Bolivia en llamas y el nuevo tablero global: entre el estallido social de Rodrigo Paz y el eje estratégico Pekín-Moscú
A solo seis meses de asumir, el gobierno de Rodrigo Paz en Bolivia enfrenta una crisis terminal con movilizaciones masivas que exigen su renuncia, mientras que en el plano internacional, la cumbre entre Xi Jinping y Vladimir Putin consolida un polo de estabilidad multipolar frente al declive de la hegemonía estadounidense.
- Café Internacional
- May 20, 2026
La situación política y social en Bolivia ha alcanzado un punto de no retorno tras apenas medio año de gestión del presidente Rodrigo Paz, quien enfrenta un escenario de conflicto civil que evoca las crisis de principios de siglo. El detonante principal fue la promulgación del decreto 5503, considerado la «ley bases» del mandatario, que eliminó los históricos subsidios a los combustibles, provocando un shock económico inmediato. A esto se sumó la polémica ley 1720, interpretada por las organizaciones sociales como una normativa que favorece la extranjerización de la tierra y los intereses del agronegocio en detrimento de los pequeños campesinos.
La respuesta popular no se hizo esperar, articulando una movilización liderada por la Central Obrera Boliviana (COB), mineros y el movimiento indígena de los «Ponchos Rojos», quienes mantienen bloqueos en las principales rutas del país y exigen la renuncia inmediata del presidente. A pesar de que el gobierno derogó la ley de tierras en un intento por desescalar la tensión, las demandas han mutado hacia una impugnación total del modelo económico de Paz, a quien acusan de traicionar su promesa de campaña de un «capitalismo para todos» para aplicar un ajuste de shock. En este contexto, la figura de Evo Morales reaparece desde su refugio en el Chapare, denunciando una persecución judicial impulsada por el Estado y la DEA para evitar su retorno político.
En el ámbito regional, el gobierno de Paz ha buscado oxígeno mediante el respaldo explícito de las derechas latinoamericanas. Gobiernos de países como Chile, Ecuador, Paraguay y Uruguay firmaron un documento de apoyo a la institucionalidad boliviana frente a lo que consideran intentos de desestabilización. Cabe destacar el papel de la Argentina, bajo la administración de Javier Milei, que envió un avión Hércules con supuesta ayuda humanitaria, aunque sectores de la oposición boliviana denuncian el envío de material represivo. Asimismo, se ha señalado la presencia de asesores vinculados a la derecha regional y el restablecimiento de lazos estratégicos con los Estados Unidos y empresas como Starlink para la explotación de recursos críticos como el litio.
Mientras Sudamérica se convulsiona, el eje del poder global parece desplazarse hacia el Este. La reciente cumbre en Pekín entre Xi Jinping y Vladimir Putin marca un hito en la construcción de un orden multipolar. China se posiciona como el «gran ordenador» internacional, recibiendo en una misma semana tanto a figuras como Donald Trump como al mandatario ruso, subrayando su rol de mediador y factor de estabilidad global. La relación entre Xi y Putin, que ya suma más de 40 encuentros personales, se ha consolidado en una alianza estratégica que desafía el unilateralismo de Washington.
El entendimiento entre ambos líderes no solo es ideológico en su rechazo a la lógica de la «Guerra Fría», sino profundamente pragmático y energético. La profundización de proyectos como el gasoducto «Power of Siberia» asegura a Rusia un mercado vital ante las sanciones occidentales y garantiza a China el suministro necesario para sostener su ascenso económico. Este bloque Pekín-Moscú se presenta como una alternativa de estabilidad en un mundo fragmentado por las guerras en Ucrania y el Golfo Pérsico, proponiendo un sistema internacional basado en la soberanía y la cooperación, lejos del «bullying transaccional» que caracteriza a las potencias tradicionales.

