MIéRCOLES, 15 DE JUL.

El camino del héroe

Por momentos parece imposible que este pibe de 39 años llamado Lionel Messi pueda seguir agrandando su ya inmensa historia y consiguiendo aún más hazañas consagratorias, y sin embargo va y lo logra. La ‘Pulga’ tuvo frente a Inglaterra un partido de otro planeta, a la altura de su leyenda, brillando cuando más se lo necesitaba, y escribió la que será una de sus páginas más doradas dejando a la Argentina a las puertas de una nueva ilusión mundial.

 

El antropólogo Joseph Campbell desarrolló y publicó en 1949 la teoría de “El Camino del héroe«, que sostiene que prácticamente todas las historias de los héroes reflejadas en los mitos de distintas culturas, tiempos y regiones compartían una estructura y un patrón similar. Un llamado a la aventura en donde el héroe deja su mundo ordinario, un umbral de no retorno en donde comienza su camino de transformación, una odisea de vida o muerte que debe enfrentar y una resurrección que lo lleva a la recompensa, la gloria, con la que luego enfrenta su gran prueba final y regresa a su punto de partida con el éxito y el conocimiento.

Esta estructura, transversal y aplicable a casi todos los personajes de la mitología, del cine, de la literatura y de cualquier historia, ahora también fue desafiada y vencida por el héroe rosarino que si de algo no se cansa es de romper con cualquier límite o marca impuesta. Alguien que ya en 2022 había logrado lo máximo y tocado el cielo con las manos y que cuatro años después, a los 39 años, decidió que era momento de enfrentar otra odisea, de tener una nueva prueba final: y la historia le dio su nueva recompensa.

Lionel Messi escribió ante Inglaterra una nueva página dorada en la historia de su carrera, que también es ahora la historia del fútbol argentino y del deporte mismo. Si esa cruz de la comparación eterna con Diego Armando Maradona -que cargaba en sus espaldas desde incluso antes de debutar en el Barcelona- se le había caído con la consagración en Qatar 2022, hoy la terminó por dar vuelta del todo con su propio 22 de junio de 1986.

Seguirán existiendo las comparaciones del orden de lo sentimental, lo contextual, lo ideológico o lo mitológico, pero en lo futbolístico hoy la ‘Pulga’ en Atlanta tuvo un partido excelente, con la misma importancia que aquella del ‘Pelusa’ en el estadio Azteca.

Cuando el equipo más lo necesitaba, cuando el cielo era más oscuro, el ‘10’ rosarino impuso su presencia y brilló de la forma que mejor sabe, esa que ya no sorprende pero igual siempre nos sigue asombrando. Arrastrando primero la marca y asistiendo a un Enzo Fernández con espacio para meter un golazo, y luego usando su derecha para servirle a Lautaro Martínez un gol agónico que hizo tronar a 46 millones de argentinos y otros tantos en el mundo.

Por sobre todo, apareciendo en las difíciles, en un partido chivísimo, y dándole soluciones a un equipo que enfrentaba a un rival que había impuesto un cerrojo y apelaba temerosamente a que los minutos pasaran y Jordan Pickford sea, de pronto, el héroe de ellos.

Esa decisión inglesa de meterse atrás tan burdamente (“with a little help from my friends”) le dio la posibilidad a la Argentina de ganar terreno y comenzar a asediar con constancia el arco rival, pero el mismo método, quedó demostrado con Suiza, puede resultar muy efectivo si no aparece enfrente un jugador con la capacidad de romper con ese muro y generar el espacio.

Y ahí apareció Messi, enfrentando su nueva odisea y obteniendo otra recompensa histórica, para situarse nuevamente frente a otra gran prueba final para su leyenda. El que nació en Rosario, el que salió campeón del mundo, el que jugó tres finales, el que eliminó a Inglaterra, el máximo goleador y máximo asistidor de toda la historia de los mundiales, y el que todavía quiere más.

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