MARTES, 14 DE JUL.

Aquí no hay quien viva: cuatro de cada diez hogares argentinos tienen algún tipo de déficit de vivienda

El mayor problema inmobiliario del país se encuentra en aquellas casas que son utilizables pero necesitan mejoras, aunque sus habitantes no cuentan con los recursos para poder realizar estas obras. Se estima que para afrontar la demanda habría que construir 1.700.000 viviendas. 

 

Un informe del Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda alertó que en Argentina hay 5.743.365 hogares con algún tipo de déficit habitacional,como, por ejemplo, el estado de la infraestructura, la cercanía con basurales o la falta de acceso a servicios públicos. El problema más frecuente en materia de hábitat es la ausencia de recursos económicos para realizar mejoras o ampliaciones de casas. También se estimó que el país necesitaría 1.700.000 hogares para atender los casos más críticos.

El Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda fue impulsado por la Asociación de Empresarios de la Vivienda (AEV) y por la Cámara Empresaria y Desarrolladores Urbanos (Cedu) y es dirigido por el economista Federico González Rouco.

En un posteo realizado en sus redes sociales, González Rouco destacó: “En 2025 el 38,7% de los hogares del país (es decir, 5.740.000 de viviendas) tenían algún déficit. Es un porcentaje similar al de la última década, que osciló entre 42% y 38%. La mayoría tiene déficit por los materiales de su vivienda, pero en lo que se considera una vivienda recuperable”.

Fuente: Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda.

Casi cuatro de cada diez hogares argentinos presentó algún tipo de déficit durante el año pasado. De este total, se observó que el 21% de las viviendas necesitaron mejoras o ampliaciones, pero estructuralmente eran utilizables; el 9,7% de los hogares se encontraba en zonas inundables o cerca de basurales; y el 7% tenía problemas para acceder a servicios públicos como agua potable, energía eléctrica, cloacas o gas natural.

“El principal problema no es la falta de vivienda, sino la calidad de la vivienda en la que viven millones de familias. Hay cerca de seis millones de hogares con déficit, pero más de cuatro millones pueden permanecer donde viven si reciben financiamiento para realizar mejoras o acceder a servicios”, dijo González Rouco. Se estimó que del total de hogares con algún déficit, 1.560.000 necesitaban ser reemplazados en su totalidad, mientras que los 4.690.000 restantes solamente requerían mejoras de infraestructura –como ampliaciones, refacciones o conexiones a servicios– para ofrecer condiciones más dignas.

Fuente: Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda.

También hubo una relación entre el nivel de ingresos y la calidad de las viviendas: “Los hogares del 50% más pobre tenían un nivel de déficit más o menos parecido. Pero hubo una caída muy clara en la segunda mitad de la distribución. A mayor ingreso, menor déficit”.

Al analizar al 10% de la población con menores recursos, se observó que cuatro de cada diez hogares presentaron algún tipo de carencia habitacional. Los números se redujeron a la mitad cuando se relevó el estado de las viviendas del 10% más rico.

El economista deslizó que la falta de crecimiento económico, la escasez de empleo formal y la ausencia de financiamiento explican buena parte del estancamiento. A ello se sumó la discontinuidad de las políticas habitacionales.

Fuente: Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda.

González Rouco apuntó, además, que el déficit habitacional fue considerablemente menor (con una diferencia cercana a los diez puntos al comparar con los propietarios) cuando se alquila una vivienda: “Tener un mercado de alquileres es reflejo (y causa, se retroalimenta) de un menor déficit habitacional”.

El informe también se centró en los jóvenes: no solamente fueron el segmento con mayor déficit habitacional –ya que la mitad tenía alguna carencia–, sino que también se estimó que, hasta el año pasado, había cerca de 2.500.000 personas de entre 25 y 35 años (de las siete millones que vivían en el país) que no se emanciparon, o sea, que aún vivían con sus padres o abuelos. De este total, el relevamiento estimó que 1.200.000 residían en casas con algún tipo de déficit y 1.300.000 lo hacían en inmuebles sin déficit.

El estudio también se preguntó qué pasaría si parte de estos jóvenes salieran a buscar vivienda en un par de años y cuestionó qué tan preparado está el sector inmobiliario para afrontar esta eventual demanda.

Fuente: Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda.

Sobre cómo se soluciona esta situación, el economista enumeró: “Se necesita financiamiento para potenciar todas esas mejoras, refacciones y ampliaciones que hacen falta. También para las obras de infraestructura y para potenciar el crédito hipotecario. Ni hablar de un buen mercado de garantías de alquiler o de incentivos a la construcción (permisos, financiamiento, costos, tiempos, etcétera)”.

Si solamente se tienen en cuenta los hogares con déficit, habría que renovar 1.500.000 viviendas en el país. No obstante, no se consideran las 500.000 casas adicionales que habría que contemplar si de repente los jóvenes quisieran emanciparse; y las 400.000 que se necesitarían para reducir el hacinamiento, número que es aún mayor si también se tiene en cuenta la migración interna.

Fuente: Observatorio Federal de Acceso a la Vivienda.

Las provincias con mayor déficit habitacional en 2025 fueron Jujuy, San Juan, Tucumán, Chaco y Salta, mientras que Tierra del Fuego, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Río Negro, San Luis, Chubut y Neuquén presentaron los mejores indicadores. En algunos casos el déficit rondó el 11%, mientras que en otros superó el 70%.

Según González Rouco, en el norte argentino predominan los problemas asociados a viviendas ubicadas en entornos vulnerables o con severas deficiencias edilicias, mientras que el sur exhibe mejores indicadores gracias a una menor densidad poblacional y políticas provinciales sostenidas.

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