DOMINGO, 19 DE JUL.

Hiroshima: 80 años del horror atómico y la amenaza nuclear que persiste

El 6 de agosto de 1945, la bomba atómica devastó esta ciudad japonesa marcando el fin de la Segunda Guerra Mundial. Hoy, la memoria de esa tragedia persiste mientras la carrera armamentista nuclear sigue avanzando.

El hongo nuclear producido por la explosión de Little Boy, la primera bomba nuclear lanzada sobre una ciudad

Este 6 de agosto se conmemoran los 80 años del bombardeo atómico de Hiroshima, un evento que marcó el final de la Segunda Guerra Mundial pero que, al mismo tiempo, dejó una huella imborrable de sufrimiento y muerte. La explosión de «Little Boy», la primera bomba nuclear lanzada sobre una ciudad, mató de inmediato entre 90.000 y 136.000 personas. Hoy, esa tragedia sigue viva en la memoria colectiva, mientras el mundo enfrenta nuevas tensiones nucleares y una creciente carrera armamentista.

La activista Setsuko Thurlow, quien tenía 13 años cuando ocurrió el ataque, recuerda profundamente el horror que vivió: «Vi un destello azul y blanco en la ventana. Al instante, sentí que flotaba en el aire». En su testimonio, Thurlow describe cómo los sobrevivientes caminaban por las ruinas de la ciudad, con los cuerpos destrozados, y la imagen de seres humanos transformados en «fantasmas» por la radiación. Esta sobreviviente, que perdió a su hermana y sobrina, dedicó su vida a luchar contra las armas nucleares, convirtiéndose en una figura clave de la organización Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN), galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2017.

Aunque el gobierno japonés no se rindió inmediatamente después del ataque a Hiroshima, la bomba atómica «Fat Man» fue lanzada sobre Nagasaki tres días después, el 9 de agosto. Miles de personas murieron en ese momento, y las secuelas de la radiación continuaron cobrando vidas mucho después.
La Segunda Guerra Mundial en Asia terminó tras esos bombardeos, pero los sobrevivientes, conocidos como «hibakusha», tuvieron que enfrentar durante toda su vida problemas de salud relacionados con las quemaduras, el cáncer y las malformaciones causadas por la radiación.

Desde 1947, Japón mantiene la tradición de conmemorar cada aniversario del bombardeo de Hiroshima con la Campana de la Paz, un recordatorio de la devastación sufrida y una llamada a la abolición de las armas nucleares. En su «Constitución de Paz» adoptada en 1946, Japón renunció a la guerra, y en 1967 adoptó los «Tres Principios No Nucleares», que prohíben la posesión, producción e importación de armas nucleares.

Sin embargo, el peligro nuclear sigue vigente. En la actualidad, la carrera armamentista continúa, y muchos países, incluidos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, siguen desarrollando y modernizando sus arsenales nucleares. Japón, aunque comprometido con la paz, enfrenta las tensiones globales y el reto de vivir en una región marcada por la presencia de potencias nucleares, como China y Corea del Norte.

Para el historiador Takuma Melber, el recuerdo de los bombardeos atómicos es una parte central de la cultura de la memoria en Japón. “Japón es una nación marcada por el destino de las catástrofes nucleares, y los bombardeos atómicos se vinculan con otros desastres, como el del reactor de Fukushima en 2011”, señala Melber. En este contexto, Japón sigue siendo un firme defensor de la paz mundial, aunque enfrenta un panorama global cada vez más peligroso.

Pese a que las relaciones entre Japón y Estados Unidos mejoraron con el tiempo, el país asiático sigue sin recibir una disculpa oficial por los bombardeos. Hoy, Estados Unidos mantiene una presencia militar significativa en Japón, con alrededor de 54.000 tropas estacionadas allí. Japón, por su parte, continúa siendo una nación sin armas nucleares, pero vive bajo la protección nuclear estadounidense.

Mientras tanto, el experto en seguridad Nico Lange destaca la diferencia en la percepción de las amenazas en Japón y Europa. A pesar de la invasión rusa en Ucrania, muchos europeos no sienten el mismo nivel de urgencia que los japoneses, quienes fueron víctimas y testigos de la devastación nuclear y la amenaza constante que esta representa. En este sentido, Japón sigue siendo un testimonio de la seriedad con la que se debe enfrentar la proliferación nuclear.

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