Ekaitz Cancela: “El Estado es privatizado a partir de la digitalización de sus funciones”
El periodista, investigador y ensayista vasco presentó en Rosario su último libro “Utopías digitales. Imaginar el fin del capitalismo” y analizó la coyuntura nacional e internacional desde la perspectiva que lo movilizó por el mundo occidental: la posibilidad de una sociedad no capitalista que en lugar de alejarse de las tecnologías, las utilice para la resocialización y superación de la individualidad libertaria.
- Info general
- Por Manuel Parola
- Jul 5, 2025
Al revés de los brulotes de Fito Páez y del clima de época desde la caída del muro de Berlín, todavía hay mucha gente que anima a construir utopías que piensen una salida del estancamiento que propone la actual etapa económica y política mundial.
Uno de ellos es el periodista, investigador y ensayista vasco Ekaitz Cancela, autor de diversos libros y promotor de la idea de que el periodo transcurrido durante la Guerra Fría fue “ante todo, un largo hiato donde el neoliberalismo pareció imponerse como única alternativa en nuestra imaginación”, que dio lugar a miles de experiencias de que buscaron y buscan salir de la necesaria desigualdad y precarización de la vida en común. Y a contrapelo de los enfoques tanto izquierdistas y progresistas en Argentina, Cancela propone que sean las plataformas digitales el escalón desde el cual “hacer la revolución”.
“Podemos reprogramar la tecnología para que fomente la libertad y la autonomía humana en un planeta finito marcado por la desigualdad, superando al fin los procesos de expropiación, privatización, financiarización, vigilancia y alienación”, reza la contratapa del libro “Utopías digitales. Imaginar el fin del capitalismo”, escrito que Cancela presentó el pasado miércoles 25 de junio en la librería rosarina El Gato Eterno, junto a la compañía del politólogo y periodista Tomás Trapé y Esteban Domínguez.
En un mano a mano con Conclusión, Ekaitz sostuvo que entre las páginas de su texto se despliegan “experimentos históricos donde la tecnología ha podido ser de otra forma, principalmente experimentos ocurridos tras la Guerra Fría en el sur global”, como Latinoamérica, Oriente Medio, Asia y África, en una búsqueda necesaria de sacar el foco de los centros de occidente y brindar una mirada diferente a lo que puede ser una existencia que conjugue las tecnologías con la dignidad.
– Hay una frase de Jameson que habla de que es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo. Un poco lo que hacés es chocar con esa frase. Comentame un poco cuál es el origen del título del libro y qué se dispara a partir de esto.
Creo que lo que le falta a la renovación de la utopía comunista es dejar de entenderla como si la utopía fuera una visión de un futuro por llegar o como si se tratara de un mundo ideal. Lo que trato de hacer en el libro a partir de autores como Raymond Williams, Stuart Hall, a partir de los teóricos de los estudios culturales es plantear la idea de que la utopía no es un pensamiento mágico, es al mismo tiempo la capacidad creativa e imaginativa que tienen los seres humanos tanto como para imaginar como para transformar el mundo mediante la acción. Es la capacidad de imaginar y la capacidad al mismo tiempo de llevar a cabo esa práctica y de la misma manera en que te transformas a ti mismo, transformas el mundo. La utopía digital que yo planteo es desactivar la utopía neoliberal que canaliza toda nuestra agencia humana en torno a una serie de instituciones jurídico-legales, que no son los Estados, sino que es el mercado mediado por los dispositivos tecnológicos y predictivos.
Contra esta utopía donde la única infraestructura es la neoliberal, y con infraestructura me refiero a esos dispositivos para orientarnos por el mundo moderno, trato de plantear una serie de instituciones alternativas a la del mercado. Y ahí es donde yo entiendo la tecnología como una institución de lo social, como el resultado de la lucha de clases, y por tanto de las distintas relaciones sociales.
Si son los capitalistas quienes imaginan la tecnología, quienes gastan enormes cantidades de dinero mediante los fondos de capital riesgo y mediante sus inversiones en startups, imponen mediante la fuerza no militar, pero sino de su talonario, una serie de ideologías y una serie de abstracciones sobre qué es la técnica, la técnica en todos estos discursos no es nada elevado, es simplemente un servicio privado. No es ninguna innovación.
