LUNES, 20 DE JUL.

Día del Maestro: ¿cuál es el origen de la fecha que celebra a los docentes y a la escuela pública argentina?

La figura de Domingo Faustino Sarmiento no está exenta de contradicciones, pero es innegable que fue clave en la construcción de un sistema educativo nacional, público, laico y gratuito. Por ello, en la fecha de su fallecimiento se homenajea a los docentes argentinos.

 

El docente, escritor y ex presidente de Argentina, Domingo Faustino Sarmiento, falleció el 11 de septiembre de 1888, a los 77 años. En honor a su tarea como propulsor de la educación pública, laica y gratuita –por lo que es considerado como “padre del aula”– en la fecha de su deceso se conmemora el Día del Maestro: una jornada para agradecer a quienes día a día transmiten saberes y para cuidar a las escuelas argentinas ante el avance de discursos privatizadores.

Si bien el 11 de septiembre no es feriado nacional, las escuelas primarias de todo el país –y en gran parte de las secundarias– suelen suspender las actividades para que los docentes descansen en su día, por lo que este jueves no habrá clases en la mayoría de los establecimientos argentinos.

El ex presidente sentó las bases de la educación en el país y propuso crear una Ley Nacional de Educación. Si bien durante su gobierno no pudo concretar esta iniciativa, la misma se logró durante la presidencia de Julio Argentino Roca (en 1884), cuando se sancionó la Ley N° 1420, que estableció que la educación debía ser universal, obligatoria, gratuita y laica.

En honor a Sarmiento, en 1943 se realizó la Primera Conferencia de Ministros y Directores de Educación de las Repúblicas Americanas en Panamá, donde se decidió conmemorar el Día del Maestro cada 11 de septiembre.

La iniciativa proponía extender la conmemoración en todo el continente, no sólo para homenajear a Sarmiento, sino también para reconocer el trabajo cotidiano de los docentes. Esta idea no fue concretada y actualmente los países latinoamericanos celebran a los docentes en diferentes fechas.

En Argentina, la labor del maestro comenzó a celebrarse a partir de 1945, cuando el presidente de facto Edelmiro Farrell decretó que el 11 de septiembre se homenajee a los educadores argentinos.

En el decreto se destaca la “abnegación y sacrificio” de los maestros, que “guía los primeros pasos de nuestras generaciones y orienta el porvenir espiritual y cultural de nuestros pueblos”.

Además de crear más de 800 escuelas durante su presidencia, a fines del siglo XIX Sarmiento fundó Escuelas Normales en varias provincias y contrató a maestras estadounidenses que tenían el objetivo de formar a nuevos docentes, para multiplicar la cantidad de educadores en el territorio.

Civilación o barbarie: un sanjuanino unitario

Sarmiento nació el 15 de febrero de 1811 en la ciudad de San Juan, capital de la provincia homónima. A los 15 años fundó su primera escuela en San Francisco del Monte de Oro, San Luis, y a lo largo de su vida se desempeñó como docente, intelectual, escritor, periodista, militar, gobernador y senador. Llegó a ser presidente de la Nación entre 1868 y 1874.

Entre las obras claves del sanjuanino se encuentra el libro “Facundo”, en el que plantea su idea de “civilización o barbarie”: Sarmiento admiraba al mundo europeo y despreciaba las expresiones culturales autóctonas, vinculadas a lo gauchezco u originario.

Este libro toma el nombre del caudillo riojano Facundo Quiroga, a quien Sarmiento consideraba una amenaza para el progreso, por lo que era fundamental educar mediante instituciones como las escuelas. Sin embargo, su proyecto académico no era tan plural: consideraba que los gauchos y mestizos eran culturalmente inferiores pero posibles de civilizar, mas no así los habitantes originarios.

Para Sarmiento, el principal problema que enfrentaba Argentina tras independizarse de España era la inmensidad de su territorio (al que llamaba “desierto”) y la manera de enfrentarlo era a través de la expansión de las ciencias e industrias, donde la educación cumplía un rol clave.

En un aspecto político, Sarmiento fue parte del Partido Unitario –que defendían un Gobierno centralizado en la Ciudad de Buenos Aires–. En este sentido, caracterizó a los federales –ubicados en la vereda del frente ya que luchaban por la autonomía de las provincias– como una fuerza bárbara diseminada por toda la República.

En 1887, los médicos le aconsejaron a un Sarmiento ya anciano y con su salud deteriorada por la sordera y una insuficiencia cardiovascular y bronquial que se aleje de Buenos Aires para evitar el frío invierno de la ciudad. A comienzos de 1888 se embarcó con su hija Faustina y sus nietos para Asunción, la capital de Paraguay, donde falleció el 11 de septiembre de 1888.

Los restos del “padre del aula” fueron inhumados en el Cementerio de la Recoleta en Buenos Aires diez días después. Ante su tumba, Carlos Pellegrini sintetizó el juicio general: “Fue el cerebro más poderoso que haya producido la América”.

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