Fotos: Florencia Vizzi. Colaboración fotográfica: Fernando Giorgio.

En la misma naturaleza del encuentro, el calor del festejo, la unión entre las personas, la hermandad entre amigos, el baile frenético y la zapada interminable, radica el gen principal que caracteriza al ADN de la Groovin’ Bohemia. En una época hipertecnologizada, donde si no estás en Internet no existís, supieron destacarse desde la calle y repartieron su arte por los más variados escenarios.

Ellos son el grupo que protagonizan la sexta edición de 70/30, la nueva publicación transmedia del Diario Digital Conclusión, pensada especialmente para la difusión de la rica y vasta cultura rosarina, incorporando elementos en diversos formatos.

Dentro de las distintas producciones realizadas en esta edición, una de ellas es el #6 de la revista en formato papel, que será presentado próximamente de una forma distinta a los números anteriores.

Para leer todos los contenidos, podes acceder a la edición digital de la misma.

La edición en papel de la misma estuvo disponible en el show de presentación del disco que la Groovin’ Bohemia dio este viernes 15 de noviembre a las 21 en el Galpón de la Música. Si querés conseguirla sin cargo, escribí un mensaje a nuestro Facebook, Twitter, Instagram o a las cuentas de correo de Conclusión ([email protected]) o de 70/30 ([email protected]) para más información.

Por Florencia Vizzi. Colaborador fotográfico: Fernando Giorgio.

Buscando un oasis

Por Facundo Díaz D’Alessandro

Del otro lado de la reja está la realidad,
de este lado de la reja también
está la realidad; la única irreal,
es la reja”.
Paco Urondo

A caballo por vías paralelas, la libertad y el deseo forman parte de esa otra red que algunos cantantes, ávidos de nuevas pieles, osan llamar ‘la novia invisible de las transgresiones’.

Al ser paralelas, es sabido que se mueven por líneas cuyos puntos nunca se tocarán (como trayectos de lianas), pero las mueve lo mismo: la fe en algo que nunca se alcanza del todo (salir de la selva tal como se entró).

¿Es esa la sed verdadera? ¿O sólo una proyección del mundo ideal para abstraernos de ‘lo real’? Las quiero a las dos.

Tragos a una petaca en el baño de una escuela secundaria, sutiles evasiones al fisco, necesidades satisfechas en la apoyatura de un árbol, envilecidos coloques aduaneros, atracos providenciales a las arcas del tiempo, trampas lúdicas en mesas del olvido, miradas tramposas por sobre el umbral de un monitor de oficina.

Cheques en blanco a pagar siempre por la resignada pero potente sensación que en el fondo se asume cierta: el deseo no acometido engendra pestilencia. La libertad es lo que aquí se supone como la otra cara, que aparece una vez que se acomete aquél, y también se estima cierta.

En este punto no hace falta aclarar cuán fugaces son esas sensaciones, lo que no quiere decir que sean menos ‘verdaderas’: la verdad, en tanto mensaje consagrado por Otro, siempre es fugaz (¿la felicidad también?).

Así es como dos conceptos, cosas, sensaciones, lo que sea que sean libertad y deseo, tan ponderadas por muchos o la mayoría, son en general ubicadas en altares de sacrificio, en lo inalcanzable de la perfección.

Y, ya sea que es una fantasía, o si esa fantasía es al final parte vital de lo real, quien persigue lo que quiere, de la única manera genuina, de corazón, terminará advirtiendo que no llegará nunca a consagrar ninguna de las dos cosas, más que en esas pequeñas transgresiones con que aporta al caos y que articularán el cosmos.

Tanto el Groove, con su devastador anhelo de irrumpir en el alma a través de la principal puerta sensorial de ésta, la circunferencia de los sentidos; así como la Bohemia, con toda su gama de hedonismos existenciales, son dos lianas que ningún primate, ese animal que conoce la selva como ninguno, puede ignorar deliberadamente.

La verdad es la única realidad, piensa el mono -obsedido-, mira el cielo por entre los surcos de grandes copas de árboles, y se cuelga de otra liana.

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Activando un fuego inclaudicable

Por Santiago A. Fraga

En la misma naturaleza del encuentro, el calor del festejo, la unión entre las personas, la hermandad entre amigos, el baile frenético y la zapada interminable, radica el gen principal que caracteriza al ADN de la Groovin’ Bohemia. Una banda que nació de un toque allá por el 2015, con tres personas jugando -una vez más- a la música en lo de un amigo, sin imaginarse lo que en ese momento se estaba gestando, pero siendo bien conscientes de lo que había acontecido.

