DOMINGO, 19 DE JUL.

Murió la madre del soldado Omar Carrasco, el caso que puso fin al servicio militar obligatorio

Sebastiana Barrera falleció este jueves tras años de lucha por justicia por el asesinato de su hijo, ocurrido en 1994 en un regimiento del Ejército en Neuquén.

Sebastiana Barrera, madre del soldado Omar Carrasco, cuyo asesinato dentro del Grupo de Artillería de Zapala derivó en la abolición del Servicio Militar Obligatorio en la Argentina, falleció este jueves tras una vida marcada por el reclamo incansable de justicia. Su partida cierra un capítulo profundamente doloroso de la historia reciente del país y deja el recuerdo de una madre que transformó el dolor en una lucha que impulsó un cambio histórico.

“Con profundo dolor despedimos a Sebastiana Barrera. Hoy descansa en paz junto a sus hijos Claudia Estela Carrasco y Omar Octavio Carrasco. Su amor, su fortaleza y su recuerdo vivirán por siempre en nuestros corazones”, expresaron familiares y amigos durante el velatorio. Junto a su esposo, Francisco Carrasco, Barrera se convirtió en un símbolo de la lucha contra el encubrimiento y la violencia institucional.

El caso de Omar Carrasco conmocionó a la sociedad argentina en 1994. El joven soldado fue visto con vida por última vez el 6 de marzo, cuando dos conscriptos se lo llevaron para un “baile”, una rutina física extrema aplicada como castigo dentro del ámbito militar. Sin embargo, nunca regresó. Dos semanas después, cuando sus padres fueron a visitarlo al regimiento, les informaron que había desertado, una versión que nunca creyeron y que los llevó a denunciar su desaparición.

El 6 de abril de 1994, el cuerpo de Omar Carrasco apareció en un descampado cercano al Cerro Gaucho, dentro del predio del Grupo de Artillería 161 de Zapala. El cadáver presentaba signos de momificación, un avanzado estado de descomposición en uno de sus ojos y vestía un pantalón militar limpio y planchado, lo que reforzó las sospechas de encubrimiento.

A partir de ese momento, las contradicciones se sucedieron sin pausa. Aunque inicialmente el Ejército sostuvo que el joven había intentado escapar y murió de frío, esa hipótesis fue descartada por las pericias. Tanto el médico legista Alberto Brailovsky como el perito oficial Enrique Prueger coincidieron en que Carrasco murió como consecuencia de los golpes recibidos por parte de sus superiores y de la falta de atención médica.

Brailovsky determinó que la causa de muerte fue una contusión pulmonar traumática, producto de una golpiza que derivó en una lenta y dolorosa agonía. Prueger, en tanto, fue contundente: “A Carrasco lo mataron a patadas, no le dieron atención médica y lo dejaron morir. Se muere de algo de lo que no se tenía que haber muerto”.

Además, las pericias demostraron que el cuerpo no había permanecido siempre en el lugar donde fue hallado y que parte del tiempo estuvo en instalaciones del regimiento, lo que quedó probado por rastros biológicos y el recorrido marcado por perros especializados.

Como resultado del juicio, el subteniente Ignacio Canevaro fue condenado a 15 años de prisión por el homicidio, mientras que los soldados Cristian Suárez y Víctor Salazar recibieron penas de 10 años. El suboficial Carlos Sánchez fue condenado a tres años por encubrimiento. Sin embargo, en un segundo juicio, conocido como “Carrasco II”, los militares imputados por encubrimiento fueron sobreseídos.

El impacto político y social del caso fue decisivo. El 31 de agosto de 1994, tras las condenas, el entonces presidente Carlos Menem decretó el fin del Servicio Militar Obligatorio y estableció un sistema de voluntariado rentado, marcando un antes y un después en la historia de las Fuerzas Armadas argentinas.

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