Miguel Ángel Solá: “Hacemos una comedia sutil que se permite una reflexión”
El actor, radicado en España desde hace años, está de regreso en Argentina para protagonizar la obra “Mi querido presidente”. Se presenta junto a Maxi De la Cruz este fin de semana en Rosario.
- Espectáculos
- Por Mario Luzuriaga
- Jul 4, 2025
Miguel Ángel Solá es uno de los más grandes actores argentinos de su generación: brilló en cine, teatro, televisión y, si bien la lista de éxitos en los que participó es interminable, en todos sus trabajos se destaca su pasión por esta profesión. Luego de su partida del país a fines de la década del 90, el artista siguió cosechando popularidad en España, donde reside en la actualidad.
Desde hace unos meses, Solá volvió a Argentina para protagonizar, junto a Maxi De la Cruz, la comedia “Mi querido presidente”, que se presenta este sábado 5 y domingo 6 de julio a las 21 en el teatro Broadway de Rosario.
En la obra, el actor interpreta a un psiquiatra que deberá resolver un problema muy particular que tiene el presidente de la Nación. La puesta no es una comedia más, sino un espacio que da para la reflexión.
Antes de su llegada a la ciudad, Solá tuvo una charla con Conclusión en la que habló de la obra, pero también dio su opinión de lo que pasa en el país y se refirió a la actualidad de los actores.
-¿Cómo es para usted regresar al país con esta obra tan especial?
-Me ha hecho muy feliz por el reconocimiento de la gente. La devolución constante que me dan por la calle me asombra porque quiere decir que me recuerdan (risas). Vivir tanto tiempo fuera y no estar en la vida del público por ahí hace que no me reconozcan, pero valoro muchísimo el trabajo que hizo Gustavo Yankelevich al convocarme y reubicarme en un contexto que no vivía. Después la gente que me va recordando cosas que hice ya hace 40 años, por un lado, me encanta; y por el otro me pregunto cómo viví todos los días, y tuve que pensar que estuve en otro lado. Es muy fuerte y muy bonito (risas).
-¿Se entendieron rápidamente con Maxi De la Cruz a la hora de encarar la obra?
-La obra le gustó a mucha gente. El trabajo que hago con Maxi es hermoso, nos divertimos y nos llevamos muy bien. Somos grandes compañeros de trabajo y me alegra la vida todo el tiempo. Es un actor fantástico que juega con un estilo muy diferente al mío, pero son complementarios y es muy bonito lo que ha pasado.
-En su carrera siempre se lo vinculó con papeles más serios o dramáticos, ¿qué le encuentra de entretenido a hacer una comedia?
-Esta no es una comedia tonta o de enredos, es una comedia muy sutil. La gente se ríe muchísimo, pero lo que hace es pensar. Más allá de esa masa del público que manejamos, está lo que le pasa a cada uno de ellos. Ese lugar al cual no tenemos acceso, lo hacemos despertar con este texto. Llama a la reflexión porque está hablando constantemente de lo que es la elección, qué es lo que elige ser uno. En este caso es un presidente que tiene un problema, pero ese problema nace de no saber qué elegir. Este tipo no sabe cómo elegirse a sí mismo, eso es lo que le pasa. Es un hombre que nunca se votó. Se jacta de serlo, pero no se votó a sí mismo por miedo.
-Podemos decir que es un presidente por casualidad.
-Sí, porque cree que, en definitiva, esos que son sus votos surgen de su poder, de su simpatía, de su capacidad, de mimetizarse con la gente. Pero lo que no sabe es que la gente lo vota con una esperanza. Por lo general nosotros emitimos un voto en la urna esperando que ese ser cumpla con las causas con las que se comprometió, y que nos dé la posibilidad de creer y crear un país. Nosotros aspiramos a eso, pero el juego político hace que eso se haya banalizado. Un político no necesita robar porque con la cantidad de contactos que hace en su posición, ya tiene para vivir varias vidas. Ahora se le ha añadido el robo y, en el tiempo del menemato, se le suma la impunidad, y eso es gravísimo. Lo que le pasa al presidente que interpreta Maxi es que no quiere llegar a eso, pero no sabe cómo romper esa cadena. No sabe cómo elegirse a sí mismo, cree que no va a ser capaz.
-No se elige porque tiene miedo de enfrentarse al poder real que son las corporaciones.
