MARTES, 20 DE OCT.

Rosca de Reyes

¿Conocés el origen y la historia de esta delicia que solemos disfrutar en la semana del 6 de enero? Enterate de sus secretos.

 

Lejos de suponer que su significado sea una “trama de entuertos monárquicos” como podría inferirse inicialmente, nuestra referencia de hoy está destinada a un postre dedicado a la celebración de la llegada de Los Reyes Magos.

Aunque pueda sonar extemporáneo quizá nuestro abordaje de hoy, en razón de que ha quedado algo atrás respecto a la fecha de su celebración, queremos señalar que forma parte -es la conclusión- de una serie de referencias destinadas a conocer historias de múltiples preparaciones culinarias que consumimos en oportunidad de festividades de fin de año, cuya divulgación iniciamos a principios de diciembre y fuimos ordenando hasta aquí de manera secuencial.

Existen varias versiones respecto a su origen. La más difundida se asocia con la creencia religiosa relacionada con la celebración de la Epifanía, que etimológicamente alude a la “manifestación de Cristo en la Tierra”, con la visita de los Reyes Magos al Niño Jesús, la entrega de sus regalos y la posterior adoración.

Para los católicos del mundo, la Rosca de Reyes representa la culminación del tiempo de adviento y junto con otras festividades tradicionales generó la costumbre de comerla en la conmemoración de la Epifanía.

Ateniéndonos rigurosamente a la historia del pastel y las celebraciones a que se consagraba, podríamos asegurar que no provenía originalmente de una celebración religiosa, sino más bien a festividades paganas, entre los romanos, celebraciones dedicadas al dios Saturno, las famosas saturnales, también conocidas como las Fiestas de los Esclavos.

Para esta festividad se elaboraban en forma de tortas redondas, con higos, dátiles y miel, y que luego se repartían entre el pueblo y sus esclavos. Esta celebración se conmemoraba en diciembre con el objetivo de honrar el nacimiento de un nuevo período de luz y el final del duro trabajo en el campo. Con el transcurso del tiempo empezó a introducirse en la masa un haba seca que simbolizaba prosperidad; quien la hallara en su porción podría considerarse afortunado y sería nombrado “rey de reyes” por un rato y para el caso que fuese un esclavo, otorgaba al ganador el privilegio de quedar libre por los días de celebración de los saturnales.

La península ibérica habría heredado esta tradición durante la época en que formó parte del imperio romano, con variaciones en sus recetas y en las sorpresas, que han ido desde monedas hasta bebés de plástico. Se dice que existe en España una panadería que esconde en sus roscas de reyes pequeñas piedras preciosas.

La tradición medieval nos cuenta que en Francia se solía elegir un rey para las fiestas. Se escondía un haba dentro de un pan dulce adornado con frutas y azúcar y al repartirlo, el afortunado que encontraba el obsequio escondido era proclamado simbólicamente como un rey.

Más adelante adquirió la forma circular (la rosca) porque representa el amor infinito, sin principio ni fin. Otra asociación más sencilla es que su forma se asemeja a una corona de reyes.

Hay quienes encuentran mucha similitud entre las roscas de Reyes y las roscas de Pascuas, y es cierto que la hay. Deberíamos decir en ese sentido y por lo opuesto, que existen diferencias entre ellas. Las de Pascuas llevan huevos, que representan la Resurrección mientras que las de Reyes suelen esconder un pequeño obsequio que representa los regalos que los Reyes Magos llevaron a Jesús, recién nacido en Belén.

Desde España llegó a América, con la colonización, la tradición de comerla para estas ocasiones y Argentina no es la excepción y se la puede encontrar en la mayoría de panaderías y comercios de esa actividad a precios muy accesibles, lo que asegura un gran consumo de la tradicional delicia.

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