VIERNES, 28 DE AGO.

Economía de supervivencia: nueve de cada diez hogares argentinos están endeudados, y casi la mitad por fuera del sistema financiero

El dato modifica la forma habitual de observar el problema. Una familia puede no aparecer con un nivel elevado de deuda en los registros bancarios y, al mismo tiempo, acumular varios meses de alquiler, tener saldos pendientes con el almacén del barrio, facturas de servicios sin pagar, expensas atrasadas o cuotas escolares pendientes.

 

 

Si bien el foco se mantiene en los informes oficiales de las entidades financieras y billeteras virtuales, el endeudamiento de los hogares se extiende mucho más allá de las tarjetas de crédito y los préstamos bancarios.

Un relevamiento del Instituto de Estadísticas y Tendencias Sociales y Económicas (IETSE) muestra que el 92,3% de los hogares registra algún tipo de deuda y que, del total de las obligaciones relevadas, apenas el 50,7% puede identificarse a partir de información del Banco Central.

El 49,3% restante corresponde a compromisos que quedan fuera de ese universo, entre ellos alquileres, compras fiadas en comercios de proximidad, impuestos, tasas, expensas, servicios, educación privada y préstamos entre familiares, amistades o prestamistas no regulados.

El dato modifica la forma habitual de observar el problema. Una familia puede no aparecer con un nivel elevado de deuda en los registros financieros y, al mismo tiempo, acumular varios meses de alquiler, tener saldos pendientes con el almacén del barrio, facturas de servicios sin pagar, expensas atrasadas o cuotas escolares pendientes.

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COMPOSICIÓN DE LA DEUDA

La composición de la deuda permite observar dónde se concentra la presión sobre los ingresos familiares. Dentro del 50,7% de obligaciones que pueden deducirse a partir de la información del BCRA, las tarjetas de crédito representan el 31,1% del total relevado. Le siguen los préstamos de billeteras virtuales, financieras y prestamistas regulados, con 10,2%, y las obligaciones con entidades bancarias, excluidas las tarjetas, que explican otro 9,4%.

Pero la otra mitad se encuentra en compromisos que no aparecen necesariamente como una deuda financiera tradicional. El principal componente es el fiado en comercios de proximidad, que representa el 13,3% de las obligaciones relevadas. Apenas por debajo aparecen los alquileres de vivienda, con el 12,5%. Luego se ubican impuestos, tasas y expensas, con 8,5%; préstamos familiares, de amistades y/o prestamistas no regulados, con 4,7%; servicios de empresas privadas, con 4,3%; educación privada, con 2,2%; deudas sin especificar, con 25; y servicios públicos, con 1,8%.

El orden de esos porcentajes muestra que una parte significativa de la deuda no se origina en la decisión de financiar una compra extraordinaria o acceder a un préstamo para realizar una inversión. Aparece, en cambio, vinculada con gastos que forman parte del presupuesto habitual de una familia.

El alquiler, los alimentos comprados a cuenta, las expensas, los impuestos, los servicios y la educación forman parte de los gastos corrientes que deben afrontarse para sostener la vida cotidiana.

La deuda no necesariamente surge después de una compra de bienes durables, sino que puede aparecer cuando los ingresos del hogar dejan de alcanzar para cubrir gastos que se repiten todos los meses. En ese escenario, el financiamiento se convierte en una forma de cubrir la diferencia entre lo que entra y lo que debe pagarse.

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El IETSE señala que el 62,5% del uso de las tarjetas se destina a la compra de alimentos, frente al 61% registrado en marzo de 2026, 58% en 2025 y 54% en 2024. Es decir, el principal destino del crédito plástico relevado no está asociado a consumos extraordinarios, sino a una necesidad básica.

En consecuencia, la tarjeta deja de funcionar únicamente como un mecanismo para adelantar una compra y comienza a ocupar un lugar dentro de la administración mensual del presupuesto.

 

ENDEUDAMIENTO FRAGMENTADO

El 28,4% de los hogares endeudados acumula más de tres deudas, contra 23,5% en marzo de 2026, 12% en mayo de 2025 y apenas 8% en julio de 2024. En el extremo contrario, los hogares con una única deuda se redujeron al 10,8%, desde el 14,7% de marzo, el 23% de 2025 y el 35% de 2024.

El cambio muestra que no se trata solamente de una mayor utilización de una fuente de crédito, sino de una combinación de mecanismos. Una familia puede utilizar la tarjeta para comprar alimentos, recurrir a una billetera virtual para cubrir un gasto inesperado, quedar debiendo parte del alquiler, comprar mercadería fiada y postergar una factura de servicios. Cada obligación tiene un acreedor, un vencimiento y, eventualmente, un mecanismo diferente de cobro.

 

FOCO EN LA MOROSIDAD

Según el relevamiento, el 88,9% de las deudas se encontraba impaga o incumplida en agosto de 2026, frente al 81,8% de marzo, 76% de mayo de 2025 y 63% de julio de 2024. Al mismo tiempo, el 41,3% de las deudas estaba en instancia judicial, mientras que las obligaciones en condición regular representaban apenas el 11,1%.

La acumulación de deuda tiene además una consecuencia directa sobre el ingreso disponible. El 44% de los hogares destina más de la mitad de sus ingresos mensuales al pago de deudas. El indicador era de 38% en marzo de 2026, 28%en 2025 y 18% en 2024.

Esto permite conectar la distribución de las deudas con el funcionamiento de la economía cotidiana. Si una parte creciente del ingreso se destina a cancelar obligaciones acumuladas, queda menos dinero para realizar nuevas compras, afrontar gastos corrientes, ahorrar o atender necesidades que todavía no fueron financiadas. La deuda del período anterior condiciona, de ese modo, la capacidad de consumo del período siguiente.

El IETSE sostiene que el fenómeno no puede ser explicado únicamente como resultado de decisiones individuales de los deudores. El informe vincula la capacidad de pago con la relación entre ingresos, precios, tarifas, salarios, empleo, crédito y condiciones de acceso al financiamiento.

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También plantea que la modificación de subsidios y tarifas puede aumentar el peso de los gastos fijos sobre los presupuestos familiares, mientras que una evolución de los salarios por debajo de los costos reduce la capacidad adquisitiva.

La dificultad para salir del circuito también aparece en las expectativas. En agosto, el 47,5% de los hogares consideró que no podrá afrontar todas sus deudas, frente al 37% de marzo, 24% de 2025 y 18% de 2024. Otro 15% directamente no logra proyectar cómo será su situación financiera.

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