De aquella fiesta con 30 personas en el hacinamiento de una habitación 1×1, a tocar en un festival a las 7 de la mañana o convocar a centenares de personas en un pueblo que recién pisaban, la Groovin’ se caracterizó siempre por la fuerza de sus presentaciones en vivo, y fue la intención de plasmar esa misma impronta en un CD lo que marcó el proceso del inminente álbum con el que inaugurarán oficialmente su discografía.

A través de la música y las ganas de zapar fue que en aquella celebración coincidieron, instrumento en mano, Luciano Sosa, Nicolás Chiocca y Pedro Arango, a los que luego se les sumarían Gwido Cirione, Santiago Corvalán, Martín Vacchiano y Mauro Giolitti, entre varios músicos que también supieron pasar por la familia groovera.

Un viaje a San Marcos Sierra, meses después de aquel primer encuentro y de toques en fiestas como las míticas “Cachi Primavera” o la “Fiesta China”, sería una experiencia de confirmación para aquel grupo de pibes que desde la autogestión empezaban a hacer parar la oreja a más de uno, con shows mucho más cercanos en sonido y en fuego a una jam que a un recital de cassette.

Por Florencia Vizzi. Colaborador fotográfico: Fernando Giorgio.

Movidos a la fuerza, por las circunstancias que la propia aventura disponía, la experiencia de tocar en aquella localidad cordobesa ubicada a 150 kilómetros de la capital los obligó a aprender y/o perfeccionar muchos aspectos de fundamental conocimiento para la ingrata carrera del artista independiente. Tener que llevarse el sonido desde Rosario, aprender a operarse ellos mismos, buscar los lugares para tocar y hasta procurarse in situ el público para esos mismos toques, fueron algunas de las tareas que tuvieron que llevar adelante. Además de tocar, claro.

En aquel viaje, el camping Tres Piletas del Río Quilpo fue el lugar donde tocaron por primera vez y que luego repetirían en más oportunidades.

“Fue hermoso porque no sólo era ir a tocar a un lugar, sino buscarlo. La primera vez colgamos como una especie de flyer por toda la ciudad y salimos a buscar a la gente una hora antes del show. Al final cayeron como 350 personas, tuvimos que poner un alargador de 500 metros para el teclado, fue una locura”, recordó para 70/30 el cantante, Nicolás Chiocca. Aquel revolucionado día terminarían tocando solamente un par de canciones, previo a que la Municipalidad llegara a suspender el recital porque “se había podrido todo”.

Tras aquel considerable buen primer pie, la proeza definitiva giraría en torno a un renombrado lugar del pueblo, conocido como “El Anfibio”. En la búsqueda inicial del grupo, cada consulta que realizaban para tocar en aquel anfiteatro recibía una negativa que les imposibilitaba cumplir el objetivo.

Sin embargo, en uno de los varios shows que dieron en aquel camping del Quilpo, considerado por Chiocca como “un lugar mágico, un río transmutador zarpado”, entre el público se encontraba ni más ni menos que el dueño del buscado espacio. “Lo terminamos convenciendo y fue como la última hazaña. Haber podido tocar en ese lugar, lo llenamos, comimos cuscús y reventamos todo”, cerró la voz en escenario de la Groovin’.

En este repaso, otra de las tantas noches épicas de show groove que podría traerse a colación sería la del cierre del Psicotropía 4 de fin de año de 2017, aunque no se trataría de una “noche” precisamente.

En aquella edición del festival, considerado en algunos rincones como el “Woodstock del Litoral”, la Groovin’ Bohemia tenía la dicha de cerrar el último día del Escenario A, por el que previamente habían pasado bandas como Río Chino, Los Cuentos de la Buena Pipa, Sur Oculto y Mambo Gratis, entre otras.

Sin embargo, por esas “cosas que pasan” el line-up sufrió retrasos en sus respectivos horarios, con lo que la banda comenzó con su show de cierre de jornada… ¡a las 7 de la mañana! (Cosquín, un poroto). Amanecidos, con la presencia al por mayor de lentes de sol, aquello que a cualquier otra banda quizás hubiera tirado para atrás, a ellos los hizo salir a darlo todo aún con más energía, con un público que con igual aguante se encargó de sellar esa fraternidad y consumar el fuego de aquel ritual inigualable.

En una época hipertecnologizada, que da la sensación de que si no estás en Internet no existís, la Groovin’ supo destacarse desde la calle, repartió su arte por los más variados escenarios y recién a cuatro años de su creación, más como una consecuencia que como un paso obligado, terminan replicando algún poquito de aquellos fuegos que supieron avivar en un disco que ya navega por las redes.