No es en ningún mundo ni siquiera utópico, es incluso realmente reaccionario, porque tratan de solucionar buena parte de los problemas, no solo con los con las tecnologías, sino introduciendo soluciones de mercado a todos los problemas que ha creado la propia sociedad neoliberal. Pensemos en el TINA (there is no alternative) y la famosa frase asociada a ella de Thatcher, («la sociedad no existe sino que existen sólo los individuos»).
Mediante su proceso consumista y de hiperindividualización del neoliberalismo, se genera una serie de tensiones y de problemas, como la ansiedad, la depresión, la destrucción de las instituciones de la clase obrera. No es casualidad que una empresa como la Mark Zuckerberg monte una llamada red social. Es el mejor ejemplo de este paradigma. Ahora bien, ¿las redes sociales han acabado con los problemas de individualidad o simplemente los han exacerbado? ¿Las redes sociales han hecho que seamos personas menos tristes o han hecho que seamos personas mucho más tristes, con más ansiedades?
Entonces, ante esta realidad y este poder que tienen las utopías neoliberales no sólo de dictar el futuro, sino de llevarlo a la práctica y a la propia acción mediante nuestra interacción con las tecnologías digitales, lo que creo es que desde las filas progresistas tenemos que entender ese carácter dialéctico y político que tiene las utopías para plantear instituciones desde lo social, desde lo colectivo que abracen más a los que están en los márgenes del Estado y el mercado y de este modo salir de la dicotomía habitual de la Guerra Fría y pensar más en las bibliotecas, en las librerías, en las universidades, pensar más en los movimientos sociales como espacios colectivos que configuran, diseñan, piensan, imaginan y por tanto determinan la dirección de la técnica.

– Mark Fisher habla de que gran parte del triunfo de ese apego por las nuevas tecnologías, sobre todo en las generaciones más jóvenes, tiene que ver con en la generación de dopamina constante para poder suplementar las falencias, las frustraciones que genera el propio sistema capitalista, sobre todo el neoliberal después de la época del 70 en donde ningún esfuerzo del trabajo pareciera ser suficiente para poder llenar las necesidades básicas de la población. ¿Vos lo que planteas es correr esos ingresos de dopamina para darle ese espacio a instituciones que sean más sociales, que propongan esa satisfacción desde el encuentro y desde el hacer común?
Marx decía que la comuna era la explosión de la creatividad colectiva. Hablo más de cómo las tecnologías pueden reactivar el deseo postcapitalista del que hablaba Fisher. Pero creo que decir en Fischer que las tecnologías lo único que hacen es activar algunos procesos físicos o a través de las serotoninas, es como decir que en el capitalismo solo salimos de la alienación fumando tabaco.
Las tecnologías han sabido legitimarse en un momento donde las condiciones de precariedad son muy profundas en nuestra generación: somos la generación más endeudada, la generación con menos ahorro, que antes de los 50 va a sufrir temperaturas en el mundo en las que no va a poder vivir, somos la generación con niveles de desigualdad más marcada. Si seguimos la dialéctica de Marx, que decía que cuando el desarrollo de las fuerzas productivas entra en contradicción con las relaciones de producción da comienzo a la revolución, si eso fuera así, ya estaríamos quemando los contenedores y armándola en las calles, pero eso no está ocurriendo. Entonces, ¿cómo se legitima el neoliberalismo en la era de las tecnologías? Lo hace mediante una promesa de la modernidad y mediante una fusión entre el trabajo y el juego. ¿A qué voy?
El neoliberalismo se sostiene mediante este modernismo de mercado donde los sujetos humanos permanentemente descubren cosas nuevas y por tanto crean una relación no de serotonina, sino afectiva y emocional con las plataformas tecnológicas, que han sido diseñadas efectivamente por psicólogos, antropólogos e ingenieros para que sean adictivas.
Pero lo que de verdad hace que se legitime, no es solo eso, sino que es un proceso más existencialista, en donde tú cada vez que quieres descubrir algo nuevo en tu día a día, por ejemplo, un ligue, vas a una aplicación como Tinder ¿Una película? Vas a HBO o a Netflix. ¿Quieres descubrir amigos? Entra a esa Meta (exFacebook). Entonces, cada ámbito de lo que la modernidad nos había roto, esa sensación de avanzar, de progresar, las redes sociales la complementan, complementan a ese avance civilizatorio, introduciendo una infraestructura del día a día, por eso las App Store son como infraestructuras existenciales que determinan quiénes somos, quiénes determinamos ser y cómo se configuran nuestras personalidades.
