El dirigente opositor ruso Alexey Navalny comparecía este lunes ante un juez que debe pronunciarse sobre su detención, un día después de su arresto al arribar a Moscú, tras pasar más de cuatro meses recuperándose de un cuadro severo de envenenamiento del que responsabilizó al Gobierno del presidente Vladimir Putin, que rechazó la acusación.

La noticia de la audiencia se dio a conocer a través del abogado Vadim Kobzov, quien publicó en Twitter una carta de las fuerzas de seguridad, en la que se informaba que el tribunal de Khimki, en las afueras de Moscú, iba a «examinar la solicitud de detención del ciudadano Navalny Alexey» en la comisaría donde el dirigente se encuentra detenido.

En este marco, los abogados de Navalny denunciaron que desde su arresto «ilegal» el domingo en un aeropuerto de Moscú, no permiten que pueda entrevistarse con sus abogados.

«Está detenido ilegalmente, impiden que sus abogados lo vean», denunció el Fondo de la Lucha Contra la Corrupción, la organización fundada por el dirigente, citado por la agencia AFP.

En las últimas horas, las repercusiones internacionales sumaron las condenas de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, y de Alemania.

«Condeno la detención de Alexey Navalny a su retorno a Rusia. Las autoridades rusas deben liberarlo inmediatamente y garantizar su seguridad», instó Von der Leyen en una nota oficial en la que añadió que la «detención de opositores políticos es contrario a compromisos internacionales asumidos por Rusia» e insistió en una «investigación profunda e independiente sobre el ataque».

En tanto, el canciller alemán, Heiko Maas, citado por la agencia Europa Press, expresó: «Navalny regresó de manera consciente a Rusia por su propia voluntad después de su recuperación porque la considera su hogar político y personal. El hecho de que fuera arrestado por las autoridades rusas inmediatamente después de su llegada es del todo incompresible».

Para el Gobierno de Rusia, los países occidentales buscan «desviar la atención de su profunda crisis» con las críticas a la detención de Navalny.

«Vemos cómo han aprovechado las noticias de ayer sobre el regreso de Navalny a Rusia. Se nota la alegría con la que se dan los comentarios, casi todos iguales», sostuvo hoy el ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, durante una rueda de prensa.

«La alegría, porque esto permite a los políticos occidentales pensar que así podrán desviar la atención de la profunda crisis en la que se encuentra el modelo de desarrollo liberal», agregó, citado por la agencia Sputnik.

El 20 de agosto pasado, Navalny, opositor acérrimo de Putin, se sintió mal repentinamente en un vuelo desde Tomsk, Siberia, hacia Moscú, por lo que el avión realizó un aterrizaje de emergencia en la ciudad rusa de Omsk, donde estuvo hospitalizado 48 horas.

Tras reunirse con Putin, la pareja de Navalny logró que lo trasladaran a Berlín, donde estuvo internado -incluso en coma- y logró recuperarse.

Tres laboratorios europeos concluyeron que había sido envenenado con una sustancia neurotóxica de tipo Novichok y el dirigente opositor acusó desde el principio al Gobierno ruso.

Sin embargo, Rusia siempre negó que Navalny haya sido envenenado y sostuvo que la sustancia tóxica de tipo Novichok no estaba presente en su organismo cuando fue tratado en Rusia.

Putin dijo a mediados de diciembre pasado que esa acusación no fue producto de una «investigación» sino de «materiales de los servicios especiales estadounidenses», y sugirió que Navalny contaba con apoyo de servicios de inteligencia extranjeros.

El mandatario agregó que la justicia rusa no podía abrir una investigación penal acerca del envenenamiento de Navalny por falta de «evidencias relevantes», pidió que le enviaran «al menos una conclusión oficial escrita» sobre el caso y subrayó que nadie podía «explicar por qué» nadie aportaba pruebas.

Fuentes del gobierno ruso afirmaron este domingo que informes remitidos por Alemania «no agregan nada nuevo» al caso.

Mientras la Justicia rusa no abrió una investigación sobre las acusaciones de envenenamiento hechas por Navalny, sí cursa un proceso contra él «por fraude masivo».

Según la acusación, el opositor gastó para fines personales 356 millones de rublos (unos 4,3 millones de dólares) de donaciones recibidas.