MIéRCOLES, 03 DE JUN.

Llegó el frío y se prenden las estufas: ¿cómo evitar intoxicaciones por monóxido de carbono?

Con el descenso de las temperaturas, muchas familias vuelven a encender estufas y calefactores después de varios meses sin uso y es fundamental tomar precauciones para evitar un riesgo silencioso: la intoxicación por monóxido de carbono.

 

Las primeras bajas en la temperatura marcan el regreso de los ambientes cerrados, las mantas y las estufas y calefactores, aunque también de un riesgo menos visible, pero peligroso: la intoxicación por monóxido de carbono, un gas tóxico que puede acumularse sin dejar rastro y generar consecuencias graves para la salud, hasta incluso letales.

Como no tiene olor, color ni sabor, el monóxido de carbono no da señales evidentes hasta que ya está afectando al organismo. Por eso, la mejor herramienta es la prevención: revisar instalaciones, ventilar los espacios, usar detectores y prestar atención a cualquier síntoma son acciones clave para resguardar la salud.

En Argentina, cada año mueren cerca de 200 personas por intoxicación con monóxido de carbono y se estiman alrededor de 40.000 casos clínicos, la mayoría de ellos prevenibles, según la Guía de Prevención, Diagnóstico, Tratamiento y Vigilancia Epidemiológica.

“Cualquier artefacto que utilice material combustible como gas, petróleo, carbón, kerosén, nafta, madera y plásticos puede producir monóxido de carbono cuando se quema en forma incompleta en un ambiente con una concentración de oxígeno escasa e inadecuada ventilación”, explicó la médica Fernanda del Valle Saravia (M.P. 9.869).

Y añadió: “En el hogar, la presencia de calefones, termotanques, calderas, estufas, braseros, salamandras, cocinas, anafes, calentadores, parrillas a leña o carbón y hornos a gas o leña, son los principales generadores de monóxido de carbono”.

Los cinco consejos a tener en cuenta para prevenir la intoxicación por monóxido de carbono:

1. Revisar periódicamente las instalaciones de gas. Es clave asegurarse de que estufas, hornallas y calefactores funcionen correctamente. Si la llama se ve amarilla o anaranjada, o si hay manchas de hollín en los artefactos o sus salidas, se debe contactar a un gasista matriculado.

2. Ventilar los ambientes todos los días. Aunque la temperatura baje, es esencial permitir la entrada de aire fresco. Abrir puertas y ventanas al menos una vez al día ayuda a renovar el oxígeno y evitar la acumulación de gases tóxicos.

3. No dejar encendidos los artefactos durante el descanso. Dormir con la estufa prendida representa un riesgo alto. Si el artefacto no tiene salida al exterior, puede liberar monóxido de carbono mientras las personas duermen, dificultando la detección de síntomas.

4. Instalar detectores de monóxido de carbono. Son dispositivos de bajo costo que permiten detectar el gas a tiempo. Se recomienda instalarlos en espacios cerrados donde haya artefactos a combustión y controlar que estén siempre en funcionamiento.

5. Reconocer los síntomas de intoxicación. Dolor de cabeza, mareos, náuseas, vómitos, visión borrosa, debilidad o dolor de pecho pueden ser señales de exposición. En casos más graves, pueden presentarse convulsiones o pérdida del conocimiento. Ante cualquier sospecha, es imprescindible acudir de urgencia al centro médico más cercano.

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