Los Mensajeros: un grupo de teatro que sale a escena para decir “¡Sí, se puede!”
El grupo teatral se creó hace doce años, en el marco de las actividades que se desarrollan en el Instituto Czerny. Actualmente cuenta con diez integrantes, quienes, dirigidos por Marisa Serrano, presentan dos obras diferentes al año, siempre centradas en el humor, los sketchs y la música.
- Ciudad
- Por Elisa Soldano
- Jul 11, 2026
“Cuando me subo al escenario me olvido de todos mis problemas”, contó Sofía. Hace doce años, el Instituto Czerny creó un taller de teatro para personas con esquizofrenia. La propuesta, que actualmente cuenta con unos diez participantes, es coordinada desde hace más de una década por la profesora y actriz Marisa Serrano, quien aseguró que la dramaturgia ayuda a que las personas con esta afección mejoren su comunicación, expresión y retención.
Los integrantes de este grupo, llamado “Los Mensajeros”, asisten al centro educativo y terapéutico Czerny –ubicado en San Luis al 2021, en pleno centro rosarino– y ensayan los lunes y miércoles. Usualmente, presentan dos obras diferentes al año –una en junio/julio y otra a inicios de diciembre–, siempre abordadas desde el humor, la comicidad y la música. Sin embargo, el cronograma tuvo algunos cambios y, en esta oportunidad, no habrá función invernal.
En diálogo con Conclusión, la profesora Marisa Sosa –más conocida en el mundo artístico con el apellido Serrano– recordó que la idea de crear un grupo de teatro surgió de la directora del Instituto Czerny Ada La Rosa de Alfano, quien falleció en abril de este año: “Ella soñaba con que los chicos pudieran pasar del umbral de la puerta a los escenarios. Cuando me llamó, hace doce años, para que coordine este taller, le dije que podía, que ya lo había hecho en otros institutos y centros de día, y así comenzó todo”.
“Los chicos se divierten y se ríen de sí mismos, que es lo que tiene que hacer un actor. Acá se da musicoterapia, algunos cantan. Elvio Valdes, que es psicólogo y músico, les enseña a interpretar vocalmente. Por ejemplo, estamos trabajando con la canción ‘Mi tierra’, de Gloria Estefan. La ponemos en instrumental y Lucía Miranda –una de las integrantes del grupo teatral– la canta y la baila”, detalló Serrano.
El fuerte de este grupo son los sketch y la comicidad. Además de las presentaciones en diferentes teatros de la ciudad, los actores también hacen interpretaciones callejeras en algunas plazas rosarinas, especialmente en la San Martín y la Sarmiento. “Queremos que los intérpretes y el público se reían y vivan otra cosa, por eso, al drama lo dejamos para otro día. Lo único que a veces hacemos es, por ejemplo, si es el Día del Padre, alguna interpretación de ‘Viejo mi querido viejo’”, comentó Marisa.
En cuanto a su rol como directora teatral del grupo, observó: “Hay que tener paciencia, la cosa es un poquito más lenta, pero llegamos al objetivo. El teatro les permite a las personas con esquizofrenia comunicarse mejor con la gente, saber expresarse y enfrentar mejor la vida. El beneficio es grande, porque hay chicos con diferentes grados dentro de esta afección y cuando le ponés música, ellos se desprenden del problema, lo pueden enfrentar. El teatro también les permite retener letras de canciones. Hay chicos que hablaban muy poquito cuando comenzamos con el taller, hace doce años apenas decían ‘Buen día’ y ‘Chau’, y ahora los tenés que frenar porque son loros barranqueros”.
Y añadió: “Esto no es una escuela de teatro, sino teatro puro. Ellos tienen que subir al escenario y saber su compromiso, porque el público está esperando algo de ellos y tiene que haber una devolución. Por otro lado, no solo se llevan aplausos de la familia, porque a las funciones va gente que sabe de teatro, como directores, que incluso se emocionan. Uno tiene que manejar y enseñar, pero ellos retienen y tienen que tener mucho orgullo de actores, de fuerza y de salir adelante”.
Los actores tienen un lema interno y motivacional: el grito de “¡Sí, se puede!” no sólo funciona como arenga, sino que pasó a ser parte de la identidad del grupo. En relación al nombre elegido, Serrano precisó: “Ellos llevan un mensaje a la gente, especialmente a quienes se quejan de cosas menores, como que la ropa no le entra porque engordó o adelgazó mucho o porque cerró la panadería y no consiguió los pastelitos. Pero hay otras cosas más importantes en la vida, como enfrentar algo con lo que se nace o se agarra de grande”.
La esquizofrenia es una enfermedad del cerebro que puede ser crónica e incapacitante. Se manifiesta por síntomas en distintas esferas de la personalidad, pero los más llamativos son aquellos relacionados con las percepciones irreales, como alucinaciones (ver o escuchar algo que no existe) o ideas anormales que se denominan delirantes (sentirse perseguido y observado sin que ello sea cierto). Si bien puede comenzar a cualquier edad, lo más típico es que lo haga entre la pubertad y los 30 años.