Ese es el dispositivo que permite a Silicon Valley legitimarse. En un momento, además, donde los Estados no son capaces de proveer ni bienestar ni condiciones de progreso. Entonces, mediante una retórica donde se asocian las instituciones antaño públicas, que eran las que sostenían esas capacidades colectivas, mediante un desprestigio diciendo que son ineficientes, que no son capaces de adaptarse a los tiempos nuevos.
Observemos el lema de Facebook: «muévete rápido y rompe cosas». En el terreno de lo práctico, esto también ocurre a través de un doble movimiento. Y es que las plataformas tecnológicas han conseguido abolir la diferenciación entre la esfera de las necesidades, la reproducción social y la esfera de las libertades, donde imaginamos y creamos.
Eso lo han conseguido eliminando y mercantilizando todas las esferas de la vida y esto es precisamente lo que le permite a un tipo como Milei hable de «la libertad avanza» mediante la destrucción o mediante la precarización de toda la esfera de las necesidades. Lo que hace Silicon Valley es romper todas las barreras y conseguir que estemos produciendo valor permanentemente. Y encima haciendo actividades que nos gustan y actividades que disfrutamos, o que en teoría disfrutamos. La pregunta es cómo conseguimos crear desde las filas progresistas esas instituciones donde se elimine, de verdad, la división entre la necesidad y la libertad. No para tener tres trabajos precarios y así creer que la libertad avanza, sino para tener trabajos donde de verdad podamos sacar lo mejor de nosotros mismos, podamos disfrutar al mismo tiempo que contribuimos a las capacidades productivas del país o de lo que sea.
– Por un lado, hablás del Estado como una institución hoy que no está cumpliendo su función en términos de satisfacer las necesidades de la población que abraza. Si la idea es crear estas nuevas instituciones que sí cumplan esas necesidades ¿cuál es el rol al cual el Estado queda relevado?
En primer lugar, el Estado es privatizado mediante la narrativa de la digitalización. Buena parte de los discursos de innovación, de digitalización de los Estados significa privatizar sus funciones. Estados que en la mayor parte de los casos han cedido los procesos de austeridad y que están obligados a cumplir el techo de gasto, hablo del techo de gasto que impone Bruselas, del caso europeo.
Es decir, tú tienes que hacer más con menos. No puedes gastar y al mismo tiempo tienes que innovar y solucionar los problemas. ¿Cuál es la única opción que tienes? Abrazar las tecnologías de Silicon Valley que en un principio parecen gratuitas, pero luego te cobran por todo. Entonces lo que estamos viendo es que las instituciones se están reconfigurando cada vez más, el Estado se está convirtiendo en un catalizador del desplazamiento de los recursos públicos hacia el sector privado. Especialmente los gobiernos y concretamente sus ministerios de Defensa y sus ejércitos. Por caso, la nube del Pentágono es controlada actualmente por Amazon, Oracle y Microsoft, eso dice mucho.
¿Cómo la digitalización del Estado es todo tiempo un mecanismo para garantizar la acumulación de mercancías, la acumulación de capital en un momento donde esta se vehicula mediante la militarización y la guerra? Entonces, la tecnología además ofrece mecanismos para que los estados no sean sanguinarios en el campo de batalla. Tienen esta capacidad de utilizar drones, armas automáticas, de sacar la violencia del campo de guerra y llevar a cabo un control más soft.
Entonces, esta es la reconfiguración del Estado en líneas capitalistas con las tecnologías digitales, básicamente neoliberalismo militarizado. Le llamé neoliberalismo de guerra en 2022. ¿Cómo se transforma esto en otra serie de líneas que no sean las militares? Pues insisto en volver al concepto de las instituciones sociales, es decir, de la capacidad de los seres humanos para revisar permanentemente las instituciones en las que viven, una estilo de democracia radicalizada si quieres, y cómo se plasma este terreno en la práctica de una serie de instituciones alternativas. En lugar de crear redes sociales que sustituyen a la sociedad, ver de qué manera podemos replicar el trabajo de los movimientos sociales para que institucionalicen la capacidad que tienen y los espacios culturales de entender cuáles son las necesidades de las personas e institucionalizarlas.
