Gracias eternas L10
El capitán de la Selección Argentina le dijo adiós a 'La Albiceleste' tras 21 años inolvidables, con emociones de todo tipo, y un recorrido que lo llevó a erigirse como uno de los más grandes entre los grandes, sentándose en la mesa de unos pocos privilegiados.
- Deportes
- Por Paulo Viglierchio
- Ago 31, 2026
Toda historia, por más linda que sea, tiene su final. Los ciclos se cumplen y el paso del tiempo es inexorable, por más cruel que suene. Este lunes, Lionel Andrés Messi cerró de manera definitiva una etapa con la camiseta que más amó a lo largo de su carrera, esa que lo cobijó en momentos de angustia, tristezas, pero también profundas alegrías, de esas que quedan guardadas para siempre en el corazón.
A pocos días de despedir a su padre en Rosario, Leo dio a conocer una noticia que tarde o temprano se sabía que iba a llegar. Con madurez, tomó una decisión sensata, reflexionada y sopesada luego de lo que fue la participación en la Copa del Mundo. Entendió que era el momento justo para decir ‘hasta acá llegué’, tras regalar una última actuación impensada para un jugador de su edad en estas competencias. Pero claro, cuando se trata de un extraterrestre, alguien tocado por la varita como él, cualquier tipo de cálculo lógico queda en ridículo.
Tras el debut con la Selección Argentina en 2005, en una aparición fugaz en un amistoso ante Hungría -lo expulsaron a los pocos segundos de ingresar-, Messi encadenó 21 años consecutivos de celeste y blanco donde pasó por todos los estadios emocionales. Si hay una palabra que lo define a la perfección a lo largo de este proceso con ‘La Albiceleste’ es resiliencia.
Es que, si bien ya se sabía que era un crack indiscutido, a Leo le costó mucho tiempo ganarse el cariño del pueblo argentino. Los hinchas veían como ese jovencito rosarino desparramaba rivales como conos y convertía goles de todo tipo y color en Barcelona, y le exigían, mientras todavía estaba en etapa de desarrollo como futbolista, al margen de sus excelsas cualidades innatas, que volcara esas mismas habilidades defendiendo la camiseta nacional.
En el Mundial 2006 de Alemania, con 19 años, hizo su primera aparición en una Copa del Mundo, destacándose en los pocos minutos que tuvo en campo en este torneo. La consolidación como pieza clave del equipo albiceleste llegó en la Copa América del 2007, donde regaló un rendimiento excelso. También la rompió toda en 2008 en los Juegos Olímpicos de Beijing, siendo una de las figuras y consiguiendo la medalla de oro.
A 2010 quizás llegó en uno de sus mejores momentos, en todos los sentidos, descollando en el Barca y ya considerado el mejor jugador del planeta. Si bien no pudo convertir goles en Sudáfrica, el nivel de Leo fue muy alto, aunque igual se lo criticó en el país por la eliminación de Argentina en cuartos de final a manos de Alemania. También fue uno de los principales focos apuntados en la temprana despedida de la Selección en la Copa América de 2011 en casa.
Desde 2012 a 2014, bajo la conducción de un hombre sabio y con temple como Alejandro Sabella, Messi brindó otras actuaciones notables vestido de celeste y blanco, y se le negó inmerecidamente el Mundial de Brasil. Como aún no conseguía títulos con la Mayor, siguió siendo blanco de cuestionamientos. Esto último se profundizó en 2015 y 2016 tras quedar a las puertas del éxito en América, siendo Chile el único escollo que se entrometió en algo que ya el fútbol venía pidiendo.
Tras esa final perdida en Estados Unidos ante el conjunto trasandino, Leo llegó a tomarse un tiempo para recargar energías y volver más renovado para el proceso que comandaba en ese entonces Edgardo Bauza. Fue la llave que llevó a Argentina a Rusia 2018 con aquella histórica noche en Ecuador, ya con Jorge Sampaoli al mando, donde encaminó con tres golazos una clasificación que se había hecho cuesta arriba en las Eliminatorias sudamericanas.
En ese Mundial, Messi transitó sin dudas el momento más complicado con ‘La Albiceleste’, siendo víctima de un equipo que jamás encontró el funcionamiento y, para colmo, con varios cortocircuitos entre el plantel y el entrenador oriundo de Casilda, quien posteriormente dejaría el cargo. Ahí, en un periodo muy turbulento para la Selección, varios se animaron a pronosticar que la etapa del 10 representando los colores nacionales estaba concluida.
Fue a partir de 2019 cuando la cosa empezó a cambiar en serio, marcando un antes y un después. Con un técnico muy cercano a los jugadores como Lionel Scaloni, se vio un Leo completamente desconocido hasta entonces en Argentina, no tanto desde lo futbolístico, algo fuera de discusión, sino en modo capitán, con declaraciones rimbombantes y asumiendo un rol de liderazgo en el proceso incipiente que comenzaba, el cual combinaba una renovación profunda, aire fresco, mezclado con algunos nombres de la denominada ‘Vieja guardia’.
En la Copa América de Brasil, Argentina hizo un digno papel y Messi se empezó a ganar al hincha albiceleste. Todo ese cambio de sensaciones que ya se venía vislumbrando encontró su punto de inflexión en 2021, también en el país vecino, cuando la Selección alzó un título oficial tras 28 años. Allí, en un Maracaná semi vacío en plena época de Covid-19, se modificó definitivamente la relación del público para con el 10. La pared que se rompió, diría Ángel Di Maria.
Tras su primer éxito grande con ‘La Albiceleste’, a Leo se le despejó el panorama favorablemente. Ahora ya no había dudas ni cuestionamientos, todo era una sinergia colectiva positiva, efecto contagio de un equipo que ilusionaba y con el cual la gente se identificaba. Sus lágrimas en aquella noche del Monumental ante Bolivia parecieron ser la imagen que siempre soñó: ser admirado y reconocido en casa, porque no hay nada como el amor hogareño.
Sin que nadie le pidiera más nada, Messi solito se cargó la mochila de la ambición, el ir por más, sin conformarse con lo conseguido, y pasó a transformarse decididamente en leyenda con el trofeo más ansiado por cualquier jugador de fútbol: la Copa del Mundo. En Qatar 2022 se vio al capitán en todo su esplendor: futbolístico, anímico y personal. Cada pata acompañó para que ese 18 de diciembre fuera imborrable en la retina de cada habitante de estas tierras. Este juego tan hermoso suele dar revancha y allí en el estadio Lusail, decidió al fin premiar a quien nunca se había rendido ni bajado los brazos, pese a todos los golpes recibidos.
Ya en ese momento el libro podría haberse cerrado tranquilamente, pero Leo quiso seguir regalando magia para su gente un tiempo más, alzando otra Copa América en 2024. Siendo consciente de que el final estaba más cerca, quiso prepararse de la mejor manera en Miami para un último baile este año. Pudo cumplir el objetivo que quería de disputar un Mundial más con la Selección y estuvo a nada de ser bicampeón del mundo.
Como el 10 mismo dijo recientemente, no le quedó más energía en esas piernas para entregar a la Argentina. Dio lo máximo de si e hizo feliz al pueblo, el cual después de un tiempo le dio el reconocimiento que mereció desde siempre, sin que hiciera falta un título o condecoración personal. El cariño y agradecimiento será eterno. Cada vez que se lo recuerde será inevitable dibujar una sonrisa: ese es el legado más importante que deja. Que haya podido disfrutar él también de este camino, lo que todos esperamos. Gracias L10!

