VIERNES, 21 DE AGO.

Casa Grande, un lugar para personas mayores destinado “a rearmar su proyecto de vida”

En diez días, el municipio inaugurará un hogar de tránsito en zona sur para mayores de 60 sin red familiar ni cobertura social. En Rosario hay 40 mil adultos mayores que viven solos, no todos en situación de vulnerabilidad. Soledad no deseada, adultez y políticas económicas que desplazan.

 

“Tratar de vincularlo a toda la red social que tiene el municipio, porque la idea es que una vez que estén aquí, ayudarlos a rearmar su proyecto de vida que tenga que ver con un tratamiento de salud, con la cuestión del trabajo, acceder al sistema previsional, buscar todas esas herramientas que van a estar puestas aquí, en la Casa Grande”, dijo este viernes el secretario de Desarrollo Humano y Hábitat, Nicolás Gianelloni, para definir a grandes rasgos los objetivos del espacio que quedará inaugurado el 31 de agosto, con 20 personas mayores que ya fueron seleccionadas para transitar por el hogar, que no es una residencia para adultos ni un geriátrico, sino un lugar de paso hacia un futuro que, se espera, sea mejor que el presente que viven y sufren.

El proyecto se inscribe en las políticas que el municipio denomina Plan Mil65, orientada a atender dos extremos etarios de la población rosarina en situación de vulnerabilidad: los primeros mil días de los recién nacidos y los adultos mayores de más de 65 años. En Casa Grande, que así se denomina al hogar de tránsito, habrá una excepción: la población objetivo es +60.

Ubicada en Mitre al 3800, en el barrio Matheu de la zona sur de la ciudad, este viernes Casa Grande no es todavía un hogar de tránsito, sino una obra en terminación por la se mueven sin pausa obreros que ultiman detalles. Hay olor a pintura fresca, se escuchan los ruidos de las amoladoras, el cemento aún está fresco en algunos lugares de ese espacio cedido al municipio por el Colegio Latinoamericano, donde funcionó hasta hace un tiempo una escuela para hipoacúsicos.

“En seis meses levantamos el hogar”, dijo Gianelloni durante una recorrida para la prensa que tuvo lugar este viernes, en la que estuvo acompañado por la directora de Adultos Mayores de la secretaría, Victoria Zángara. El lugar tiene capacidad para alojar a 20 personas, varones, y también funcionó como centro de día para actividades destinadas la población mayor del barrio.

Indigencia y soledad

Como cada vez que es entrevistado, Gianelloni pone el acento en “la indigencia en la ciudad y el crecimiento de la demanda social, especialmente en adultos mayores”. Quienes no acceden a un ingreso que permita adquirir los bienes de una canasta para la subsistencia alimenticia llegan al 8% en Rosario. “Por lo tanto nosotros creemos que de ese 8% de la ciudad, hay una población que será cerca de un 20% que son adultos mayores”, precisó el secretario. Y detalló que en la ciudad que alberga al Monumento a la Bandera residen 40 mil personas mayores en situación de soledad, aunque no de vulnerabilidad.

Con ese diagnóstico, el proyecto de Casa Grande apunta esa población objetivo, pero con condiciones: al hogar de tránsito sólo podrán acceder varones, mayores de 60 años y que no cuenten con haber jubilatorio ni cobertura de obra social. “Lo que vemos es que hay muchas situaciones que tienen que ver con problemáticas de la vivienda, específicamente con situaciones de calle o con situaciones de vivienda precaria”, dijo el funcionario.

 

 

Casa Grande no es, como se dijo, un residencial, sino un lugar de paso. “Necesitamos un lugar que sea como un pulmón, que nos permita ser un lugar de tránsito para poder estabilizar las situaciones que tenemos de salud mental, problemáticas subjetivas. Que nos permita el tiempo que esté alguien en este hogar, estabilizar la situación, ayudarlo a llegar al sistema previsional y revincularlo también con su familia”, sostuvo el secretario municipal.

“Muchas veces hay historias de vínculos familiares, comunitarios rotos y nos permite aquí encontrar ese punto que nos permite rearmar el proyecto de vida que no tenga ver con la calle o con una situación de mucha precariedad habitacional de los adultos mayores”, abundó sobre los objetivos.

Sin techo ni encargados

La directora de Adultos Mayores, Zángara, explicó que para detectar a los posibles usuarios de Casa Gran “hay un equipo de abordaje con trabajadores sociales, psicólogos y enfermeros y todo un equipo de acompañamiento” que busca “a partir de las distintas instituciones municipales y no municipales que nos van detectando ellos a través de esta red y viendo las situaciones más vulnerables”.

 

 

Por ejemplo, dijo, “hay situaciones de hombres mayores de 60 que están en situación de calle y también son entrevistados. Empezamos a ver sus historias de vida, si uno puede tener relaciones con las familias”, para revincularlos.

Pero, siguió, “si ese grupo familiar no cuenta con lo necesario, es ahí donde está el abordaje comunitario que se tiene con todo el equipo para poder ver específicamente estas situaciones más críticas. Porque son tantas las situaciones que estamos abordando que uno intenta a partir de estas evaluaciones” determinar “aquellos que no reciben ningún ingreso, no tienen ninguna obra social, y esos son a los que nosotros estamos apuntando, a ese grupo más vulnerable”.

Entre 60 y 65 años, de acuerdo a las normas que rigen el sistema previsional, la mayoría de las personas no están en condiciones de acceder a una jubilación. Pero, en algunos casos, sí a poder realizar alguna tarea remunerada. Eso procurarán los asistentes de Casa Grande, a partir del análisis de cada caso. ¿Atención de salud? Sí, habrá, tanto en el lugar como mediante el vínculo con el centro de salud de barrio Matheu.

–¿Hay un plazo de tiempo a partir del cual las personas tienen que dejar el hogar?

–Depende de cada una de las situaciones. Nosotros hacemos el seguimiento, porque depende también de la edad que tienen, no es lo mismo que tengan 64 años, empezamos a tramitarle también la Puan a los 65 años (Pensión Universal para Adultos Mayores), empezamos a relacionarlo también con la obra social Pami que ellos pueden tener y empezamos a ver también por qué la situación de vulnerabilidad, si pueden estar en una pensión, en una residencia, empezamos a ver todas esas situaciones más puntuales para que este sea el hogar de tránsito, de poder recibir las situaciones más vulnerables, trabajarla en el equipo y después poder empezar a que se socialicen y se reintegren, de alguna manera. Porque pensamos en hombres de 60 años, 64, 65, jóvenes todavía, que algunos hacen alguna changa.

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