Día de la Ancianidad: de los derechos reconocidos a un presente que exige volver a luchar
A 77 años de una jornada histórica, la fecha interpela más que nunca: mientras la efeméride nació para garantizar asistencia y respeto a las personas mayores, hoy los jubilados marchan cada semana en reclamo contra el ajuste y el veto a la ley de aumento de haberes.
- Info general
- Ago 28, 2026
En 1948, el Congreso proclamó los Derechos de la Ancianidad, un decálogo impulsado por Eva Perón que incluía asistencia, vivienda, alimentación, vestido, cuidado de la salud física y mental, esparcimiento, trabajo, expansión y respeto.
Su incorporación a la Constitución de 1949 convirtió a la Argentina en pionera en reconocer a los adultos mayores como sujetos de derechos, dejando atrás el asistencialismo y la caridad.
A través de la Fundación Eva Perón, se construyeron hogares para ancianos y se promovió una legislación que otorgaba pensiones a quienes no tenían amparo. En la práctica, esos derechos significaron una nueva mirada sobre la vejez: no como una etapa de desamparo, sino como una parte de la vida que debía ser acompañada con dignidad y seguridad social.
El espíritu de aquel decálogo todavía resuena. Más allá de los cambios de época y de las transformaciones sociales, los diez principios proclamados por Evita siguen marcando un horizonte de justicia social.
POR QUÉ SE CONMEMORA EL 28 DE AGOSTO
Fue justamente el 28 de agosto de 1948 cuando Eva anunció, en el ministerio de Trabajo, el Decálogo de la Ancianidad y solicitó que fuera incorporado en la legislación nacional.
El Decálogo con los derechos que finalmente fueron incluidos en la Constitución Nacional de 1949:
-Derecho a la asistencia
-Derecho a la vivienda
-Derecho a la alimentación
-Derecho al vestido
-Derecho al cuidado de la ciudad física
-Derecho al cuidado de la Salud Mental
-Derecho al esparcimiento
-Derecho al trabajo
-Derecho a la expansión-tranquilidad
-Derecho al respeto
DE LOS SUEÑOS DE EVITA A LA LUCHA EN LAS CALLES
El contraste con el presente es inevitable. Cada miércoles, todas las semanas, los jubilados marchan hacia el Congreso denunciando el ajuste de Javier Milei y en repudio al veto presidencial al aumento de haberes.
Con carteles, consignas y micrófono abierto, los adultos mayores ponen en palabras lo que atraviesan día a día: la pérdida del poder adquisitivo, la dificultad de llegar a fin de mes y la sensación de haber quedado relegados en las prioridades del Estado.
La postal de los jubilados reclamando frente al Congreso todos los miércoles, con sus pancartas y sus voces, contrasta con el decálogo incluido en las constitución de 1949. Allí donde Eva Perón imaginó derechos garantizados y un Estado protector, hoy lo que se escucha es el grito por la dignidad perdida.
El Día de la Ancianidad nació para visibilizar a quienes, por décadas, habían sido invisibles en la sociedad: los adultos mayores. Setenta y siete años después, la fecha interpela más que nunca.
Entre el recuerdo de los derechos proclamados por Evita y la realidad de los jubilados que marchan cada semana, la efeméride deja al descubierto un contraste doloroso: el país que soñó con garantizar la vejez como una etapa digna y el presente donde muchos ancianos deben salir a la calle para exigir lo que la historia alguna vez les prometió.

