El aislamiento, la ruina y el olvido son algunos de los elementos que pueden llegar a posarse en un lugar y darle así, junto con el obligado paso del tiempo, una estética que acaso ninguna mano humana puede igualar.

En las imágenes se conjuga eso y, además, otra condición admirable: estos lugares abandonados se encuentran dispersos a lo largo y ancho de un mismo territorio: Francia.

El autor de las fotografías es Roman Robroek, quien, según cuenta en su sitio, pasó los últimos cinco años en el país galo con el propósito casi único de capturar el abandono de ciertos lugares.

La empresa lo llevó del norte al sur de Francia, a casas, hoteles, hospitales, parques, iglesias y otros sitios públicos y privados, la mayoría en puntos del mapa apartados del resto de la población, en una búsqueda que en cierto modo evoca la de las leyendas y las narraciones fantásticas, como si el tesoro al final de la aventura no fuera otro más que el olvido.

Fuente: Pijama Surf