaria hasta el santuario Santos Latinoamericanos bajo el lema «Cuando cae la noche, María nos ilumina».
La movilización, organizada por la Fundación Vida Nueva junto a los Hogares de Cristo, contó con la presencia del obispo monseñor Jorge Lugones SJ, quien volvió a alertar sobre el avance del consumo de drogas, especialmente entre adolescentes y jóvenes vulnerables, y pidió un mayor compromiso social para acompañar a quienes atraviesan estas situaciones.
En Mar del Plata, una marcha unió el Hotel 13 de Julio con la catedral de los Santos Pedro y Cecilia. Convocada por la Mesa de las Periferias y la Pastoral de Adicciones, reunió a jóvenes, agentes pastorales, autoridades y vecinos para visibilizar el compromiso comunitario frente a los consumos problemáticos.
El obispo monseñor Ernesto Giobando SJ afirmó que el narcotráfico constituye una de las causas profundas del problema y, retomando el mensaje del papa León XIV para esta jornada, convocó a redoblar los esfuerzos para que nadie quede atrapado por las distintas formas de dependencia. La actividad concluyó con un festival frente a la catedral.
También en Formosa se realizó una nueva edición de la tradicional «Caminata por la Vida», que desde hace doce años busca generar conciencia sobre el crecimiento del consumo de drogas entre los jóvenes. La jornada culminó con una misa presidida por el obispo monseñor José Conejero Gallego.
Durante las actividades, el referente de la Pastoral de Adicciones, el presbítero Mario Franco, advirtió que el consumo continúa creciendo mientras disminuye el número de voluntarios que acompañan estos procesos. En ese sentido, sostuvo que el trabajo de las organizaciones religiosas y sociales debe complementarse con una mayor presencia del Estado.
La diócesis de Merlo-Moreno también adhirió a la conmemoración con una jornada en la plaza San Martín de Moreno bajo el lema «Abrazar la vida como viene». Allí, el obispo monseñor Juan José Chaparro CMF presidió una misa y renovó el compromiso de la Iglesia de acompañar a quienes luchan por recuperar su proyecto de vida.
Durante la jornada se volvió a levantar la consigna «Ni un pibe menos por la droga», convertida en uno de los principales mensajes de la pastoral para convocar a toda la comunidad a construir espacios de contención y nuevas oportunidades.
Las actividades se replicaron en distintos puntos del país. En Gregorio de Laferrere, una caravana culminó con una misa en el predio donde funcionará el futuro parador «Papa Francisco y María Auxiliadora», destinado a asistir a personas en situación de calle y con consumos problemáticos.
Por su parte, Cáritas Argentina renovó su compromiso con el acompañamiento de quienes atraviesan adicciones y destacó la importancia de fortalecer los espacios de escucha, inclusión y recuperación. «Allí donde una comunidad se compromete, se abren caminos de esperanza», señalaron desde la organización.
En ese contexto, la Pastoral Nacional de Adicciones y Drogadependencia manifestó su preocupación por el impacto cada vez mayor de los consumos problemáticos en las familias argentinas. El organismo advirtió que «en muchas familias conviven dos o tres generaciones de personas atravesadas por la realidad del consumo», situación que deja a numerosos niños y adolescentes sin adultos capaces de brindarles contención y favorece la repetición del problema.

