LUNES, 20 DE JUL.

Segunda vuelta en Bolivia: el futuro repite el pasado

La intensidad del ajuste y las estrategias para la salida de la crisis económica dominan el debate previo al ballotage en Bolivia. Mientras, lo que supo ser el MAS cambia roles con la derecha y ahora se sienta a mirar desde afuera.

 

El 19 de octubre finalmente se sabrá quién va a gobernar Bolivia desde el próximo mes de noviembre hasta el año 2030. Rodrigo Paz Pereira y Jorge “Tuto” Quiroga se medirán en la finalización de un proceso electoral que no estuvo exento de sorpresas, pero que confirmó la implosión y la larga agonía que sufrió el Movimiento al Socialismo (MAS), sello partidario con el que se identifica el Proceso de Cambio que gobernó Bolivia durante los últimos 20 años, con excepción del año que duró gobierno de facto de Jeanine Añez.

Es difícil predecir quién triunfará en la noche del domingo. Si bien todas las encuestas coinciden en que Tuto Quiroga lleva la ventaja, Bolivia no permite -como casi ningún país del mundo, pero acá es particularmente patente- que las encuestas sean instrumento de esa ciencia inexistente llamada futurología. Rodrigo Paz, quien obtuvo el primer lugar en agosto con el 32%, no superaba el 8% en ninguna encuesta. Las propias características sociodemográficas de Bolivia complican el poder predictor de las mediciones.

La crisis económica es el principal eje del debate de la campaña electoral. Bolivia atraviesa un momento complicado que combina escasez de divisas, faltante de combustible, inflación y recesión económica. Después de años de sostener el crecimiento económico por la explotación de los hidrocarburos, Bolivia vuelve a encontrar límites para exportar gas. Tanto es así, que los ejes de discusión entre ambos candidatos se centran en las estrategias para encarar un proceso de ajuste, la posibilidad de establecer un programa con organismos multilaterales de crédito, y en la definición de apuntalar sectores de la economía boliviana que no han sido protagonistas del crecimiento del país en los últimos años, como la agricultura o la minería.

En la discusión económica, se deja entrever el posicionamiento más intransigente y de choque que caracteriza a Quiroga frente a las posiciones más gradualistas de Rodrigo Paz. Tuto sostiene que una inyección de 12.000 millones de dólares al inicio de su mandato estabilizaría el frente cambiario y generaría las condiciones para corregir el descalabro macroeconómico. La posibilidad de recibir ese paquete financiero es mediante un crédito con organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI). Pereira, por su parte, no confía en el éxito de encarar un proceso de endeudamiento colocar la economía de Bolivia bajo la tutela del Fondo o de otros actores externos.

Sin embargo, en el último debate del 12 de octubre ambos confirmaron que ya mantuvieron conversaciones con los Departamentos del Tesoro y de Estado de los Estados Unidos de América, para evaluar “estrategias conjuntas en el frente cambiario”. La relación entre Bolivia y Estados Unidos es una de los primeros cambios que se harán visibles una vez que cambie la gestión, al igual que la disminución de la presencia del Estado en los sectores dinámicos de la economía.

Las largas colas de camiones en las rutas bolivianas son la prueba de la situación crítica que atraviesa el país en materia de abastecimiento energético. En ese sentido, los planes de ajuste entran en conflicto directo con la continuidad de los subsidios al combustible. El próximo mandatario deberá ser creativo en cómo abordar ese problema sin generar conflictos con amplios sectores sociales. El espejo ecuatoriano puede ser una gran prueba de eso.

En cierto punto, las posiciones en el plano económico -que muestran matices pero no grandísimas diferencias- se corresponden con las posturas en lo político, donde Quiroga tiene un posicionamiento más apegado al conservadurismo que el que muestra Paz. Tuto es el fiel representante del Oriente boliviano con eje en Santa Cruz de la Sierra, que lo acompañó en gran medida en la primera vuelta. Es el representante de la Bolivia blanca que gobernó el país durante gran parte de su historia hasta la llegada del MAS. Quiroga encuentra límites para llegar al votante mestizo e indígena, en parte por el historial de declaraciones racistas de figuras como su candidato a Vicepresidente, Juan Pablo Velasco. La supuesta ventaja que esta fórmula lleva en las encuestas puede tener una trampa: los sectores sociales que suelen sub-representarse en los sondeos de opinión, son a los que más les cuesta interpelar, pura y exclusivamente porque refieren a la Bolivia indígena, subalterna y popular que desprecian.

Ahí está la apuesta de Rodrigo Paz y de su candidato a Vice, el popular capitán Edman Lara. Paz llegó al primer lugar en la elección de agosto sobre todo por su gran elección en el Occidente altiplánico donde se encuentra el voto histórico del MAS. Por esta razón, decíamos que su discurso ligado al “capitalismo y platita para todos” y sus intenciones gradualistas en cómo llevar a cabo el ajuste, van de la mano con una mayor capacidad de interpelación a la Bolivia andina.

La división entre el Oriente y el Occidente boliviano es histórica y refleja la composición social de estas geografías. Es en ese marco donde se cuela en el debate el comportamiento de los votantes históricos del MAS y del sector identificado con Evo Morales en particular. Mientras que en la primera vuelta el ex Presidente llamó al voto nulo -que alcanzó casi un 20%-, ahora el evismo se abstiene de participar en esta segunda vuelta y se prepara para competir en las elecciones regionales de 2026.

En ese marco, la posibilidad de victoria para Rodrigo Paz está muy vinculada con la capacidad de movilizar al votante que votó nulo o que no encuentra estímulos para ir a votar en esta segunda vuelta. Cabe recordar que es la primera vez en la historia de Bolivia que habrá un ballotage, por lo que no hay antecedentes como para adivinar cómo se comporta el “voto anti” que se suele activar en los comicios de dos participantes.

Con la finalización del proceso electoral en Bolivia finaliza una era de casi 20 años dominada por el MAS, expresión política del Proceso de Cambio más importante en la historia de Bolivia. Se habló y se escribió largo y tendido sobre la desgarradora interna entre Arce y Morales, sobre los límites del modelo económico y sobre la fragmentación de la representación popular en Bolivia, que muchos ingenuamente creyeron blindada a partir de los sucesivos éxitos electorales del MAS.

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