Por Florencia Vizzi. Colaborador fotográfico: Fernando Giorgio.

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Discografía 

Contado por Nicolás Chiocca -voz- y Luciano Sosa -bajo-.

Groovin’ Bohemia (2019, disco)

Nicolás Chiocca: El proceso fue bastante cambiante y caótico, como siempre se dio en la banda. Al principio, la idea del disco era que la banda toque en vivo, rescatar las mejores tomas de ahí y armarlo. Después, llegamos a la Madriguera Sur, estudio donde trabaja Diego Savioli, con el material bastante crudo. Las canciones se maceraron y fuimos encontrando tanto el sonido de cada una como el desarrollo de la historia que queremos contar ya hace tiempo, con muchos de los temas que ya venimos tocando hace bastante en el under y alguno que otro que se sumó este último tiempo y terminan de marcar el concepto de hacer música para bailar y emocionarse. Las sensaciones que hoy tengo con respecto al disco es que la verdad siento que algo nació y algo murió dentro de mí y dentro del grupo. Nos conocimos como equipo, especialmente en estos últimos meses, y la verdad es que se disfrutó mucho. Con mucho humor para liberar las ansiedades que se producen, por lo importante que conlleva materializar algo tan importante como un disco, como dejar la huella de años vibrando en los escenarios, de tanta música y tantos momentos recopilados, se pudo condensar en un trabajo que le pones play y suena. Ojalá se disfrute de la historia como también nosotros al encarnarnos en ella y contarla.

Luciano Sosa: El proceso del disco fue muy hermoso, muy lindo. Con momentos de tensión, de aprendizaje, pero muchísimas sensaciones. Si bien la Groovin’ en sí siempre tuvo muy marcado un perfil de banda de vivo, de esa energía de tocar arriba de las tablas y no pensar mucho en hacer un CD (si bien teníamos varios temas), la idea se fue profesionalizando un poco después. Yo lo viví también como un gran desafío, preguntándome si realmente éramos capaces de hacer un buen producto o poder traducir toda esa energía del vivo en un CD. Así se fue dando el proceso de las canciones. En el CD se pueden escuchar varios temas que te das cuenta que tienen una energía muy de vivo y otras que ya van más de estudio. Fue un gran desafío. El proceso de las canciones era por momentos súper fluídas, salían capaz que dos en un ensayo, y en otros no salía nada. Avanzar y estar quietos; siempre se dio esa dinámica. Pero me encantó, fue algo que soñaba hacer y más con amigos que son hermanos para mí. Compartir con ellos horas y horas dentro del estudio y las horas de vivo que también forman parte del disco… y horas de todo, de lo que te imagines. Estamos muy contentos, la verdad. Para mí es, creo, de los mayores logros que tuve en mi vida.

70/30 en la presentación del disco

Fotos gentileza: Julián Prendes

Podcast: Cauce y Consecuencia #1

«Los Cuentos de la Buena Pipa», narrado por Guido Brunet

Como parte de la naturaleza transmedia con la que fue gestada y es llevada adelante 70/30, a partir de esta edición se presentan oficialmente los podcasts de esta publicación del Diario Digital Conclusión. Bandas, artistas, proyectos e historias se verán reflejadas a través de las distintas publicaciones, que se podrán escuchar de manera libre y gratuita a través de Anchor.FM y Spotify, entre otras plataformas.

«Cauce y consecuencia» es el primero en ver la luz y en donde se repasarán distintas historias que merecen ser contadas sobre las bandas de Rosario y su vasta movida. Atravesada por el río Paraná, la ciudad tiene su propio cauce por el que transitan miles de expresiones que nacen, crecen y viven (y a veces, desbordan) con una potente fuerza propia, capaz de saltar las barreras y los obstáculos que el mismo trayecto impone. ¿Cuál fue el camino que tuvieron que navegar estas bandas para poder expresar su arte en esta parte del mundo?

En este primer capítulo, con la voz de Guido Brunet: Invierno de 2007. Una reunión en Arroyo Seco. Once personas con habilidades en la música, el teatro, el cine, el diseño o las artes plásticas se debaten un nuevo proyecto para llevar adelante. El objetivo: usar todas las herramientas expresivas posibles para contar una historia. Así nacieron Los Cuentos de la Buena Pipa, que en aquel entonces era un grupo que no pensaba en la idea de hacer canciones, ni mucho menos discos.

Escuchalo en Spotify y Anchor.fm:

¿Te perdiste los números #1, #2, #3, #4 y #5 con Los Cuentos de la Buena Pipa, Mamita Peyote, Farolitos, Kunyaza y Shocklenders? Miralos en el siguiente enlace:

70/30