SáBADO, 07 DE NOV.

Rosario, bastión de la memoria: cuando la democracia se defendió con política y pueblo

A 43 años de la elección de 1983 y a cuatro décadas del alzamiento de Semana Santa, los protagonistas repasan las jornadas históricas en las que el Concejo rosarino fue sede transitoria del gobierno provincial.

 

30 de octubre de 1983. Maradona cumple 23 años y está lesionado en su casa de Barcelona. Fractura de tobillo. Faltaban más de 10 años para que le cortaran las piernas y solo tres para salir campeón del mundo. Sin embargo, ese 30 de octubre sería glorioso para el pueblo argentino, aunque Diego no estuviese jugando al fútbol. Los argentinos volvían a votar después del peor y más cruel de los golpes de Estado.

Una elección histórica e inolvidable que, 43 años después, un grupo de rosarinos decide recordar desde el lugar más noble. La democracia se consiguió con lucha, pero se defendió con política. Si algo caracterizó a esa elección fue la polarización: Alfonsín ganaría con un poco más del 51% e Ítalo Luder lo seguiría de cerquita. Pero también fue una elección hacia la paz. La palabra enemigo se desterró del vocabulario político durante años para que todos empezáramos a hablar de adversarios, una costumbre que en Argentina tenía su tradición.

 

No voy a contar yo lo que los libros de historia dicen; voy a contar lo que pasó este 30 de octubre en el Concejo Municipal: a 6 años de la muerte de Diego y en el día de su cumpleaños número 66, Emeterio Pastor y el historiador Miguel De Marco nos convocan a ese recinto a recordar una parte de la historia democrática en primera persona.

Emeterio Pastor fue concejal de la ciudad de Rosario desde esa elección hasta 1990. De Marco, además, convoca a cuatro contemporáneos con la idea de reconstruir esos años. Todos van a contar su parte de la historia; será tarea del historiador ordenarla cronológicamente. Por lo pronto, aquí vamos a contar desde la emoción. José Barraza es el primero en hablar. De origen trabajador, conoce a Emeterio porque la primera ordenanza que este presenta, luego de siete años sin que funcione el Concejo, es la que permite restituir en la carta orgánica del Banco Municipal la figura del director obrero. Devuelve así la cogestión del primer y hoy único banco público de la provincia. El Concejo arranca la democracia devolviendo democracia.

 

Cuenta Emeterio que el 6 de diciembre de 1983, cuando asumieron, el lugar estaba abandonado: «¡Estaba lleno de telarañas, las butacas de madera de la época de Yrigoyen!». Deciden hacer un Concejo abierto, que reciba a quien quisiera entrar. Ninguno sabía siquiera el reglamento, por lo que se fueron formando como concejales sobre la marcha. Barraza reconoce ese compromiso en un discurso emotivo. Nombra a su nieta que está en las gradas: Victoria. Como un resumen de lo que significó cogobernar un banco que pudiera atender al ciudadano trabajador.

Las gradas están colmadas de trabajadores. Muchos de La Bancaria, en reconocimiento a esa ordenanza de Emeterio. También hay representantes del sindicato de municipales. Durante la gestión de ese Concejo, la ciudad sufrió la mayor inundación recordada, en 1986: «Los evacuados llenaban balcones». Y es Oscar Bertone quien cuenta que, en épocas predigitales, desde LT8 —a diferencia de otro periodista que nombra al pasar— en su programa se abrían los teléfonos para que la ciudadanía se comunicara, se encontrara y se solidarizara con otros. Es esa actitud la que le da notoriedad y que, un año después, lo lleva a ser partícipe del gran acto civil de defensa de la democracia.

 

En 1987, en el marco del primer alzamiento militar contra la democracia, José María Vernet, gobernador de la provincia, decide constituir la Sede de Gobierno de la provincia de Santa Fe precisamente en nuestro Concejo Deliberante, del cual Emeterio era presidente. Cuenta Bertone que «Vernet era muy pillo para esas cosas. ¿Qué hacemos con los estudiantes?, me dice. ¡Imprimamos volantes, que los repartan casa por casa!». Imprimen miles y miles de volantes convocando a la movilización popular. Todas las herramientas que nombra son obsoletas hoy: palancas, máquinas de escribir, teléfonos de disco. Nombra al gobernador con admiración; se describe como un joven a quien la historia estaba atravesando, tan joven como esa democracia amenazada. Se sorprende todavía de las decisiones que se tomaron en ese momento. Me sorprende a mí cuando cuenta que Vernet le habla a la policía provincial y le pide lealtad al presidente y a ese órgano de gobierno que él, Emeterio y gente de todos los partidos políticos representaban. Les habla desde la radio policial, como si dijese: «Natalia Natalia, caucásico, de contextura física mediana».

Aníbal Reynaldo fue el enlace con el Gobierno nacional. Cuenta, como quien cuenta un chisme, que en 1985, a pedido de alguien del Partido Radical, organiza una cena de camaradería con quien en ese momento manejaba el regimiento del II Cuerpo de Ejército. La idea del radicalismo era acercarse a las Fuerzas Armadas para recomponer un necesario vínculo que el golpe de Estado había deshecho. Le pide entonces a Emeterio que organice un encuentro en un restaurante local con Aldo Rico. La camaradería no es tal: la cena termina en pelea y Reynaldo, al volver a Buenos Aires, recomienda que Rico sea trasladado a un lugar más lejano de la capital: «No podemos dejar a ese loco acá suelto». Dos años más tarde serían primero Barreiro desde la Escuela de Aviación de Córdoba y enseguida Rico desde Campo de Mayo quienes protagonizarían el intento de golpe de Semana Santa. Barreiro era citado para ser juzgado por su rol durante la dictadura militar y presentó resistencia.

 

Rodolfo Falistocco recuerda que los últimos cuatro renglones del decreto que él mismo redactó a pedido de Vernet describían cómo debían ser juzgados los militares que habían participado del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional. Falistocco era secretario de Justicia y Culto, y cuando Vernet se instala en Rosario, juntos arman las bases jurídicas para el funcionamiento del gobierno provincial. Dice que ese es el único decreto escrito en una hoja sin membrete en la historia de la provincia, pero que su importancia toma dimensión con el paso del tiempo. Falistocco enumera todas las medidas que se toman por esos días: suspensión de todos los actos públicos, incluido el fútbol («Central va a tener que esperar una semana para salir campeón»), paro de la CGT, convocatoria a la Cámara de Empresarios, pedido al arzobispo para que todas las homilías de ese fin de semana hablen sobre la democracia y radiogramas a todos los intendentes y jefes comunales para organizar actos en cada uno de sus pueblos. Reconoce que su memoria ya no le permite recordarlo todo, pero que está todo documentado.

Los cuatro invitados y el propio Emeterio van armando con retazos el devenir de esos días. Todos coinciden: Rosario se transforma en bastión de la resistencia civil, faro fundamental en la defensa de la democracia y apoyo necesario para que en Buenos Aires Raúl Alfonsín pudiera decir: «La casa está en orden».

Hay mucho escrito sobre este tema. Lo valioso de este encuentro es el uso de la primera persona. Están acá los protagonistas, que también son actores de este presente. Maradona no pudo votar en esa elección porque aún no estaba reglamentado el voto en el extranjero. Y así como Diego dijo alguna vez que a los jubilados no se les pega, estos cinco «jubilados» no se dejan golpear. Y recuerdan que así como en el ’83 se pudo, y en el ’87 se pudo, esto también pasará.

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