“El teatro me ayudó a afrontar la vida”
Sin miedo escénico a la vista, Carlos fue el primero en sentarse ante la cámara y el micrófono. Hace muchos años que es parte de Los Mensajeros y disfruta tanto de cantar como de actuar: sobre tablas, contó, hace “de todo un poco”. “Cuando subo al escenario me siento contento, libre. Me gusta juntarme con mis amigos en este espacio a hacer un montón de cosas lindas. A la gente le diría que venga al teatro a vernos”, invitó, aunque, de momento, el grupo no tiene presentaciones en cartelera.
A Fabio le gusta subir al escenario, cantar y hacer muecas. Reconoció que el teatro lo ayudó “un montón” y le hizo bien: “Me siento maravilloso. Poder sentir la emoción del público me pone contento, de a poquito voy yendo más arriba y ahora estoy más avanzado que antes”.
Sofía contó cómo esta actividad la ayudó a afrontar su afección: “El teatro me hace olvidar todos mis problemas y me hace sentir unida. Hace como ocho años que estoy en el grupo y me gusta. Antes era un poco tímida, pero el teatro me ayudó a olvidar todos los problemas que yo tuve y a afrontar la vida”.
Nicolás está dando sus primeros pasos junto al grupo: se sumó a Los Mensajeros en junio –por intermedio del papá de Fabio– y, si bien ya estuvo cantando con sus compañeros, su próximo objetivo es empezar a ensayar dos días a la semana.
“Yo cierro los ojos cuando canto o actuó y eso me lleva a otro lado. Me gusta la comicidad, lo cómico, y me siento agradecido con toda la gente que disfrutó o disfruta de lo que hacemos. Lo que más me gusta y valoro es que todos los compañeros estamos unidos y juntos”, contó Maximiliano, quien también reconoció que esta actividad lo ayudó “un montón” a transitar su enfermedad.
Lucía admitió, con contundencia, que el teatro le hace bien: “Me encanta, me divierto, ensayamos mucho, nos reímos, tenemos una profesora que es un amor de persona, siempre nos cuida y es muy buena con nosotros. Hacemos lo que nos gusta y está bueno, porque es importante hacer lo que a uno le hace bien. Nos divertimos, nos reímos a carcajadas, es eso. El teatro te ayuda a volar, a pasarla bien”.
Verónica, que forma parte de Los Mensajeros hace doce años, puso el acento en lo emocionante que es poder transmitir algo desde el escenario: “Una vez canté ‘A mi manera’ y una compañera se largó a llorar. Yo sentí mucha emoción, se me puso la piel de gallina. Esto me hace sentir muy bien porque la gente te valora como sos”.
“El teatro me encanta, lo uso como terapia. En el escenario, al público le mostrás diferentes emociones y lo pasamos lindo. Hace bien sentir que hiciste un gran avance, eso tiene mucha energía”, observó Eliana, quien también destacó que esta actividad permite “querer al compañero tal y como es”.
Rubén, un muchacho que se reconoce como “tímido”, llegó a Los Mensajeros de forma un tanto involuntaria: lo anotaron, pero, afortunadamente, la propuesta le empezó a gustar. “Al principio no quería venir, pero después me enganché. Lo que más me gusta es actuar, me entusiasma más que cantar. Me gusta hacer reír a la gente, que disfruten de mis chistes”.
¿Qué otras cosas se pueden hacer en el Instituto Czerny?
Además de teatro, en el Instituto Czerny –que se define como un Centro Educativo Terapéutico (CET) destinado a niños, adolescentes, jóvenes y adultos con capacidades diferentes o especiales y a quienes presentan perturbaciones psíquicas– también se realizan prácticas de cocina, de plástica y artesanías y de jardinería.
En los talleres, además, se abordan distintas áreas del desarrollo personal, social y laboral, como musicoterapia, psicomotricidad, técnicas corporales, psicología/psiquiatría, teatro, escolaridad especializada, taller de la palabra, socialización e integración y acompañamiento terapéutico.
“El grupo de teatro recibe a toda personas con esquizofrenia que quiera participar y tenga más de 12 años. Las puertas del Instituto Czerny están abiertas. A los chicos, además, los pueden encontrar en la Plaza San Martín vendiendo plantas que ellos mismos cultivan desde las semillas. También tienen un taller de cerámica y otro de cocina, donde hacen pizzas, alfajores y masas para vender”, añadió Marisa.
Tras el fallecimiento de Ada, es su hijo Daniel Alfano quien se hizo cargo de la dirección del Instituto Czerny. El equipo se completa con el psiquiatra Francisco Lynch, con el psicólogo Elvio Valdes, con la trabajadora social Romina Fiori, con la terapista ocupacional Sofia Barile y con la nutricionista Natali Mantini. A ellos se suman el profesor de educación física Luis Baruzzo, Marisa Sosa/Serrano en teatro, Arnoldo Gualino en plástica y artesanías, Ana Rosa Zalazar en jardinería, Verónica Miranda como orientadora y tallerista, Andrés Linares como asesor legal y la auxiliar no docente Norma Castañeda.





