El Efecto: Decur, el ilustrador que con su mini universo cautiva de Argentina a Nueva York
Mientras dibuja en la contratapa de Clarín, el dibujante santafesino fue nominado en dos oportunidades al 'Oscar' del comic, el New York Times ubicó uno de sus libros entre los mejores 25 del año y está pronto a sacar una colección para una editorial estadounidense. "Si no seguía por el lado del arte, la cosa terminaba mal", recuerda en el podcast de Conclusión El Efecto.
- Info general
- Por Guido Brunet
- Ago 27, 2026
Guillermo Decurgez tiene una familia en el papel y otra en la vida real, cuyas historias y personajes se entrelazan entre sí. En su universo coexisten un niño de 2 años, un chihuahua que mantiene un empleo de limpieza o una criatura de Star Wars que hace terapia. Es que “lo que sucede en el día a día, inevitablemente, impacta en el papel porque lo que te rodea es a veces fuerte, duro, lindo, trágico, dramático, divertido”, grafica Decur.
El artista santafesino publicó los libros Merci! (2011), ¡Pipí cucú! (2013) Mi cajón favorito (2014) y Semillas 1 (2015). Su última novela “Cuando levantas la mirada” (2020) fue reconocida por el New York Times como uno de los mejores 25 libros del año 2020, nominada a dos premios Eisner por mejor pintor y mejor edición, y ha ganado la medalla de oro de Arte Original en la Sociedad de ilustradores de Nueva York. La obra ha sido traducida al inglés, francés, chino coreano y lituano.
Fue elegido para ilustrar “Ivan el tonto” de Tolstoy para América Latina y “El crimen casi perfecto” de Roberto Arlt. Además de exhibir sus ilustraciones en países como Francia, España, Estados Unidos y Colombia, entre otros puntos del globo. Próximamente comenzará a publicar una saga de libros de Pedro, uno de sus principales personajes, convocado por la editorial Enchanted Lion Books de Nueva York, además de un compilado con el sello editor Común.
-¿Tenés mayor reconocimiento afuera que acá?- La primera respuesta es el silencio, luego, un suspiro. “No hago las cosas por el reconocimiento, lo hago para mí, para que me guste y me enamore a mí”, enuncia Decur.
Entonces, la pregunta que surge es ¿para qué lo publica? “Porque me da azúcar, yerba, leche, me paga la obra social”, responde cortando con la poesía en el podcast El Efecto de Conclusión. Y agrega: “No es poco en este país tener trabajo como dibujante”.
En la contratapa de los grandes
Desde abril de este año Decur plasma su mundo en la clásica contratapa del diario Clarín, ese emblemático espacio que supieron enaltecer Caloi con Clemente, Fontanarrosa con Inodoro Pereyra, Sendra con Yo, Matías, Maitena con sus Mujeres Alteradas, Crist con El Loco Chávez, Guinzburg y Tabaré con Diógenes y el Linyera, entre otros grandes del humor gráfico y el comic nacional.
Decur confiesa que “ése siempre fue mi sueño”, y que “después de insistir mucho ya me había dado por vencido, ahora me llegó a los 44 años”. Tras la intempestiva salida de Maitena y el llamado del diario porteño, Decur cuenta que debió salir a buscar historias y personajes. “Te encontrás con una tira en blanco, ¿qué haces?”, se pregunta. Y se contesta: “Es un desafío, me gusta”.
Para el artista, “cambió el mundo completamente”, y con él, las tiras de los medios de prensa. “Ahora el humor gráfico pasa por los memes que se envían por el celular. Entonces, la contratapa también cambió. Pero hay gente que se ha quedado esperando el chiste o el remate. Uno de los precursores fue Liniers, que dijo que ‘algunas entregas serán graciosas, otras inentendibles, otras raras, otras poesía’; a mí me gusta ese registro”. Así, por el periódico con mayor tirada del país desfilan el nene Emilio, el perrito Pedro (inspirados en su hijo y su amigo de cuatro patas) o un Jabba de Hutt neurótico.