-Lo que hace este psiquiatra es devolverle la confianza en sí mismo, en esos primeros sueños que se le opacaron a este presidente. En la comedia, que es divertidísima y expone el talento de Maxi, el que cambia es ese presidente. En vez de dar un discurso armado, dará uno que le sale del corazón. Por eso la obra es tan bella y además es tan disparatada, que la gente se muere de risa. A medida que va avanzando el público se transforma y marca el ritmo. Nos encanta ver que el público nos ovaciona porque le dimos mucha emoción.

-Ahora que salen de gira y que usted vuelve a visitar el país, ¿le conmueve ver a todo ese público que está más allá de Buenos Aires?
-A mí me fascina porque a todos los lugares que vamos a ir he ido. Me voy a encontrar con gente que quizás no me ve hace 30 años. Quizás hay mucha gente no ha tenido la esperanza de seguir viéndome, yo tengo 75 años. Lo bonito es que iré a un montón de lugares que ya he ido y, quizás, vea a un público renovado, a los que le recomendaron ir a verme por mi carrera. Siempre me especialicé en trabajos más complejos o dolorosos; tanto “Eqqus” o “El hombre elefante” me produjeron mucho dolor corporal y físico, pero he sobrevivido a ello. Los hice con toda el alma y darle una buena interpretación a la gente creo que es el recuerdo que sirve para empujar a los que no me conocen y no me vieron actuar.
-Hizo papeles memorables, pero recuerdo especialmente su rol en “El oro y el barro” y “Germán: últimas viñetas”. ¿Qué recuerdos le trae esas ficciones?
-El primero me trae de recuerdo a Diana Álvarez, una gran directora de televisión, con quien hice ese trabajo y nos divertimos mucho. Yo interpretaba a un villano repugnante, pero me gustaba porque tenía rasgos de humor (risas). Yo no voy a juzgar a mi personaje, yo tengo que entregarle todo, pero nunca me sentaría a comer con él. Después “Germán: últimas viñetas” fue un trabajo precioso en todo su contexto, además de recordar mucho a mi amigo Claudio Rissi, los directores hicieron un trabajo maravilloso. Lo que pasa es que la vio poca gente y los productores se fundieron haciéndola, da mucha bronca que la gente no elija ver algo bueno, mientras que en la tele hay una cantidad de porquerías.
-Usted ha hecho un trabajo extraordinario y contó los últimos días de Héctor Germán Oesterherld.
-Lo que pasa que la gente no está acostumbrada a eso. Los medios de comunicación ya dejaron de hablar de lo bueno, se apilan acorde a la cantidad de seguidores en redes sociales o puntos de rating. Tiene más espacio lo que está de moda, que la cultura. Ni hablemos del fútbol que ocupa todas las horas del día y de todos los canales. Eso es inmoral porque están arruinando la vida de los demás negocios, que procuran otro tipo de cosas. Antes existía una televisión que hablaba de una infinidad de cosas, podía hablar de amor, de ilusiones, de esperanza; y también de la condición humana y sus dramas diarios. Programas como “Nosotros y los miedos”, “Compromisos”, “Atreverse”, “Honrar la vida” y tantos otros; y uno podía elegir. Ahora hay cuatro panelistas hablando siempre de lo mismo y de seres que no han hecho nada para merecer estar cubriendo ni dos segundos de pantalla. Seres infames que solo hablan de sus escándalos personales, de cama y de su dinero. La escuela que tienen es que sigan hablando mal de ellos, es de lo peor del liberalismo que se estila hoy.
-En los tiempos que corren, ¿cree que el teatro es el último refugio de resistencia para los actores?
-El teatro es el último recurso y está bombardeado permanentemente. Ahora se lo bombardea negándolo como experiencia. Es el que te recuerda constantemente que sos un ser humano y que estás hablando de los Derechos Humanos. Aunque hables de los derechos del ser humano en contra o favor, estás hablando de eso; de las vivencias, del calor humano, de la risa, del dolor, de las tristezas y de la posibilidad de cambiar esto. Ahora el refugio del teatro, por lo general, está en el teatro independiente. El teatro comercial se volvió para hacer reír sin pensar, por suerte hacemos una comedia que nos ayuda a reflexionar y te habla sobre que elijas lo que querés ser y no lo que quiere otro. El teatro no es cómplice del poder, cuestiona lo que hace el poder con la vida del ser humano.