No son la digitalización de las fuerzas productivas para que el ser humano explote mejor la naturaleza mediante relaciones sociales capitalistas. Yo no quiero unas relaciones sociales no capitalistas donde la tecnología sea solo fuerza de producción y ciencia aplicada. Las tecnologías son como los semáforos, las tecnologías son como el calendario en los colegios, son dispositivos que aunque sean hiper infradesarrolladas y hiper-antiguos, permiten la coordinación social de muchas personas. Entonces, ¿cómo planteamos las tecnologías para gestionar toda la complejidad que se da en el mundo contemporáneo donde se producen datos de manera constante y que esos datos permiten ver cosas que antes no eran visibles para el ser humano y entre esas cosas que nos permiten ver están nuevas formas de de arreglos comunitarios, nos permiten reimaginar las librerías las bibliotecas? Podrías llevar a cabo un proceso de descubrimiento en un océano de conocimiento libre mediante únicamente digitalizar lo que ya existe.
– Mencionaste las posibilidades de la interacción humana a partir de las tecnologías digitales. Automáticamente pensaba en los trabajadores de Pedidos Ya, de Uber, en la uberización de las relaciones laborales. ¿Cómo se puede revertir ese proceso en donde la desregularización es total? ¿Cómo observas ese tipo de relaciones y cómo podemos salir de eso, para que los trabajadores no sigan perdiendo derechos a niveles globales?
Bajo el capitalismo, los trabajadores siempre van a seguir perdiendo derechos. En mi investigación trato de pensar cómo podríamos utilizar la tecnología artificial para solucionar algunos problemas estructurales del capitalismo. David Grever dice que el capitalismo necesita trabajos de mierda para funcionar.
Eso se puede ver en el trabajo de oficina, pero también se puede ver en el trabajo de un (cadete de) Rappi. Bajo un arreglo social distinto, habría cocinas comunitarias y cada persona iría a coger su propio pedido. En caso de que ese día quisieras pedir y pudieras pedir, pero tener la libertad de pedirle a una persona que se cruce una ciudad lloviendo es para mí una cosa que es insolucionable porque no tiene que existir.
Dicho esto, creo que el capital ha conseguido movilizar la tecnología en tres dimensiones, que es la que tú mencionas, que no es tanto una uberización sino que es una re-taylorización. O toyotismo de las relaciones laborales. Es decir, las tecnologías sirven para cuantificarnos, para vigilarnos y como dice Marx, para aumentar la productividad mediante la intensificación del tiempo de trabajo y la expansión de ese tiempo, que es lo que hicieron las fábricas toyotistas hacer que los procesos fueran mucho más cortos. Por eso un Uber mientras te está llevando a un lugar, está esperando otro pedido. Son algoritmos diseñado para aumentar los procesos tayloristas.
La segunda dimensión, mediante la automatización, realmente previo paso de la precarización absoluta, es decir, mientras entrenan a sus modelos de inteligencia artificial extraen todos los datos que han acumulado los trabajadores mediante su interacción con las fábricas o con sus trabajos de manera histórica, luego los automatizan, crean bots y se destruyen esos trabajadores.
Y la tercera dimensión, mediante la creación de un ejército industrial de reserva digital. Marx, en el capítulo 25 de El Capital, dice que a medida que aumentan la competencia entre trabajadores y el pull de trabajadores disponibles, efectivamente se intensifica la competencia y se reducen los salarios. Es como una ley newtoniana para Marx. Imagínate con plataformas de economía colaborativa, donde cualquier ingeniero indio o filipino que no tiene los mismos derechos laborales que acá, puede participar a través de las plataformas de cowork de trabajos de ingeniería y antaño hipercualificados. Estas tres patas desde las que se plantea la ofensiva del capital, me hace pensar que no hay alternativa al socialismo. Quiero decir, los trabajadores no pueden apropiarse de las tecnologías porque están configuradas de esta forma. Entonces, ¿de qué manera se piensa el trabajo? Hay que irse un poco al Chile de Salvador Allende. El proyecto de Allende era nacionalizar todas las fábricas y entregárselas a los trabajadores que iban a disponer de una sala todo chula, sin bolis o lápices, solo con botones para ver todos los flujos económicos que ocurrieron en la fábrica y de esta forma poder tomar decisiones por sí mismos ¿Cómo conseguimos que las plataformas tecnológicas sean controladas por los sindicatos, por los trabajadores en nuevas fábricas con una orientación productiva distinta, a la que imaginamos y sobre todo cómo la tecnología sirve para descualificar a los trabajadores, vigilarlos y alinearlos, sino cómo la tecnología sirve para realmente entender que lo más valioso de un trabajador no son los datos que genera siendo esclavizado, sino son los datos que genera mediante su conocimiento tácito de los procesos laborales y de la cualificación y el uso de su inteligencia y de su creatividad aplicada a ese trabajo?