“El humor tiene que ser sorpresa. Si perdés la sorpresa también perdés el humor. Si no, llega un momento en que se genera una obligación de hacerlo. Y lo que está obligado no sale bien”. Eso sí, a diferencia de otros colegas, Decur prefiere otros abordar otros climas por sobre la temática política, que “pasa de moda rápido, a mí me gusta más lo que sucede en un plano paralelo, es un mini universo que cuido”.
De la cama al papel
Antes de ser Decur, Guillermo Decurgez trabajó en un frigorífico, una automotriz, como albañil con su padre y de pintor de casas con su abuelo, entre otras ocupaciones. El cambio en su vida llegó en 2009 mientras transitaba una depresión. “Me levantaba solamente para trabajar en un cibercafé de unos amigos, cuando volvía a mi casa me acostaba de nuevo. Después de eso no te queda mucho más de vida”, confiesa. “Intenté ir a un psicólogo pero la obra social no me lo cubría”, relata acaso una problemática que afecta a gran cantidad de personas.
En uno de esos días seriados y grises, haciendo zapping encontró un documental sobre Liniers, que le “explotó la cabeza”, y se dijo “quiero esa vida”. A los pocos meses ya había forjado una amistad con uno de sus referentes, de quien reconoce la influencia en sus primeras obras. “Con el tiempo uno va encontrando su propio camino, pero siempre estamos imitando a alguien. Nada viene de la nada. David Gilmour dijo que para sacar algo primero hay que meterlo”.
De esa experiencia le quedó claro que “si no seguía por el lado del arte, la cosa terminaba mal. Sabía que el avión se estaba cayendo. En 2024 volví a sentirlo, nada más que ahora lo remontamos, ahora estamos mucho mejor”.
Trabajar para atrapar ideas
“Una vez a la semana anoto ideas, dibujo garabatos y así voy más tranquilo a la hoja en blanco”, revela sobre su proceso creativo.
“Siempre llevo conmigo una libretita, un grabador o en el celu para que las ideas no se me escapen, atraparlas. Si hiciste la tarea previa que es procesar las ideas, escribir algo, hacer los bocetos, después ya sabés lo que vas a hacer y le perdés el miedo a la hoja en blanco”, completa. Y cuenta un secreto: “Intento aplicar una técnica que se llama Smart, que te diagrama cuántas horas tenés que trabajar por día, en qué momento hacer una cosa u otra”.
“Anterior al nacimiento de mi hijo manejaba cierta ternura de mi infancia, cuando nació mi hijo nos enteramos en el parto que tenía síndrome de down, eso cambió la noción de muchas cosas. Ahí sentí que no tenía el control de nada. Así como pasa lo malo también pasa lo bueno, eso es lo que me da esperanza. Lo que tiene que pasar va a pasar quieras o no quieras. De lo único que tengo control es del papel en blanco”.
Un refugio del arte
Lejos de los ruidos y las distracciones, en el fondo de su casa en Arroyo Seco Decur escribe, pinta y crea en su atelier que es su lugar en el mundo, un espacio que construyó gracias a la colaboración de sus seguidores, quienes adquiriendo su material ayudaron económicamente.
“Antes estaba encerrado, era un bunker, fueron diez años dibujando en un lugar que no tenía ventanas. Ahora tengo una habitación repleta de cosas que me hacen bien, entonces los dibujos salen diferentes”, detalla el artista.
“Yo extendí mi vida gracias al estudio en el fondo. No se estaría acá si no fuese por eso”, así de importante es ese lugar. “Sabía que si hacía el estudio, en algún momento iba a tener que decir que no a algo de tantas oportunidades que iban a llegar”. Y así fue: libros propios, ilustraciones para otros autores, la contratapa de Clarín y demás proyectos.
“No tengo lugar para colgar un cuadro, tengo once ventanas, estoy rodeado de verde, pájaros, para mí es un placer estar ahí”. Allí cobran vida Emilio, Pedro y el resto de sus creaciones, que entran y salen del papel de un momento a otro.












